¿Más recetas socialistas?


Durante las últimas largas décadas, en buena parte de la región latinoamericana se han aplicado con intensidad variada las recomendaciones socialistas con resultados siempre nefastos, especialmente para la gente mas necesitada. Ahora, resulta que se anuncia como una novedad la implantación mas intensa del colectivismo empobrecedor, para lo que hacen punta Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador con gobernantes trasnochados y discípulos del mandamás cubano.

Se han encaramado en el poder merced a una concepción tramposa de la democracia que hace tabla rasa con los derechos de las minorías. Recientemente, durante los años noventa, no fueron pocos los que se dejaron embaucar con etiquetas liberalizadoras pero, en gran medida, esos experimentos desembocaron en aumentos siderales en el gasto estatal, en la deuda pública y en la carga fiscal, al tiempo que surgieron casos de alarmante corrupción en el contexto de llamadas privatizaciones que significaron el traspaso de monopolios gubernamentales a monopolios privados.

Este cuadro de situación impulsó a muchos partidarios de corrientes de pensamiento de izquierda a señalar un quiebre mas marcado respecto de lo que equivocadamente consideraron (y consideran) políticas liberales. De mas está decir que los efectos negativos del estatismo no se combaten con mas estatismo sino revirtiendo el camino.

Los extremos de esta lamentable situación fueron Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas de Gortari en México, con el agravante del desconocimiento mas palmario de la división horizontal de poderes y el desvergonzado copamiento de los organismos de contralor republicano.

El momento que nos toca vivir sirve para refutar a los distraídos que alegremente sostuvieron que a partir de la caída del muro de la vergüenza en Berlín, era inexorable e irreversible la terminación del socialismo. Esto no es mas que un torpe marxismo al revés. Tal como ha enseñado Popper, en los sucesos humanos no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia. Todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.

Con todos los experimentos truculentos de los megalómanos ingenieros sociales para fabricar “el hombre nuevo” y otras sandeces, a esta altura de los acontecimientos no resulta fácil explicar la insistencia en las fallidas recetas del autoritarismo socialista. Salvo honrosas excepciones, en las universidades se siguen repitiendo machaconamente las virtudes del positivismo jurídico como si no existieran puntos de referencia extramuros de las normas promulgadas por el legislativo, se sigue insistiendo en que el aparato estatal debe tratar a sus congéneres como animales imponiéndoles retenciones al fruto de sus trabajos obligándolos al aporte para sistemas quebrados y absurdos de jubilaciones que sorprenden a cualquiera que tenga alguna remota idea de interés compuesto, se sigue manipulando el mercado laboral que no permite productividades elementales y se sigue pensando que constituye una gracia mayúscula el cerrarse al mundo en una enfermiza autarquía alambrada para adquirir bienes mas caros y de peor calidad.

Entre otros, el caso argentino exhibió un notable progreso desde su organización nacional hasta que hicieron estragos los populismos y las demagogias, primero en la década del treinta y mucho mas intensamente a partir de la década siguiente. Antes de eso último, los salarios de los peones rurales y de los obreros de la incipiente y floreciente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, España e Italia. La población se duplicaba cada diez años. Las exportaciones estaban a la altura de las de Canadá y Australia y con teléfonos per capita y líneas férreas en relación a la población eran igual que en Estados Unidos. En el centenario -1910- la Academia Francesa comparó los debates parlamentarios en aquel país con los que se llevaban a cabo en el seno de esa corporación debido a la cultura que ponían de manifiesto diputados y senadores.

Alexis de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa conjetura que los países que han mostrado gran progreso moral y material, tienden a dar eso por sentado. Momento fatal, porque es allí donde ocupan los espacios vacantes otras corrientes intelectuales. Para bien de los que vivimos en esta región latinoamericana, es de desear que se recapacite y se abandone el uso de fuerza para imponer desde el estado planificaciones atrabiliarias y se le de cabida a los bienhechores principios de la sociedad abierta.

El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.

Los chicos y las armas

General Cosgrove was interviewed on the radio the other day and you'll love his reply to the lady who interviewed him concerning guns and children.

Regardless of how you feel about gun laws you gotta love this!!!!

This is one of the best comeback lines of all time. It is a portion of ABC interview between a female broadcaster and General Cosgrove who was about to sponsor a Boy Scout Troop visiting his military headquarters.

FEMALE INTERVIEWER: So, General Cosgrove, what things are you going to teach these young boys when they visit your base?

GENERAL COSGROVE: We're going to teach them climbing, canoeing, archery, and shooting.

FEMALE INTERVIEWER: Shooting! That's a bit irresponsible, isn't it?

GENERAL COSGROVE: I don't see why, they'll be properly supervised on the rifle range.

FEMALE INTERVIEWER: Don't you admit that this is a terribly dangerous activity to be teaching children?

GENERAL COSGROVE: I don't see how. We will be teaching them proper rifle discipline before they even touch a firearm.

FEMALE INTERVIEWER: But you're equipping them to become violent killers.

GENERAL COSGROVE: Well, Ma'am, you're equipped to be a prostitute, but you're not one, are you?

The radio went silent and the interview ended.

No robe: al Estado no le gusta la competencia

Roberto Cachanosky © www.economiaparatodos.com.ar

La vorágine impositiva, la corrupción, el clientelismo y el despilfarro de los fondos públicos caracterizan a una Argentina en donde la trampa y el saqueo han reemplazado a la cultura del trabajo y del esfuerzo.

Los escándalos de corrupción que surgieron en los últimos tiempos en la Argentina hubiesen hecho caer al gobierno de cualquier país medianamente organizado. Y si el gobierno no hubiese caído, seguramente se habría visto en serios problemas, con renuncias de funcionarios relevantes y magros resultados electorales. Sin embargo, pareciera ser que, si bien la gente repudia casos como los de Skanska, la bolsa de plata de Micelli, las valijas de Antonini Wilson o tantos otros que podríamos nombrar, decía, si bien la gente parece repudiarlos, es como si los aceptara como un dato de la realidad. No los aprueba, pero tampoco sale a hacer marchas por la calle para repudiar semejantes cosas. Evidentemente, el argentino se ha acostumbrado a ciertas reglas de juego perversas y solo se produce alguna reacción social de envergadura cuando a la gente le meten la mano en el bolsillo –como fue el caso del corralito– o cuando se produce algún estallido inflacionario.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir bajo reglas tramposas donde todo es cínico y mentira.

Los gobiernos nos expolian con impuestos hasta niveles insospechados. Esas delirantes cargas tributarias siempre son presentadas como impuestos que tienen que cobrarse en nombre de la justicia social, sin embargo, todos saben que ni el dinero va a parar a los destinos sociales que dicen asignarse, ni la gente paga todos los impuestos que tiene que pagar. Salvo en contados casos el contribuyente paga todo y es cuando éste tiene una alta exposición pública o por la envergadura de la empresa se hace imposible evadir.

Desde el punto de vista fiscal todo es una mentira. Los impuestos son confiscatorios y distorsivos, la plata que se recauda se pierde en los pliegues de una burocracia que tiene que sobrevivir a cualquier costo, cuando no se destina a financiar actos de corrupción o clientelismo político. La información que acaba de dar el nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre los ñoquis que descubrieron, es solo un pequeño botón de muestra de lo que son la administración pública nacional, provinciales y municipales en Argentina.

La creencia popular es que la economía de mercado es igual a la ley de selva, según la cual unos se matan a otros para sobrevivir. La realidad es que las reglas que imperan en la Argentina, que lejos están de ser las de una economía de mercado, son justamente equiparables a la ley de la selva en el que el más fuerte se devora al más débil o, si se prefiere, donde impera el salvajismo más atroz fruto de la omnipresencia estatal.

Proteccionismo, subsidios de todo tipo, dirigentes sindicales que usan la amenaza como forma de “conquistas” sociales, piqueteros con fuerzas de choque, dirigentes políticos que pueden formular las declaraciones más descaradas sin que se les mueva un pelo mientras usan el dinero de los contribuyentes para establecer sus esquemas de poder, gente que se siente con derecho a que otro le pague la vivienda sin explicar porqué el otro tiene esa obligación, pedidos para que se creen bancos que le den créditos baratos a determinadas empresas. En definitiva, los argentinos nos acostumbramos a vivir bajo un sistema que en vez de crear riqueza la destruye. Vivimos, como dije en otra nota, en un saqueo generalizado y, lo peor, es que un gobierno atrás de otro ha estimulado ese sistema de vida, siendo el Estado, obviamente, parte del saqueo, cuando no el que lidera el saqueo.

En la selva, unos animales matan a otros por hambre. En la Argentina, unos matan a otros, económicamente hablando, por codicia y poder.

Causa indignación escuchar a algunos recaudadores de impuestos formulando discursos sobre la inmoralidad de no pagar los impuestos, mientras la corrupción y el despilfarro de los fondos públicos es cosa de todos los días. ¿Con qué autoridad moral se exige tanto cumplimiento impositivo si el Estado despilfarra descaradamente los impuestos y, encima, se da el gusto de no informar sobre cómo los gasta? No hay comportamiento más inmoral que el de quitarle el fruto del trabajo a la gente para despilfarrarlo en subsidios, prebendas, corrupción y burocracia, gracias al monopolio de la fuerza que detenta el Estado. A la nuestro país le cae como anillo al dedo aquella vieja frase que dice: No robe. Al Estado no le gusta la competencia.

La Argentina debe ser uno de los pocos países que, de la noche a la mañana, mediante fabulosas transferencias patrimoniales, transforma a pobres en ricos y a ricos en pobres. Pocos son los que esperan construir su futuro en base al fruto de su trabajo. Más bien, cada uno aprovecha los bruscos cambios de precios relativos para acaparar una fortuna, la cual, si no es precavido, puede perderla en la próxima crisis. Todos aprovechan el momento y mañana verán.

Como el objetivo básico no es crear riqueza, sino apoderarse del trabajo de los otros, y todos sabemos que ésa es la regla, no podemos esperar otra cosa más que continúe esta larga decadencia que venimos padeciendo. Y esto seguirá así hasta que se produzca la próxima crisis económica. Puede ser que en ese momento recuperemos la cordura y, de una vez por todas, dejemos la trampa y el saqueo de lado y adoptemos la cultura del trabajo y el esfuerzo como forma de vida. Claro que, el primer ejemplo mostrando el nuevo camino deberá venir desde los gobernantes.

Lo que todo buen país bananero tiene que tener

vía No me parece de Jose Benegas el 17/01/08

Vamos cerrando el círculo para cumplir nuestro destino frutero. Infaltable una presidencia que se enriquece, se enriquece y se enriquece sin parar y a la luz pública. Eso sirve para que en el próximo gobierno se muestre “lo que el pueblo sufrió” durante el kirchnerismo al que nadie votó. Y eso que La Nación tomó valores fiscales, que si no.

Fundamental exhibir los curros demostrando haberse adueñado por completo del país y que al mismo tiempo algún amanuense se haga un poco el comunista para que se entretengan los idiotas.

Y lo otro indispensable es prometer alguna forma de paraíso mientras avanza el infierno.

Parece que están estudiando cómo hacer funcionar el tren bala a pilas. Ya se, me van a decir que la señora algo tiene que hacer mientras su marido gobierna, pero me parece que sería más barato si saliera de compras.

En fin, todo sea por ese mundo mejor con el que soñaban Bonasso, Verbitsky, Bonafini y los Kirchner (incluyo a Floppy y Máximo, obvio).

El groncho realista


El gronchaje de clase media tiene demasiadas aristas y como es un campo de estudio que conocemos bien, por pertenecer a él, habrá que segmentarlos para su mejor comprensión. Hay un personaje despreciable del que debemos cuidarnos: El Groncho CM Realista.

Para él todo hay que "bajarlo a la realidad" como si ese fuera un movimiento espiritual deseable. El Groncho CM Realista tiene gran parte de la "cultura" nacional de su lado. Hay un movimiento que lo apoya, glorifica y ensalza. Las películas y libros de hombres comunes, de antihéroes, de perdedores, tienen mayor audiencia que las de tipos que se la juegan.

Desprecia y teme a la figura del héroe. Cuando puede dice que los verdaderos héroes son los "millones de personas anónimas que hacen grande este país", como si lavar ropa, cocinar todos los días o tomarse el colectivo para ir al trabajo fuera una actividad heroica. Son los que confunden la constancia con la heroicidad. Rechazan la complejidad y lo que se sale de la regla. Desprecian al que levanta la voz en la cola de un Banco, en el aula de la facultad, en una reunión de consorcio o en una asamblea de trabajadores.

No entiende que el héroe es el que se la juega, no el que no le queda otra. Este hombre vulgar es de los que van al casino y juegan a negro y colorado, a par e impar, a primera, segunda y tercer docena. El Groncho realista practica desde chico denunciando a sus compañeritos de aula o diciéndole a la chica que nos gusta que no somos un buen partido. Luego, en la universidad, la oficina o la fábrica son los "ojos y los oídos del jefe".

Son los que tratan de evitar la aventura, el riesgo y la sorpresa; y es la voz que siempre está allí para recordarnos que "mejor hubiera sido no hacer nada". La mediocridad, en ellos es una virtud. Dice que los buenos años ya van a venir. Reivindica su derecho a elegir mal. Por eso había que "apoyar a Videla hasta que ordenara el país" o "esperarlo a Alfonsín a que pudiera hacer las cosas".

Su regodeo por la vulgaridad amenaza las mismas bases que han hecho grande a este país. La apuesta a doble o nada cuando el Rey de España estaba preso de Napoleón, o cuando un hacendado salteño juntó al paisanaje para que los Godos no pasaran por el norte mientras otro loco se iba de gira a Chile y Perú, son, en esta cultura del Groncho Realista "cosas que hay que pensar bien antes de hacer".

Se emociona recordando a su abuelo inmigrante, pero él sería incapaz de dejar todo para seguir un deseo profundo, o al menos pasar tres días en carpa en la Laguna de Monte. Las añoranzas del G-Realista se miden en 32 pulgadas y vienen en Plasma o LCD. El no sueña con irse a vivir a una isla sirviendo tragos o vendiendo carnada para pescadores. Jamás haría algo que perjudicara su brillante carrera de cagatintas en esa repartición del Estado, en un consultorio o en su estudio jurídico.

No dona sangre porque puede contagiarse SIDA, no va a la cancha por miedo a los piedrazos, no habla con el vecino por temor a que abuse de su confianza, no presta la goma, la plasticola ni el transportador, porque su mamá no lo deja. Su único momento de gloria cívica fue en el 2001, pero luego se tranquilizó cuando de los $300 por semana, Cavallo autorizó retirar $500 de los cajeros.

Adhiere fervientemente a la visión antropológica de cultura. Por eso se jacta de contestar más de la mitad de las preguntas de Susana Giménez en el Imbatible, o saber la delantera de River del 75. Cualquier intento de excelencia es atacado bajo la condena de aburrido, inútil y sin sentido. Cree que El Principito es una joya de la literatura universal y Juan Salvador Gaviota está a la altura de Por quién doblan las campanas.

Hace culto al neutralismo, pero le preocupa qué opina el mundo de nosotros. Es de los que vuelven horrorizados de cómo somos vistos los argentinos en el extranjero. No se siente parte de nada ni comparte nada con nadie. Su vida es su casa y su patio el mundo. Su bandera es un billete de 20.

No busca que la Reina del Baile le de bola, se conforma con una que le cocine y ordene la casa; o el que puntualmente del uno al cinco le entregue su sueldo y una vez al mes la lleve a cenar afuera. La vida se le va entre delación y delación. Pero tendrá a sus hijos para que lo recuerden como una persona "honesta y trabajadora".

Por eso, como dice Alejandro Dolina, el Groncho Realista no cree que las "deudas de juego son sagradas"; y que se deben pagar con gusto; porque uno sabe que al menos arriesgó.

Ludwig von Mises: Seis conferencias desde Buenos Aires


Desde HACER nos comunican que hay disponible en castellano los discursos que Mises pronunció en Buenos Aires en 1959: POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro. También lo tenéis en inglés en ECONOMIC POLICY Thoughts for Today and Tomorrow. Copio el prefacio de Margit Von Mises, esposa de Ludwig:


El presente libro refleja totalmente la posición del autor por la cual fue – y todavía es – admirado por sus seguidores y vilipendiado por sus oponentes... Si bien cada una de las seis conferencias puede mostrarse por separado como un ensayo independiente, la armonía de la serie completa permite un placer estético similar al que proviene de mirar la arquitectura de un edificio bien diseñado.

—Fritz Machlup, Princeton, 1979—

A fines de 1958, cuando mi esposo fue invitado por el Dr. Alberto Benegas Lynch a ir a la Argentina a dictar una serie de conferencias, se me pidió que lo acompañara. Este libro contiene, por escrito, lo que mi esposo dijo a centenares de estudiantes argentinos en dichas conferencias.

Llegamos a la Argentina varios años después que Perón había sido forzado a dejar el país. Perón había gobernado destructivamente y destruido totalmente los fundamentos económicos de la Argentina. Sus sucesores no habían sido mucho mejores. El país estaba dispuesto a recibir nuevas ideas y mi esposo estaba igualmente dispuesto a proveerlas.

Sus conferencias fueron dictadas en inglés, en el enorme salón de conferencias de la Universidad de Buenos Aires. En dos salas vecinas sus palabras eran simultáneamente traducidas al idioma español para los estudiantes que escuchaban con audífonos. Ludwig von Mises habló sin restricción alguna sobre capitalismo, socialismo, intervencionismo, comunismo, fascismo, política económica y los peligros de una dictadura. Estos jóvenes que escuchaban a mi esposo no sabían demasiado sobre el mercado libre o sobre las libertades individuales. Así como escribí sobre esta ocasión en My years with Ludwig von Mises (Mis años con Ludwig von Mises): 'Si cualquiera en esos tiempos se hubiera atrevido a atacar al comunismo y al fascismo como mi esposo lo hizo, la policía habría entrado y lo habría detenido inmediatamente, y la reunión habría sido disuelta'.

La audiencia reaccionó como si una ventana se hubiera abierto y se permitiera al aire fresco soplar a través de las habitaciones. Habló sin notas. Como siempre, sus pensamientos eran guiados solamente por unas pocas palabras escritas en un trozo de papel. Sabía exactamente lo que deseaba decir y, usando términos comparativamente simples, consiguió comunicar sus ideas a una audiencia no familiarizada con sus trabajos, de una forma en que pudieran entender exactamente lo que estaba diciendo.

Las conferencias fueron grabadas y las cintas fueron más tarde trascriptas por una secretaría hispano parlante cuyo texto tipeado encontré entre los papeles de mi marido después de su muerte. Leyendo la trascripción recordé vívidamente el singular entusiasmo con el que aquellos argentinos habían respondido a las palabras de mi esposo. Y me pareció, como no-economista, que estas conferencias, dictadas ante un público lego en Sur América, eran mucho más fáciles de entender que muchos de los más teóricos escritos de Ludwig von Mises. Sentí que contenían tanto material valioso, tantos pensamientos importantes para hoy y para el futuro, que debían hacerse públicas. Dado que mi esposo nunca había revisado la trascripción de sus conferencias para su publicación en un libro, esa tarea quedó para mí. He sido muy cuidadosa en mantener intacto el significado de cada frase, en no cambiar nada del contenido y en preservar todas las expresiones que a menudo mi esposo usaba y que son tan familiares a sus lectores.

Mi única contribución ha sido juntar frases sueltas y quitar algunas pequeñas palabras que uno utiliza cuando habla informalmente. Si ha sido exitoso mi intento de convertir estas conferencias en un libro, se debe solamente al hecho que con cada oración escuché la voz de mi esposo, lo escuché hablar. Estaba vivo para mí. Vivo en la claridad con que demostraba la maldad y el peligro de demasiado gobierno; en la manera en que exhaustiva y lúcidamente describía las diferencias entre dictadura e intervencionismo; en la ingeniosidad con que hablaba sobre importantes personalidades históricas; en las muy pocas palabras con que conseguía que el pasado volviera a la vida.

Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer a mi buen amigo George Koether por ayudarme en esta tarea. Su experiencia editorial y su comprensión de las teorías de mi esposo fueron de una gran ayuda para este libro.

Espero que estas conferencias sean leídas no sólo por académicos sino también por los muchos admiradores de mi esposo entre los no-economistas. Y sinceramente espero que este libro pueda estar disponible para las audiencias más jóvenes, especialmente escuelas secundarias y universidades, en todo el mundo.

MARGIT VON MISES
New York, June 1979

POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro

La cultura del saqueo

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El empleo de la coacción, la violencia y la fuerza como métodos para obtener aquello que se desea, por más justo o merecido que sea, es una de las causas de la decadencia argentina.

Si alguien dudaba de que Argentina se dirigía de cabeza a una crisis, lo que hoy estamos viviendo debería terminar de convencerlo. Las luchas por el poder sindical llegan hasta el límite de comportamientos mafiosos. Los piqueteros están nuevamente en las calles cortando el tránsito y tomando reparticiones públicas, la calle es un caos por ausencia de autoridad, los precios se siguen disparando y el gobierno acaba de anunciar un plan de emergencia energética que refleja la improvisación con que se manejó este tema todos estos años.

En el fondo, la crisis es solo el emergente de valores totalmente subvertidos del cual el gobierno parece no haberse enterado, por el contrario, sigue dando vuelta los hechos al punto que la presidente (y digo presidente y no presidenta porque presidente es el cargo que figura en la Constitución) acaba de afirmar: "en este programa estamos yendo al tercer eslabón de la responsabilidad, que es la responsabilidad social, porque se puede tener muy buen gobierno pero si no se tienen buenas instituciones en lo privado y en la sociedad, es muy difícil abordar la transformación de un país". Con esta afirmación pareciera ser que Cristina Kirchner considera que el suyo y el de su marido han sido dos muy buenos gobiernos y que si las cosas no marchan mejor es por culpa de culpa de los empresarios y de la gente. Algo similar sostenía, Hitler cuando estaba por caer Berlín en manos de los rusos. Decía el dictador, en su delirio, que su pueblo iba a sufrir porque no lo había acompañado en el sacrificio.

Pero volvamos al caso argentino. Lo que uno ve desde décadas, y más acentuado ahora, es que al revés de lo que marca la presidente, es que justamente ha sido el Estado el que ha subvertido los valores de la sociedad y no se le puede pedir a la gente que tenga comportamientos diferentes si desde lo más alto del poder se actúa con impunidad, mentira y desprecio por el orden jurídico.

¿Qué valores puede exigirle Cristina Kirchner al resto de la sociedad si a sólo 48 hs. de instalada en la casa de Gobierno se ha destapado un caso de corrupción que la involucra como candidata presidencial y compromete seriamente a su marido, que es el mentor de su candidatura?

Cuando Cristina Kirchner les exige seriedad a los empresarios y a la sociedad tiene que tener presente que las reglas de juego que hoy imperan en la Argentina fueron impulsadas por gobiernos con pensamiento populista como el de su marido y el de ella. ¿Qué valores impusieron? El de usar al Estado como instrumento de coacción para beneficio propio y de unos pocos amigos del poder. La cultura del trabajo, del esfuerzo personal fueron dejadas de lado para dar paso a la cultura de la prebenda y de la demostración de fuerza. Basta ver como facciones sindicales se enfrentan por cuotas de poder utilizando la calle como forma de manifestar su poder basado en la fuerza bruta. Aquí no hay razones, hay demostraciones de fuerza. Unos haciendo piquetes en 39 lugares diferentes de la ciudad violando el derecho de la gente a transitar libremente ante la pasividad de la autoridad pública, y otros amenazando con sacar los camiones a la calle como si fueran el séptimo de caballería.

Grupos piqueteros, que dicen ser partidarios del kirchnerismo, se dan el lujo de tomar por la fuerza bruta un edificio público en la ciudad de La Plata, lesionando gravemente a dos policías y los responsables son liberados casi inmediatamente.

Al mismo tiempo tenemos a algunos dirigentes empresariales que le chupan la media al gobierno de turno para mantener sus privilegios o los beneficios del eufemismo del tipo de cambio competitivo.

Argentina tiene reglas en las cuales el saqueo está a la orden del día. El saqueo como regla impuesta por el Estado por la cual se pervierte la ley para quitarle el fruto de su trabajo a quienes lo generaron para transferírselo a quienes no les corresponde. En nuestro país la ley está prostituida. No se la usa para establecer reglas de convivencia sino para saquear "legalmente" a diferentes sectores de la sociedad y para destruir el sistema republicano. Le ley no le pone límites al Estado, se los amplía generando océanos de corrupción.

La banda piquetera que tomó el edificio en La Plata se siente con derecho a exigir que le entreguen más dinero, canastas navideñas y no sé cuantas cosas más. ¿Quién tiene la obligación de pagar todos esos "beneficios" y por qué? ¿Qué estímulos puede tener el hombre o la mujer que se levanta temprano para ir a su trabajo a ganarse honestamente su sustento si ve que una banda de forajidos toma impunemente el edificio, es liberada y encima exige que ese señor o señora le de el fruto de su trabajo, luego de treparse viajar en condiciones infrahumanas en un colectivo, soportar los paros de subtes y aguantar los piquetes de Quebracho o la UOCRA?

Del lado empresarial, hay sectores que, cual ladrones de guantes blancos, estimulan el tipo de cambio competitivo que no es otra cosa que cobrarle el impuesto inflacionario a la gente para transferirle a ellos los beneficios de un dólar caro, cuando no piden créditos subsidiados sin aclarar quién y por qué tienen que financiarles tal petición.

Todos piden y nadie dice porqué el que paga tiene la obligación de pagar la cuenta. Se crea así, una cultura del saqueo impulsada desde el mismo Estado, cuando no es que los mismos funcionarios del Estado forman parte del saqueo.

Ya no queda gran margen para esconder este uso desvergonzado del poder, de la mentira, para disimular la inflación, la crisis energética y la caída del salario real.

Argentina está nuevamente en la pendiente descendente porque no se han cambiado las reglas del saqueo, solo se han cambiado las personas. Y las mismas reglas con diferentes personas igual dan los mismos resultados. © www.economiaparatodos.com.ar

El Estado no crea valores

El Estado no crea valores; el Estado no ha hecho la moneda; el Estado no da valor a ninguna substancia ni ha hecho que el oro valga; el oro vale, cualquiera que sea la opinión del Estado respecto de su valor. Lo único que ha hecho el Estado, en materia de moneda, es establecer la escala de los precios, como ha establecido la escala de las pesas en el sistema métrico decimal. Ha dicho: la escala monetaria constará del centavo, del peso, del argentino, etc., como ha dicho: la escala de medidas de peso se dividirá en gramos, kilogramos, tonelada métrica, etc., pero no puede dar ni quitar valor a cosa ninguna. Puede en cambio, el Estado, mediante leyes arbitrarias, confiscar parte de la riqueza pública representada por los billetes que circulan, y dislocarla, entregándola a los tenedores de nuevos billetes emitidos por el Estado, lo que es un despojo, que el Estado argentino ha cometido muchas veces, y ha sido calificado directamente de robo por el gran economista y moralista inglés John Stuart Mill.

Juan B. Justo, en la Cámara de Diputados de la Nación, 15 de septiembre de 1914.


Extraído de

Áreas de desprotección pública

Unas notas antes:
Yo no tengo armas. Particularmente, siempre me causaron algo de temor. Aunque tuve la suerte de que alguien me enseñara a manejarlas.
Hoy tengo un hijo, y otro en camino. Se que hay delincuentes, criminales que no tienen miedo a las armas, ni respeto a la vida. Si tuviera a uno apuntandole a cualquiera de mi familia y tuviera a mano un arma de fuego, no lo dudaría.

14/12/2007 - José Carlos Rodríguez

Ocurrió el pasado 9 de diciembre. Un joven de 24 años, devorado por el odio a los cristianos, se dirigió a una iglesia en Arvada, Colorado, con el deseo irrefrenable de saciar su inquina. Iba armado y fue con la intención de matar a cuantos les permitiera su munición. Segó la vida de dos personas, pero antes de que pudiera ir a más una mujer voluntaria, que iba a echar una mano a la Iglesia, le detuvo de varios balazos. No le mató; tuvo que ser él mismo quien lo hiciera. El asesino sólo llegó a avanzar 50 pies, según los testigos.

Esta terrible historia no ha ocupado los informativos y los periódicos de todo el mundo por un sencillo hecho: en aquél lugar estaba permitido llevar armas y quiso la fortuna de que una ex policía de Minneapolis que llevaba su arma estuviese ofreciendo su tiempo a aquella iglesia. ¿Cuál hubiese sido la historia de ser una Gun free zone, es decir, una zona en que se prohíbe tener armas?

Podría haberse parecido a la noticia que sí alcanzó hasta el último rincón del planeta; al menos hasta donde alcanzan los medios de comunicación. Me refiero al pavoroso tiroteo de Omaha, en que murieron ocho personas. O el de la Universidad Técnica de Virginia, en que una nueva víctima del odio segó la vida de 32 personas. Por supuesto, también a la Columbine School, masacre a cuyo recuerdo se filmó la gran película Elephant y el más conocido bodrio de Michael Moore. También al tiroteo provocado por otro sociópata en la cafetería Luby’s, en la localidad tejana de Killeen, en que perdieron la vida 23 personas. Todas esas masacres comparten la atención mundial de los medios. Pero también comparten una característica común: en todas estaba prohibido llevar armas. Eran Gun free zones. Eran áreas de desprotección pública.

Cada uno de estos atentados indiscriminados sirve a la práctica totalidad de los medios de comunicación la oportunidad de transmitir la idea de que todas estas tragedias se produjeron porque allí, en Estados Unidos, hay libertad de armas y además que si su uso se controlara estrictamente o se prohibiese tales masacres apenas tendrían lugar. Un mínimo de consideración con las víctimas debería ser suficiente como para que cada uno de nosotros nos tomáramos en serio este problema. Lo suficiente, al menos, como para no aceptar cualquier opinión sin haber reflexionado un mínimo sobre ello.

La mayoría de los muertos en tiroteos públicos se produce en las Gun free zones. La razón es muy sencilla. Por un lado los asesinos son más racionales de lo que podamos pensar en un principio, y se lo piensan antes de llevar a cabo su crimen múltiple si se les puede detener de un balazo. Incluso si tienen planeado suicidarse, no querrán morir sin cumplir antes sus planes de muerte. La segunda razón es que, cuando lo hacen, cuando descargan sus armas en un espacio en que potencialmente cualquier otra persona está armada, siempre hay alguien que le detiene, dando fin a la suma de cadáveres.

Suzanna Gratia Hupp lo sabe muy bien. Aquél 16 de octubre de 1991 en que estaba con sus padres en la cafetería Luby’s ella dejó su arma en el coche. Sabía que se dirigía a un área donde estaba prohibido llevarlas y ella no quería incumplir la ley. Cuando vio al asesino acercarse a su mesa, su padre se levantó para reducirle y salvar a su familia. Él recibió un balazo mortal, como ocurrió acto seguido a su mujer. Suzanna declaró más tarde sentirse arrepentida de haber obedecido la ley. No fue el caso de un policía que, en febrero de este año, llevaba su pistola en el Trolley Square Mall, un centro comercial de Utah. Reconoció en seguida el característico sonido de los disparos, pese a que estaba en el extremo opuesto del asesino, a tres minutos y cinco vidas de distancia. No hubo una sexta, aparte del asesino, porque este policía le alcanzó de un disparo. Dos estudiantes armados libraron a la Appalachian School of Law de ser mundialmente conocida, gracias a que detuvieron a otro asesino en masa. Con su acción limitaron el número de muertes a tres inocentes víctimas. Y eso que tuvieron que salir del edificio para coger el arma con que le detuvieron.

Habrá quienes mantengan sus posiciones más restrictivas, pese al respeto a las víctimas que se producen en las zonas libres de armas y que se podrían haber evitado de estar abierta la posibilidad de encontrarse con un buen ciudadano armado. Es evidente que lo único que logran es que los ciudadanos que siguen la ley queden sin medios para la protección, mientras que quienes están dispuestos a matar a los demás no tendrán escrúpulos, evidentemente, en saltarse tan ridícula restricción.

Pero aún pueden argumentar que, de prohibirse por completo el uso de armas, estos asesinos jamás hubiesen llevado a término sus mortíferos planes. No obstante, una mínima atención a la realidad les hará ver que quien necesita un arma para cometer un crimen la conseguirá, ya sea dentro de la ley, ya sea fuera. El tráfico de drogas está prohibido en España. ¿Quiere ello decir que no hay tráfico de drogas en nuestro país? Hay una enorme distancia entre la prohibición de un comportamiento y su erradicación, cuando éste forma parte de los planes de las personas. ¿Alguien dirá que los asesinos en público se toman a la ligera sus planes? ¿Qué una prohibición les va a hacer cambiar de idea?

Las mayorías silenciosas

por Roberto Salinas León
Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.


En una reflexión sobre ser liberal, sobre la democracia liberal, Enrique Krauze nos comparte una tesis sumamente interesante: hay, independientemente de las distorsiones en el uso (y abuso) de la palabra “liberal”, una mayoría silenciosa que practica el liberalismo (sin profesarlo) todos los días.

Estos pueden ser los participantes en un orden espontáneo de mercado, desde los mercados financieros globales hasta el tianguis local, desde el innovador tecnológico hasta el informal latinoamericano. O, podemos ser todos aquellos que, con el solo acto de hacer decisiones, de elegir una actividad sobre otra, practicamos la libertad—y, en teoría, la otra cara de la moneda de la libertad, o sea, la responsabilidad.

En los círculos intelectuales, donde impera una suprema inflamación del fatuo, es poco común, hasta vulgar, profesar una posición liberal. Es visto como admisión del mal. Sin embargo, más allá del silencio, sí vemos a (ciertas) mayorías preocupadas con asuntos tan fundamentales para el futuro de la libertad, como la libertad de expresión, como evitar que los dogmas de la iluminación nos digan qué decir, como decirlo, y en qué momento, ya sea en materia electoral, como en materia económica.

Estas voces son consistentes con el temperamento liberal—con el ensayo y error, con el derecho a decir, con la defensa de una actividad poco común en nuestra cultura, la actividad de escuchar. El liberalismo, en su versión tradicional, tiene la característica de ser una doctrina que admite, es más celebra, la pluralidad de puntos de vista contrarios a la propia tesis de la libertad.

Este temperamento defiende el dejar hacer, dejar vivir, y dejar decir. Por ello, la advertencia de Octavio Paz es fundamental: los que pretenden erigir la casa de la felicidad nos acaban condenando a la cárcel del presente. Por lo mismo, la actividad de la crítica es central para la libertad—crítica no como falso diletantismo, como profesar saber más que todos los demás, sino como una actividad constante de falseabilidad, de cuestionamiento, tanto de íconos como instituciones, sobre todo de lo que pretende la verdad para siempre.

Un heredero de estas vistas intelectuales es el periodista Carlos Alberto Montaner, quién fue galardonado por la Universidad Francisco Marroquín con un doctorado honoris causa, precisamente por su vocación de proteger la libertad de expresión. Montaner ve, en este sentido, corrientes terriblemente peligrosas en el caudillismo militar de Chávez, o el indigenismo radical de Morales, ciertamente en la tiranía del silencio que es ahora su país de origen, Cuba.

Montaner defiende la democracia liberal, en su vocación, pero también su visión, como comunicador de ideas. Quizá, visto así, la mayoría silenciosa es menos silenciosa de lo que un intelectual puede decir, o determinar. El comunicador debe incidir en estos, y en otros: empresarios jóvenes, innovadores, informales, ingenieros, amas de casa, líderes de casas universitarias, taxistas y trabajadores, deportistas, hasta los representantes de medios y de las artes cinematográficas.

El reto no es, como llegó a atacar Montaner con una serie de panfletos, hacer burla del “perfecto idiota latinoamericano”, sino, en el fondo, de hacer ver, como también lo ha hecho otro formidable intelectual público, la “idiotez de lo perfecto”.

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La idiotez

Estoy cansado, triste, acongojado.

La desfachatez de los discursos vacíos de asunciones varias, terminó por convertir mi semana de reflexión en un mar de lágrimas de impotencia.

Será conveniente tranquilizarse un poco. La justicia, como bien dicen, no va de la mano de la emoción.

Hoy si, luego de escuchar teorías conspirativas contra el “bien común” no puedo sino mas que escribir. Escribir en el estado en que esté. Como una suerte de catarsis momentánea. Para dejar en claro mi descontento.

Nunca he escuchado tantas veces seguidas –es cierto, quizás antes no prestara atención– utilizar la excusa del bien común como pilar de acción de gobierno. Mejor dicho como pilar de acción de ESTOS gobiernos. Guardo esperanzas en que en algún lugar del planeta surja la semilla que florezca hasta en estos lugares.

Y si, digo NO, a vos que me lees con el sentido totalitario del “Si No te gusta andate”.

Estudien, lean y escuchen a quienes los invitan a pensar. Dejen de aplaudir estupideces, frases hechas y dogmas que perpetúan un modelo de decadencia.

La idiotez no tiene excusa a ninguna edad. Es comprensible cuanto mas pequeño seas. Solo eso.

Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores.
Juan Domingo Perón, 1947.

Al enemigo, ni justicia.
Juan Domingo Perón, 1952.

La libertad no se vota

Me había puesto a escribir algo sobre la desfachatez chavista. Pero acabo de leer a Don Benegas y como no podía ser de otra manera resume de manera mucho mas acertada mi opinión...

La libertad no se vota. Como no se podría votar si el 50,7% puede fusilar al 49,3%. Sonaba ridículo como los “observadores” de la OEA alababan al “proceso electoral” de Venezuela y hacían los típicos comentarios huecos de la ocasión (”todo se desarrolla con tranquilidad y alegría”). Se decidía, entre otras cosas, si los venezolanos tenían derecho a educarse unos a otros, pero lo importante para estos personajes, para la CNN y para el mundo “civilizado” y embrutecido era que “todo se había desarrollado con tranquilidad” y de manera “democrática”. Votar sobre la libertad es incivilizado y más que democrático es una burla.
Según los números oficiales 50,70% de los venezolanos que votaron ayer quieren ser libres y el otro 49,30% quieren ser rebaño. El problema entre ellos es la palabra “nosotros”. El dictador podría dividir al país en dos. De un lado sus ovejas felices, esos que se uniforman y se despersonalizan por el motivo psicológico, económico o religioso que sea, para verse a si mismos como soldados de una causa contra algún mal; del otro los que no lo necesitan. El problema es que los uniformados no se uniformarían si la única oferta fuera seguir su propio proyecto colectivista. Todo “todo” necesita una parte “enferma” que alimente la sensación de que han encontrado la luz mientras que “otros” (”esos sectores”, “aquellos que…”, “los que detienen el cambio”) permanecen en la oscuridad y deben ser vencidos. Y parasitados.

La libertad no se vota. Como no se podría votar si el 50,7% puede fusilar al 49,3%. Sonaba ridículo como los “observadores” de la OEA alababan al “proceso electoral” de Venezuela y hacían los típicos comentarios huecos de la ocasión (”todo se desarrolla con tranquilidad y alegría”). Se decidía, entre otras cosas, si los venezolanos tenían derecho a educarse unos a otros, pero lo importante para estos personajes, para la CNN y para el mundo “civilizado” y embrutecido era que “todo se había desarrollado con tranquilidad” y de manera “democrática”. Votar sobre la libertad es incivilizado y más que democrático es una burla.

La oposición venezolana ganó una batalla que nunca debió darse entre el si o el no a la libertad para resolverla con la estadística. Antes las revoluciones colectivistas debían hacerse a los balazos porque nadie se dejaba conquistar voluntariamente. Es todo un síntoma que ahora vean que pueden preguntarle a un electorado si están dispuestos a convertirse en ovejas y tienen la oportunidad de obtener una respuesta afirmativa. Cuando el dictador vea que ya no puede volver a hacer una pregunta de ese estilo, si que Venezuela estará a salvo. Antes no.

La medicina en Cuba (para los cubanos)


La Unión Soviética no colapsó porque tuvo mala suerte. Llevó setenta años asumir que todo el proyecto comunista era un fracaso rotundo que no cumplía una sola de sus promesas y se sostenía, mucho más de lo que se hubiera esperado , en mentiras, propaganda y violencia.



Cuba la tenemos acá, a la vuelta de la esquina, disponible para aprender sin necesidad de padecer, pero la propaganda de los Castro junto a las valijas de Chávez siguen explotando como espectáculo circense los mitos socialistas. El problema que tienen es que hay algo que recién empieza que les va a complicar la vida y es que la gente común tiene a su disposición dispositivos como teléfonos celulares capaces de captar video y autopistas de información (término que quedó antiguo peor ideal para este caso) como Youtube para hacer conocer la realidad.

En el caso que vamos a ver del canal 41 de Miami sobre el verdadero sistema de salud de Cuba, el que reciben los cubanos y no los extranjeros que pagan en dólares del imperio, las imágenes fueron tomadas con una cámara oculta y sería difícil que las obtuviera cualquiera porque las visitas a los hospitales públicos en Cuba están prohibidas sin previa autorización, lo que implicará el armado de la experiencia de acuerdo a la “realidad dispuesta” por el régimen por llamarla de alguna manera. Algo así como lo que se hace aquí con el Indec pero un poco más eficiente.

Cuando estuve en la Isla en 2004 conocí a un anestesista que había ido a correr una Marathón y se había quedado como turista un mes. Nunca consiguió que lo autorizaran a entrar a un hospital.

La barbarie en radio

Donde se ha visto tanta barbarie ponderada.

Ayer escuche que el mercado obliga a los padres a gastar en sus hijos... Que antes -todo tiempo pasado fue mejor- solo se fabricaban productos para satisfacer las necesidades y que hoy se fabrican necesidades...

Los bárbaros a cargo de la nota cantaban loas al bienestar encontrado en la época del disco de pasta...

¿Para que inventaron el CD, si con el disco era suficiente? Se preguntan... La estupidez no tiene límite al exponer la desgracia del invento del teléfono celular con cámara de foto, posibilidad de envío de mensajes y conexión a Internet...

La indignación me llevo a gritar: ¿¡Pueden ser tan estúpidos?!

Mi hermano Gabriel me corrigió enseguida... No es que sean estúpidos, son unos reverendos hijos de puta.

Video de muestra

Me atrapó el diccionario

"Que defiende principios deshonestos o comete actos ignominiosos sin ocultarse y sin sentir vergüenza por ello."

“Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.”

“Impudencia, obscenidad descarada.”

No, no. No es la definicion de kirchnerista... Es la definición de "Cínico".

¡¡Que labure otro!!

Inaugurando el ciclo "Benegas te hace pensar" inspirado, como no podia ser de otra manera, en la produccion del Sr. -me saco el sombrero- José Benegas. Aqui les dejo una nota imperdible con uno de los protectores de inutiles que no pueden llevar adelante ni el kiosko mas pequeño.


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Ron Paul...

Jon Stewart, de The Daily Show, en una entrevista: “Tú pareces tener una integridad consistente y de principio. A los americanos, usualmente, no les convencen con eso”. “He introducido una idea novedosa en esta campaña”, responde Paul. “Hasta se me ocurrió sugerir que cumplamos la constitución”, dice con ironía.

Say no more.

Buscando al Ron Paul argentino...

Leyendo la nota de Adrián Lucardi aparecida en Controlando al Leviathan me encontré con este motivador extracto:

¡Pero cómo no le van a dar todo eso con este subsidio! ¡Cualquiera hace obra filantrópica a costa de la nación, y ahora la filantropía argentina se la quiere hacer a costa de los dineros públicos! ¡Qué manera tan cómoda de hacer caridad!


Réplica del senador nacional Francisco Castañeda Vega, presidente de la comisión de presupuesto, frente al pedido de una partida de 100 mil pesos para un instituto filantrópico, 31 de mayo de 1920.

Aquel que envíe pruebas de que algún político de hoy actúa de esta forma, o sea: piensa como libertario, con nombre y apellido, se hará acreedor a un fantástico premio compuesto por varios regionales de nuestra zona patagónica. Comestibles en su mayoría, patrocinado por mi modesto bolsillo...


Un grupo selecto de jueces evaluará las pruebas enviadas. Por ahora, el premio consta de estos productos:
  • Torta Galesa
  • Miel
  • Dulce (de alguna fruta fina)
  • Chocolates

La Argentina se aleja de los países accesibles para invertir

© infobaeprofesional.com

Un informe del Banco Mundial asegura que la burocracia para iniciar un negocio, la fuerte carga impositiva y la rigidez de las relaciones laborales desmotivan el ingreso de capitales extranjeros. Elaboró un ranking y ubicó a nuestro país en el puesto 109, entre los 178 que fueron analizados.

Según el informe Doing Business 2008, que elabora el Banco Mundial, existe una serie de factores que complican el ingreso de inversiones en la Argentina, entre los que destaca la burocracia para iniciar un negocio, la fuerte carga fiscal y las regulaciones que dan una fuerte rigidez a las relaciones laborales.

Esas cualidades ubican a la Argentina en el puesto 109, entre los 178 países en los que se analizaron las regulaciones que incentivan y desmotivan las inversiones.


En la región, Chile muestra mejores condiciones (se ubica 33º), seguido por México, Perú, Uruguay y Paraguay, que se posicionan en los lugares 44, 56, 98 y 103 del ranking, respectivamente. En tanto, Brasil recién aparece en la 122ª colocación.

Para realizar el análisis, el estudio toma en cuenta diez variables y fases que afectan el desarrollo de un emprendimiento:
  • Apertura de un negocio
  • Manejo de licencias
  • Empleo de trabajadores
  • Registro de propiedades
  • Obtención de créditos
  • Protección de inversores
  • Pago de impuestos
  • Comercio trasfronterizo
  • Cumplimiento de contratos
  • Cierre de una empresa
Entre los apartados en los que la Argentina figura por encima de la media mundial se destacan la Obtención de créditos (48) y el Cumplimiento de contratos (47), mientras que en los rubros que queda mal posicionada son Empleo de trabajadores y Pago de impuestos (ambos en el puesto 147).

Sin embargo, hay que tener en claro que el país no bajó de nivel por sí mismo, sino por el mejor desempeño de las otras economías.

Así, el economista Fausto Spotorno, miembro de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, destacó que "lo que se ve en el informe es que los países van mejorando, pero que la Argentina no ha hecho mucho y que inclusive en algunas cuestiones ha empeorado".

Para el Spotorno, "el país ha estado comprometido con otras cuestiones pero éste es un tema a tener en cuenta de acá en adelante".

Las malas notas
  • Facilidad para los negocios
El informe destaca a los países que más hicieron innovaciones para facilitar los negocios y tuvieron mayores impactos en sus economías. Como líderes nombra a Egipto y a Croacia, mientras que la Argentina figura con una nota negativa en el apartado Cierre de empresas.

Cuando los empresarios analizan un plan de negocios lo primero que tienen en cuenta son los procedimientos que deben realizar para operar legalmente.

Teniendo en cuenta varios factores como la cantidad de días promedio que se tarda para abrir un negocio, el capital necesario y la cantidad de procedimientos, nuestro país se encuentra en el puesto 114, con una caída de cuatro puestos con respecto al año pasado.

Así, mientras que en Australia se necesitan dos pasos y dos días para la apertura de una empresa, en la Argentina ascienden a 14 y 31, respectivamente.

En particular, el estudio compara la dificultad de obtener licencias para la construcción y puesta en marcha de, por ejemplo, un depósito. En este particular apartado, la Argentina sufre su peor revés y se ubica dentro de los peores, en el puesto 165, siendo superado por países como Bolivia y Venezuela, que en el ranking global están por detrás de nuestro país.

Construir y obtener las licencias para poner en marcha un depósito en el país toma casi un año (338 días) y 28 procedimientos, mientras que en Bolivia se hace en 249 días y 17 pasos.

El informe destaca que “cuando el peso de las regulaciones es muy grande, los empresarios mueven su actividad a la informalidad , dejando a todos peor”.
  • Relaciones laborales
En cuanto al empleo de trabajadores, el país se encuentra muy relegado respecto al mundo. Doing Business examina, entre otras variables, las dificultades que las regulaciones gubernamentales implican para contratar trabajadores y despedirlos, la rigidez en los horarios, la flexibilidad de los contratos y hasta los días de vacaciones que los empleados tienen pagos.

En este rubro, la Argentina se sitúa en el puesto 147, en igual ubicación que el año pasado y no muestra mejoras desde el 2005, salvo en el costo de despedir a un trabajador, donde registra una leve baja.

El Banco Mundial resalta que mientras “las regulaciones hacen que el empleado mejore su salario, las normas rígidas tienen muchos efectos no deseados como la menor creación de empleo y la menor inversión en Investigación y Desarrollo”.

“En los '90, la flexibilidad laboral permitía contratar más fácilmente, pero ahora retrocedimos bastante. La 'doble indemnización', por ejemplo, genera un costo muy alto y un retroceso. Ahora, con su derogación, por ahí mejora”, dijo Spotorno a infobaeprofesional.com.

“Para estar mejor en el ranking hay que reducir costos y tiempos en las regulaciones y hace falta un trabajo bien microeconómico”, agregó.
  • Protección de inversiones y control
En tanto, en la protección de inversiones y en los controles que el Gobierno fija para evitar casos de corrupción dentro de las empresas, como la autocompra de insumos, el país se ubica en el puesto 96, lejos de las potencias.

El caso Skanska es un claro ejemplo de cómo el Gobierno manejó una situación de este tipo, donde se investigan casos de corrupción empresarial y por parte de algunos funcionarios. En este rubro, la Argentina está peor que Brasil, México y Perú.
  • Presión fiscal
Con respecto al pago de impuestos, Doing Business tiene en cuenta el número de transferencias que una mediana empresa debe hacer al Gobierno, el tiempo que lleva completar los formularios y el porcentaje de los beneficios que se destina a pagarlos.

La Argentina se ubica dentro de los países con peores regulaciones impositivas, exactamente en el puesto 147, detrás de casi todas las economías del Mercosur.

El estudio especifica que “en los países donde el peso de los impuestos es muy grande, como sucede en la Argentina, se tiende a la evasión”.

“Tras mejorar el proceso de empleo de trabajadores, es necesario, en segundo lugar, hacer una reforma impositiva macro que es más difícil de lograr para tratar de disminuir los impuestos que son muchos y altos”, explicó el economista de la consultora de Orlando Ferreres.
  • Intercambio comercial
Los procedimientos y regulaciones para comerciar con el mundo ubican a la Argentina en el puesto 107, con nueve documentos necesarios para exportar y siete para importar con un costo de 1.325 y 1.825 dólares por container, respectivamente.

El lado positivo
Según consigna el informe, antes de invertir, “las firmas constantemente tienen en cuenta las dificultades para acceder a los créditos”. Doing Business construye dos indicadores que explican cuán bien funciona el mercado crediticio.

El primer item toma en cuenta los registros crediticios y su cobertura, asociados a los entes que colectan y distribuyen información acerca de los tomadores de préstamos y que “pueden expandir el crédito al brindarle datos confiables a los prestamistas”.

Para el Banco Mundial, también incide el desarrollo y conocimiento de los derechos legales que tienen los que prestan y los que reciben los créditos.

En este ámbito, la Argentina se sitúa en el puesto 48 con una caída de tres lugares con respecto al 2007, pero por encima de Brasil y México. En tanto, los primeros puestos los ocupan Inglaterra, Hong Kong y China .

En tanto, en el cumplimiento de contratos y en las regulaciones que los sostienen, la Argentina muestra una buena performance, al ubicarse en el puesto 47.

El estudio también tiene en cuenta los procesos judiciales y la celeridad con que se resuelven los conflictos derivados de no cumplir con un contrato. En este punto la Argentina supera a Brasil, Perú e inclusive México.

Con relación a las regulaciones en torno a la quiebra de empresas, la Argentina se sitúa en el puesto 65, con un período de casi tres años para demostrar insolvencia.

Según los especialistas, el país debería mejorar en casi todos los aspectos para ponerse de nuevo en la mira de los inversores y subir en el ranking del Banco Mundial. Para ello, “el Gobierno debería revisar todas las regulaciones y aplicar reformas como vienen haciendo los demás países”, concluyeron.