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El principio...

Todos los dias te recuerdo

¡Gracias Bernardo!

ESCRIBIR sobre el agua Mi nombre es Bernardo Neustadt, 83 años, y 70 de periodista. Pupilo 6 años en el Colegio San Vicente de Paul de los Hermanos Maristas. Sufrí por la lejanía de mis padres. Pero el rigor de mis profesores, hizo de mí lo poco o lo mucho que soy.
Empecé en 1938 en el diario El Mundo - 13 años - y firmé por primera vez una nota en 1961, ese mismo año empecé televisión. Tiempo Nuevo entre 1989 y 1994, tuvo picos de 40 puntos. Sin travestis ni pornografía. Fui prohibido en los gobiernos de Illía, Onganía, Lanusse (3 años), Massera, Alfonsín y María Estela Martínez de Perón, en 1997, Tiempo Nuevo terminó abruptamente en el Canal 11.
Periodismo fue MISIÓN, no PROFESIÓN Argentina vivía de espaldas al mundo: quise alejarla de ese muro. Con los dirigentes FRACASÉ, con la gente no. No era contratado por los canales, ni las radios, alquilaba espacios. Logré, seguramente con causa, el rencor de casi todos los intelectuales de la “izquierda caviar”. También de los periodistas progresistas que trabajan en diarios, revistas y canales capitalistas.
Mi lucha por los teléfonos “para los pobres”, de “autos financiados” para los jóvenes “sin cama caliente”, no como los vendía Franco Macri, cobrándoles anticipados 26000 dólares en un país de inflación crónica.
Mi batalla de 30 años, para terminar la Biblioteca Nacional –está la placa- me da valor para mirarlos a la cara mientras ya tienen vergüenza de nombrar a Lenin, a Marx, o a Stalin que prometieron una felicidad permanente a la Unión Soviética que culminó en la Mafia Rusa. Destructores de imágenes. Expertos en demonización disimulados bajo el perfil de los Derechos Humanos, de los que se apoderaron.
A éstos militantes, de “UN PAÍS PARA POCOS” que nunca supieron crear riqueza, pero que saben distribuirla en sus bolsillos, quiero que se animen a leer este libro.
El país del 2007 en su día a día. Aprendimos a no callarnos nunca más. No es irritativo, sino al más puro estilo del realismo italiano.
Nos robaron la República, la Democracia se transformó en SUPERPODERES. La inseguridad en el tema más SEGURO, crearon una banda de “nuevos ricos” progresistas. A la Clase Media la esquilmaron y a los pobres le vendieron un buzón. Lo mismo un burro que un gran profesor. ¡Discépolo, te quedaste corto!

El Ministerio explica el Robo...

Ejem... Quiero decir: El ministerio justifica las retenciones.
Me mandan este PowerPoint por mail a pesar que conocen mi posicion. No creo que la persona que me lo envíe este interesada en la discusion de fondo. Pero me parecio oportuno compartir para ver la opinion de los que SI creo estan dispuestos a la accion de pensar y debatir.

La contestacion de mi amigo Pacho Ro va copiada abajo. Si quieren contestar o escribirle directo a el pasen por su blog
quetepa.blogspot.com.



Sí, muy lindo el graficado.
Ahora, si analizamos un poquito más, hay cosas un poco raras.
¿Por qué se exporta?
Digamos que si el gobierno puede hacer indiferente al productor vender afuera o adentro; ¿qué pasa que se exporta algo?
Exportan el exceso de producción en comparación con lo que requiere el mercado interno.
O sea que al menos una parte de la producción puede venderse a precios internacionales… Pero no se hace porque el gobierno se apropia de esa diferencia.
Claro que esto es para nosotros, pero igual cabe una reflexión: ¿qué podría suceder si los precios no se intentasen dirigir?
Si los precios son mayores, y cerramos los ojos a las causas principales, entonces hay que apropiarse de riqueza para mantener por un tiempo la situación.
¿Por qué por un tiempo?
Porque mientras aquí se hace esto, productores en lugares del mundo más libres reciben el fruto de su trabajo, incorporan capital a su trabajo con la esperanza de producir más, para ganar más. Eso se llama reinversión.
Esa reinversión hace que en un periodo posterior la producción crezca, lo cual implica un verdadero reparto de riqueza a quienes producen algo más: maquinaria, fertilizante, servicios al agro como ingenieros, investigación, desarrollo y por supuesto, el entorno al productor del agro.
En un período el campo de un lugar libre generó más tecnología y conocimiento, con mayor capacidad de producir alimentos. Y si la demanda sigue en aumento, micro productores entran en escena, como ya sucedió en épocas de necesidad.
Por otra parte, la causa principal de Argentina es el artificio de un dólar alto. Porque, si no hubiese la loca emisión monetaria el dólar podría llegar a ser casi un 50% más bajo, por el exceso de dólares en comparación con el peso.
En otros países que antes teníamos paridad, el dólar vale casi la mitad, por lo que sus alimentos valen menos que lo que valdrían aquí y… ¡Producen más!
En cambio, sin incentivo, mejor dicho, con castigo al exportador, se puede pensar en producir para el mercado interno, lo cual implica una reducción. Eso hará más baratos EN UN PERÍODO los productos, pero luego, la falta de interés para producir más que la demanda interna hará que NO se incorpore capital, ni investigación por ser redundante y no surgirán micro productores.
Seguimos por este camino y veremos que otros países producen más, tienen más conocimientos y tecnologías, mientras aquí se produce para un mercado interno, con la desventaja de que no existirán "compensaciones" pues las exportaciones serán menores.
Por otra parte, el productor local no generará riqueza para su entorno, sino para un gobierno que no sabe incentivar la producción. La distorsión en el mercado motivará a la gente a lugares más poblados, generando más pobreza, y más necesidades que el gobierno progresista intentará compensar quitando de otras rentas extraordinarias, hasta que todos los sectores con "renta extraordinaria" sea exprimido, y allí sí tendremos la igualdad...en la miseria.


El libre mercado es la mejor política social


La elección del mejor método para promover el mayor bienestar posible al mayor número de personas implica debatir los fundamentos últimos que rigen la organización de la sociedad.

El anuncio de Cristina Kirchner de que los fondos recaudados por las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias serán destinados a planes sociales y sanitarios no modifica la cuestión de fondo, es decir, que la presión impositiva ejercida sobre la producción rural es altamente abusiva... El Gobierno no tiene derecho a cobrar semejante tasa impositiva, independientemente de los fines a los que destine los fondos. Por supuesto que los anuncios de la Presidenta estuvieron destinados a legitimar ante la ciudadanía la posición del gobierno y a presentar sus exacciones como una medida altruísta y generosa (generosa con el dinero de los demás, aclaremos).

En este conflicto entre el kirchnerismo y el campo, el gobierno menea constantemente un concepto falso: que las retenciones móviles están justificadas porque el aumento de los precios de los productos agropecuarios en los mercados mundiales otorgan a los productores una tasa de rentabilidad muy elevada. De ese modo, las retenciones móviles son un instrumento "redistributivo". Se trata de un argumento falaz pero impactante. ¿Quién no mira con simpatía la propensión a ayudar a los débiles y necesitados? Sucede, sin embargo, que esa inclinación declamada esconde los verdaderos motivos del gobierno, que anuncia la construcción de "al menos, treinta hospitales" pero, en rigor, sólo busca aumentar su disponibilidad de caja para emplearla como medio de retención del poder político. Los "treinta hospitales" son tan concretos como los 20.000 millones de dólares de inversiones chinas de hace dos años.

El anuncio de la Señora Cristina, en definitiva, es una "puesta en escena" destinada a legitimar ante la sociedad la posición del gobierno. Sucede, sin embargo, que la intención del kirchnerismo es tan notoriamente evidente que su grado de credibilidad es prácticamente nulo. Por lo tanto, más allá del "ruido" generado por el anuncio, el conflicto entre el gobierno y los ruralistas, en lo esencial, no se ha modificado. El kirchnerismo, a partir de este anuncio, desarrollará la argumentación de que los productores agropecuarios son unos sujetos codiciosos e insensibles dedicados a lucrar incesantemente a expensas de los débiles y necesitados, a quienes el gobierno se encarga de defender inclaudicablemente. "Pura cháchara", diría un recordado caudillo peronista.

Sin embargo, la jugada del gobierno le plantea a los productores ruralistas el problema de que los deja en una posición incómoda ante el conjunto de la sociedad. La idea de que se pongan en marcha políticas de redistribución de la riqueza cuenta con un amplio consenso favorable en Argentina. Se trata, por cierto, de ideas vagas, inconsistentes, meras expresiones de deseos que en casi todos los casos llevan a efectos contrarios a los que se quiere producir. Pero esas fantasías están presentes en el imaginario colectivo y, aunque técnicamente sean impracticables, ejercen influencia real y concreta en las inclinaciones populares y, por lo tanto, en los resultados electorales.

La mejor política social es, como siempre, dejar que los mercados operen libremente y sin interferencias en un marco de seguridad jurídica y solidez institucional. De ese modo, las oportunidades de rentabilidad motorizarán las inversiones, generarán fuentes de trabajo y promoverán el consumo que a su vez estimulará nuevas inversiones que irán realimentando todo el proceso económico. Eso es lo que hará que el nivel de vida de la población mejore de acuerdo con las aptitudes y aspiraciones de cada uno. No es necesaria la intervención directa del estado (salvo en algunos casos excepcionales) para promover el bienestar de la población. Por supuesto que a estas ideas se las denuesta bajo el epíteto de "neoliberalismo". No por eso, sin embargo, dejan de ser ideas acertadas, conceptualmente coherentes y de eficacia empíricamente probada.

El kirchnerismo, lamentablemente, está inspirado por ideas completamente opuestas al liberalismo. La concepción ideológica que motoriza al gobierno privilegia el intervencionismo del estado en la distribución de la riqueza por sobre la acción natural del mercado. Esas ideas han fracasado siempre, donde quiera que hayan sido puestas en práctica en cualquiera de sus infinitas variantes. Sin embargo, el gobierno insiste en ellas y encuentra ciertos ecos favorables en la población que, de ese modo, elige apoyar cursos políticos que producen resultados perjudiciales aún para aquellos que les prestaron su adhesión. La acción del kirchnerismo en este contexto tiene un nombre, que es demagogia. La acción del gobierno en relación a las retenciones a las exportaciones agropecuarias es una práctica nítidamente demagógica. La supuesta construcción de escuelas, hospitales y caminos rurales es una burda mentira destinada a engañar al pueblo para que le preste su apoyo a los designios de un gobierno que luego incumplirá todas sus promesas.

El desenlace de este conflicto entre el kirchnerismo y los productores agropecuarios es aún incierto. Ninguna de las dos partes logra prevalecer definitivamente sobre la otra y no se vislumbra que alguna de las dos vaya a lograrlo a corto plazo. El kirchnerismo, al anunciar que empleará los fondos de las retenciones móviles para construir hospitales, escuelas y caminos rurales tiró "munición gruesa" contra los ruralistas pero la posición de estos se mantiene firme porque el argumento básico en el sentido de que la presión impositiva es abusiva, sigue vigente.

El problema de fondo, en definitiva, es el siguiente: ¿cuál es el mejor método para promover el mayor bienestar posible al mayor número posible de personas? Esto involucra nada menos que un debate acerca de los fundamentos últimos que rigen la organización de la sociedad. Se trata, en esencia, de un debate ideológico. Economía de mercado o intervencionismo estatal, esa es la disyuntiva. El kirchnerismo propugna el intervencionismo del estado. El tiempo pondrá en evidencia si éste es un método eficaz. © www.economiaparatodos.com.ar

Los gritos desde la tribuna no cambian la realidad

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Cuando un modelo se agota y entra en cuenta regresiva, los discursos no modifican el escenario. Eso sólo es posible con un cambio de políticas.

¿Quién puede invertir en un país en el cual su presidente da cuatro discursos en una semana, todos ellos cargados de amenazas, descalificaciones, contradicciones y temas que no tienen nada que ver con los problemas reales de la gente (por ejemplo, como mencionar al golpe de Estado 1976 mientras se habla de las retenciones al campo)? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el representante de las fuerzas de choque del gobierno es sentado en un sitio de honor junto al presidente luego de haber usado la fuerza bruta para agredir a quienes piensan diferente? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el titular del Ejecutivo, en vez de buscar las soluciones a los problemas, convoca a un acto de apoyo a su gestión y crea una escenografía de cartulina para tratar de convencer a la gente de que cuenta con el apoyo popular? ¿Quién puede invertir en un país donde el esposo del primer mandatario lanza sus tradicionales diatribas y luego habla de amor y de diálogo? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el secretario de Comercio se cree un iluminado que puede exigirles a las empresas a qué precios tienen que vender y qué rentabilidad tienen que obtener de sus inversiones?

Más aún, ¿quién puede invertir en un país en el cual se confunde el voto popular con la vigencia del Estado de Derecho? Porque Cristina Fernández de Kirchner y su marido insisten con que en octubre pasado fueron apoyados con el 46% de los votos. Dejando de lado el porcentaje real, lo que el kirchnerismo parece no entender es que haber conseguido la mayoría de los votos no significa tener la patente de monarca que puede hacer lo que quiere con el monopolio de la fuerza que se le delegó. Tener una mayoría circunstancial no habilita a un presidente a pasarle por encima al orden jurídico preexistente.

Es ese desprecio por el orden republicano y el Estado de Derecho que tienen los Kirchner (recordemos, por citar un caso, que Néstor, siendo abogado, dijo que Luis Patti tiene que demostrar que es inocente ante la Justicia, cuando hasta un chico sabe que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario) es lo que hace que en Argentina no reine el orden jurídico, sino el capricho del gobernante de turno. Y en los países en los que no reina el orden jurídico, la imprevisibilidad en la conducta de sus gobernantes hace que pocos piensen en invertir.

El ejemplo más claro al respecto lo ha tenido la empresa Techint, que invirtió en Venezuela en una importante planta siderúrgica que, ahora, el monarca de turno le ha confiscado. Este hecho debería servir como advertencia para muchos empresarios que prefieren las regulaciones, los subsidios y las reservas de mercado a la competencia. Cuando una empresa basa sus ganancias en este tipo de medidas, pasa a ser totalmente vulnerable a los caprichos del burócrata de turno. En cambio, en un sistema basado en la competencia y en el Estado de Derecho, la solidez de una empresa se basa en la capacidad de sus directivos para ganarse el favor de los consumidores. No dependen de la resolución de un burócrata para sobrevivir, sino de su propia capacidad de innovación para permanecer en el mercado. Techint ha sido víctima de la ausencia del Estado de Derecho y de la falta de una justicia independiente. Ha sido víctima de los caprichos de un señor que cree que los votos le dan derecho a hacer lo que quiere.

Como, lamentablemente, el rumbo que ha tomado Argentina es el de la arbitrariedad en las reglas de juego y el de las decisiones caprichosas y alejadas de un gobierno limitado, nuestras posibilidades de crecimiento están cercenadas porque, como decía antes, nadie pone su dinero en un país en el cual sus máximas autoridades, en vez de transmitir equilibrio y serenidad, gritan como desaforados desde la tribuna política ante auditorios especialmente convocados para aplaudir frente a las cámaras de televisión.

El problema es que esos aplausos de utilería no pueden evitar la realidad que tenemos por delante. ¿Cuál es esa realidad? Una inflación que tiende a descontrolarse, una crisis energética que sigue agravándose, un sector productivo que clama por un tipo de cambio más alto sin especificar cómo conseguirlo sin más inflación, una maraña de subsidios que lleva a que se dispare el gasto público, problemas de abastecimiento, ausencia de crédito a tasas pagables, escándalos de corrupción que fueron transitoriamente tapados por el escándalo del impuestazo al campo. Y, como frutilla del postre, una deuda pública que ya ha superado a la que teníamos en 2001 antes del default, a pesar de la declamada política de desendeudamiento.

Poco importa si el campo vuelve o no a las rutas de no llegarse a un acuerdo con el Gobierno. Cuando la economía está fuera de control cualquier elemento puede ser el disparador de una crisis. Dicho en otras palabras, las crisis no se producen porque sí, sino que son la acumulación de una serie de errores que, en determinado momento, derivan en un estallido. Y este Gobierno, en 5 años, ha acumulado errores en cantidades industriales.

¿Qué podemos esperar los argentinos en el mediano plazo? Un escenario posible es que los Kirchner giren 180 grados en su política. Tanto en el respeto por el orden jurídico como en lo económico. Luego de escuchar el discurso de Néstor de la semana pasada, este escenario tiene muy bajas probabilidades de ocurrir.

El segundo escenario consiste en seguir en el mismo rumbo y continuar poniéndole parches a un globo que ya está agujereado por todos lados, mientras recrudecen los agravios, las descalificaciones y las amenazas. Veremos cómo se inventan nuevos enemigos de la Argentina para quitarse de encima la responsabilidad del creciente deterioro y malestar popular. Y cuanto más se complique el escenario, más agresividad vamos a ver y más enemigos se van a inventar.

En términos económicos, no podemos esperar otra cosa que más regulaciones y controles, con inflación creciente y un dólar que todos comenzarán a ver como barato. Los dirigentes sindicales exigirán más incrementos salariales y las empresas observarán cómo se derriten sus utilidades.

Es posible que, en el corto plazo, asistamos a un aumento del consumo porque la gente huirá del dinero y comprará bienes antes de que suban de precio. Este comportamiento acentuará la inflación.

Como el kirchnerismo se declara a sí mismo heterodoxo, utilizará todos los instrumentos represivos que tenga a mano para intentar controlar las contradicciones del modelo. Si mañana desdoblaran el mercado de cambios, no me sorprendería. Lo que tenemos que esperar es que pueda aplicarse cualquier medida, por más represiva e ineficiente que sea, para tratar de sostener un modelo que agoniza.

Todos sabemos, y la mayoría de la gente lo intuye, que el modelo entró en cuenta regresiva. Y cuando un modelo se agota, los gritos desaforados desde las tribunas no conseguirán cambiar la realidad. © www.economiaparatodos.com.ar

Con claridad. Demócratas. (Progresistas les decimos aca)



Via, of course, Pacho.

4000 años de Control de Precios

Fuente: adiosalestado.blogspot.com

Este es un ensayo que me envió Cristian Adárvez, un amigo mio. En 4000 años muchos gobernantes han impuesto controles de precios y regulado los mercados, pero nunca tuvieron éxito, porque las leyes del mercado y la ciencia económica son superiores a la voluntad del hombre, algo que este no puede dominar. Lean la historia.

“CUATRO MIL AÑOS DE CONTROL DE PRECIOS Y SALARIOS: COMO NO COMBATIR LA INFLACIÓN”.

“Tanto desde el punto de vista histórico como en la teoría y práctica económica se ha demostrado la ineficacia de los controles de precios para contener la inflación.
Si los controles de precios se extienden más allá de un muy breve plazo inexorablemente se estará frustrando el futuro de una economía sana. Porque dichos controles al impedir que la gente manifieste sus necesidades a través del sistema de precios libres, anula la señal más importante que tiene el empresario para innovar, descubrir, producir e invertir.
Un Estado con control de precios es un país con la libertad restringida, sin estímulo para el progreso, sin cabida para la iniciativa y la creatividad, del cual inevitablemente querrán fugarse sus mejores talentos, especialmente los de espíritu joven e innovador”.

Control de precios. 40 siglos de fracasos
Robert L. Schuettinger nació en Nueva York en 1936 y estudió en Columbia, Oxford, Chicago (M.A.), y St. Andrews (B. Phil). Ávido Estudioso del pensamiento liberal, el profesor Schuettinger fue discípulo de Friedrich Hayek en Chicago y de Sir Isaiah Berlin en Oxford.
Entre sus trabajos históricos académicos se encuentran "The Conservative Tradition in European Thought" (Putnam's, Nueva York, 1970) y una biografía de Lord Acton que publicara en 1976 la Open Court.
El profesor Schuettinger ha enseñado en The Catholic University of America, St. Andrews University y Yale University.
Fue Director de Estudios en "La Fundación Heritage" en Washington y editor fundador de su publicación "Policy Review"

Éamonn F. Butler es graduado de la Universidad de St. Andrews (Ph.D), en Escocia y ha enseñado economia en el Hillsdale Collage. Es coautor del libro "British National Health Service".

El mundo antiguo

Desde hace más de cuarenta siglos los gobiernos de todo el mundo han tratado de fijar precios y salarios. Desde los tiempos remotos, el máximo poder consistía en tener autoridad sobre las mercancías más importantes: los alimentos. La persona o clase social que controlara el abastecimiento de los alimentos esenciales, tenía en sus manos el poder supremo. Y por esto, uno de los primeros efectos derivados de un estricto control de precios sobre los productos agrícolas fue el abandono de las granjas porque ya no eran rentables. Cuando sobrevenía el fracaso, como generalmente ocurría, acusaban a sus súbditos de perversos y deshonestos, antes de reconocer la ineficacia de la política oficial. En nuestros días ocurre exactamente lo mismo.

Sumeria

En su aleccionador trabajo ¿Debe repetirse la historia? Anthony Fisher nos habla de un rey de Sumeria, Urakagina de Lagash, cuyo reinado comenzó alrededor de 2350 AC. Por los datos que han llegado a nuestros días sabemos que fue aparentemente un precursor de Ludwig Erhard (autor del milagro económico alemán), quien comenzó por abolir la carga de regulaciones excesivas del gobierno sobre la economía, incluyendo los controles sobre salarios y precios.

Un historiador de aquellos tiempos nos relata que poseemos de Urakagina uno de los más preciados y reveladores documentos en la Historia de la humanidad sobre la inquebrantable y perenne lucha del hombre contra la tiranía y la opresión. Es en este documento que encontramos por primera vez la palabra libertad registrada en la Historia.

Babilonia

Hace cuatro mil años, en Babilonia, el Código Hammurabi, el primero de los grandes códigos que se escribieron, impuso un rígido control de precios y salarios. El artículo 268 del Código a título de ejemplo dice así: "Sí un hombre ha alquilado un buey para la trilla, dará por el alquiler veinte 'QA' de trigo".

Sin duda estos controles dañaron los sistemas de producción y distribución en Babilonia. Los hechos históricos muestran un deterioro del comercio en el reino de Hammurabi y en el de sus sucesores. Esto se debió por una parte a los controles de precios y por otra a la influencia negativa de un gobierno acentuadamente centralista que intervenía en la mayoría de los aspectos económicos.

La China Antigua

En su estudio Los principios económicos de Confucio y de su escuela, el sinólogo Dr. Huangchang Chen afirma que en la China Antigua igualmente se practicaba un exagerado control gubernamental; había un jefe de comerciantes por cada veinte negocios o tiendas, cuyo deber era fijar el precio de cada artículo en base de su costo. Cuando se producía alguna calamidad como terremotos, inundaciones, etc., que reducía la oferta de productos, no se les permitía a los comerciantes subir los precios. Sí había malas cosechas de granos, por ejemplo, éstos deberían venderse al precio "natural" y si aparecía una epidemia lo mismo ocurría con la venta de ataúdes.

La India

En la India, 321 A.C. se hablaba de controlar a los comerciantes y artesanos. Un autor de la época, el filósofo político Kautilya, de gran renombre en su tiempo, recomienda el nombramiento de superintendentes para una gran variedad de actividades como venta de licores, alimentos y hasta damas para la noche; por ejemplo una cláusula que indicaba: el superintendente determinará las ganancias de cada prostituta. Esto nos da una idea de los extremos del control oficial. Luego había una nota que decía: "Belleza y talento son los únicos atributos que deberán tomarse en cuenta al seleccionar una prostituta".

Grecia Clásica

En Grecia ocurría algo parecido. La populosa Atenas estaba rodeada de muy poco territorio de modo que siempre había escasez de granos y era necesario importar más de la mitad de lo que se consumía. Por lo tanto, la tendencia natural era que el grano subiera de precio en tiempos de escasez y que bajara en tiempos de abundancia. Entonces se nombró una multitud de inspectores de granos, los sitophylaques, a fin de regular el precio a un nivel "justo" fijado por el gobierno ateniense. Ellos fueron la agencia de protección al consumidor de la Edad de Oro. El gobierno nombraba funcionarios que compraban el grano dondequiera que pudieran encontrarlo; luego hacían suscripciones públicas para reunir fondos e introducían rebajas en los precios o racionaban el producto. ¿Y que resultaba de ello? El fracaso, como era de esperar. Los comerciantes "culpables" eran condenados a muerte y el gobierno llegó a ejecutar hasta a sus propios inspectores cada vez que flaqueaban en su deber de controlar los precios. A pesar de todos los castigos se desobedecieron estas medidas y los precios del trigo siguieron fluctuando según la oferta y la demanda.
La burocracia oficial fue reguladora y explotadora del público, en vez de propiciar el desarrollo económico.

La República y el Imperio Romano

En Roma el gobierno intervenía de diversas formas. Una de las leyes más importantes de la República fue la de las Doce Tablas (449 AC), la cual entre otras, fijaba el interés máximo en una "uncia" por libra (cerca del 8 por ciento). Sin embargo, muchas veces los políticos consideraban que era muy popular perdonarle a los morosos el pago de los intereses sobre sus deudas.

Los cereales

Las leyes sobre granos tuvieron un efecto pernicioso a lo largo de la historia de Roma. Desde antes del siglo IV AC, el gobierno compraba grandes cantidades de trigo en tiempos de escasez y los revendía al pueblo a un precio fijo barato. En la época de Cayo Graco se adoptó una ley por la cual todos los ciudadanos romanos tenían derecho a comprar cierta cantidad de trigo al precio oficial que era mucho más bajo que el precio del mercado. En el año 58 A.C., se "mejoró" esa ley para que cada ciudadano tuviera derecho a obtener trigo gratis. El resultado, claro está, tomó de sorpresa a las autoridades: la mayoría de los agricultores abandonó los campos y se fueron a vivir a Roma sin necesidad de trabajar.

El Edicto Diocleciano

Como los males económicos se acrecentaban, los emperadores intentaron remediarlo devaluando la moneda. Nerón (54-68 DC) comenzó con devaluaciones pequeñas, pero las cosas empeoraron en tiempo de Marco Aurelio (161-180 DC) cuando se redujo el peso de las monedas. Estas manipulaciones fueron la causa probable del aumento de precios. El manejo irresponsable de la moneda provocó la inflación, cuando Diocleciano en su famoso Edicto (301 DC) le atribuye la responsabilidad de la inflación erróneamente a los comerciantes y especuladores. La historia se repite.

Creyendo que podía controlar por decreto la inflación, Diocleciano puso precio fijo a todas las mercancías y a todos los servicios. Este fue el objeto del Edicto y quienes lo redactaron sabían muy bien que si no lograban darle un valor universal y fijo al denario en términos de bienes y servicios (un valor que no coincidía para nada con su valor real) el sistema inventado iría hacia un colapso seguro. De allí que el Edicto cubriera todas las eventualidades y que las multas fueran muy severas, llegando incluso a la pena de muerte para aquel que vendiera sus mercancías a precios mayores que los establecidos, así como para cualquiera que las comprara pagando de más. Un dato interesante es que los maestros de retórica (que preparaban el camino para la carrera política) eran los que tenían fijado el sueldo más alto.
El resultado fue que, a pesar de la pena de muerte que amenazaba a los transgresores, los precios máximos no fueron acatados. Los posibles compradores viendo que los precios desbordaban el límite impuesto, empezaban a arremolinarse frente a los negocios y luego atacaban y destruían las instalaciones, matando de paso a sus dueños. Por su parte, la gente acaparaba los artículos hasta el día en que se levantasen las restricciones, de modo que la escasa cantidad de artículos ofrecidos a la venta provocaba un acentuado aumento de los precios. De allí que lo poco que se vendía fuera a precios ilegales y, naturalmente, en la clandestinidad. Winston Churchill afirmaría 17 siglos más tarde que quien abolía un mercado libre creaba un mercado negro.

Diocleciano, a su vez, sostenía con el mundo antiguo la perniciosa creencia en la omnipotencia del Estado; creencia que algunos teóricos modernos continúa compartiendo. Pero antes que el famoso Edicto cumpliera cuatro años, el precio del oro había aumentado un 250 por ciento en relación al denario. Diocleciano había fracasado en su intento de engañar y obligar a la gente a comprar y vender según lo indicado por el edicto. Pero el daño estaba hecho y durante ese siglo la inflación romana alcanzaría el 2.000 por ciento. Así acabó otro "bien intencionado" experimento. Diocleciano dejó de ser emperador y por el resto de sus días se dedicó al cultivo de coles y a la meditación sobre la locura y la indocilidad humana.

La Edad Media y los primeros tiempos de la Edad Moderna

En la Edad Media la doctrina del "precio justo" convirtió a la regulación de precios en un mandato religioso. Los consejeros de Carlomagno -como muchos políticos contemporáneos- no comprendían que aquellos que almacenan un producto para venderlo más adelante, aumentando sus ganancias, podrían contribuir a reducir las fluctuaciones de precios.
En Inglaterra medieval se hicieron muchos esfuerzos para regular los precios del vino y del trigo. Pero ni siquiera una ley para fijar el precio del pan, según el peso de cada pieza, pudo aplicarse en forma global, y pronto cayó en desuso.
En el siglo XVI unos malentendidos controles de la economía fueron decisivos en la suerte que confió la ciudad más importante de lo que es hoy Bélgica. De 1584 a 1585, Amberes fue sitiada por las fuerzas españolas al mando del Duque de Parma, quien quería mantener el Imperio de los Habsburgo en los Países Bajos. Lo primero que comienza a escasear en una ciudad sitiada son los alimentos, con el consiguiente aumento de precios. Los jerarcas de la ciudad reaccionaron como muchos lo habían hecho antes y también lo harían después: dictaron una ley que fijaba un precio máximo para cada artículo alimenticio, con severas multas a los transgresores. Esta política tuvo dos consecuencias: por un lado nadie quiso arriesgar que sus barcos fueran hundidos por los soldados del Duque. Al fin y al cabo ese mercado era igual a cualquier otro; y además si los precios hubieran sido atractivos, quizás alguien se hubiese arriesgado, pero como eran fijos y bajos los suplidores perdieron interés en abastecer la ciudad. Por otro lado, los ciudadanos de Amberes, seducidos por los precios bajos, consumieron más de lo razonable. Muy pronto los alimentos se agotaron, la ciudad tuvo que rendirse y los españoles entraron triunfantes.

George Washington: rectificar es de sabios

En 1777, la mayoría del ejército de George Washington se hallaba acuartelado en Pennsylvania. La legislatura de dicho estado decidió ensayar un período de control de precios, limitado a los productos necesarios para el ejército. La teoría era que esta política reduciría el gasto de suplir al ejército y aliviaría la carga de la guerra sobre la población. Los precios de los productos no regulados, la mayoría importados, subieron considerablemente. Los granjeros retenían sus productos, rehusando vender a un precio que consideraban insuficiente. Algunos que tenían familias numerosas que mantener, vendieron secretamente sus alimentos a los británicos, quienes pagaban mejor.

Después del desastroso invierno de Valley Forge, el ejército de Washington casi pereció de hambre (debido a estas leyes bien intencionadas, pero equivocadas), el experimento del control de precios fue descartado. El 4 de junio de 1778, el Congreso Continental adoptó una resolución que expresaba: "Ya que... se ha comprobado por experiencia, que las limitaciones sobre precios de los productos son no sólo ineficaces para los propósitos propuestos, sino que ocasionan consecuencias dañinas con gran detrimento de los servicios públicos y opresión gravosa de los individuos..." resolvió, "que se recomienda a los diferentes estados derogar o suspender todas las leyes o resoluciones que limiten o restrinjan el precio de algún artículo, manufactura o producto".

Cuando los controles fueron eliminados, la inflación que estaba representada, se desbordó y los precios aumentaron a ochenta veces su nivel de preguerra por un corto período, para estabilizarse luego a un nivel ligeramente por encima de los promedios de preguerra y así permanecieron durante la próxima década. Un economista contemporáneo, Pelatiah Webster, observó en 1780, al analizar los acontecimientos, que si al comercio se le deja actuar libremente, éste buscará, como la corriente de un río, sus niveles naturales.

La Revolución Francesa

La Revolución Francesa eliminó muchas de las trabas y de las disposiciones de los tiempos feudales. Durante dicha Revolución, el problema principal de Francia no eran los alimentos, sino su distribución. Como siempre, la solución de los burócratas fue remediar este mal con otro peor: la ley del "máximo" que fijaba los precios del grano por decreto en cada distrito y obligaba a además a los agricultores a recibir los famosos "assignats" (vales) según su valor nominal, como si fueran dinero constante y sonante, Pronto la cesta familiar del país más rico de Europa en esa época, quedó drásticamente reducida. Surgió entonces, como siempre ocurre, un inmenso mercado negro que desafiaba los controles impuestos por el gobierno sobre los alimentos. En contra de lo que se había pretendido, la mantequilla, los huevos y la carne se vendían de puerta en puerta y en pequeñas cantidades, a los compradores pudientes. Una vez más los controles que pretendían favorecer a los más necesitados, lograron que solamente los ricos pudieran alimentarse a sus anchas, pues lo único que se consiguió fue un aumento prodigioso del precio de los alimentos en el mercado negro.

El siglo XIX, un fracaso y un triunfo

El siglo XIX nos proporciona dos ejemplos opuestos con respecto a los controles. Por una parte el de los Estados Confederados cuando quisieron financiar su guerra civil en Norteamérica, mediante el recurso de la inflación, imprimiendo billetes: el fracaso fue total.

El ejemplo del triunfo nos señala que en 1815 se le habían impuesto altos aranceles en Inglaterra a la importación de cereales, con el fin de proteger los intereses de la nobleza terrateniente que dominaba el partido del gobierno conservador. Esto logró la alianza política de la clase media industrial con los asalariados. Si los pobres se veían obligados a gastar la mayor parte de sus ingresos en pan, no tendrían disponibilidad para adquirir los nuevos productos de la industria. En 1846 hubo que desmantelar el sistema artificial de precios de los cereales porque ante el fracaso de la cosecha de papas en Irlanda por segundo año consecutivo, la gente se estaba muriendo de hambre. Esta fue la primera gran victoria del comercio y la industria contra el proteccionismo. Los precios de los cereales, sin trabas oficiales, se mantuvieron bajos durante toda una generación y se le abrió la puerta a la gran expansión comercial e industrial de la Inglaterra victoriana.

Bengala

En 1770, en la provincia india de Bengala, fracasó por completo la cosecha de arroz y murió la tercera parte de la población. Varios investigadores atribuyen este desastre fundamentalmente a la rígida política gubernamental que procuraba mantener bajo el precio de los granos, en lugar de dejar que subieran a su nivel natural. Era claro que un aumento de los precios habría establecido un sistema de racionamiento automático, que hubiera permitido la conservación de los alimentos disponibles hasta la próxima cosecha. Sin este racionamiento, las reservas se consumieron rápidamente y millones de personas se murieron de hambre, como un resultado directo de la intervención del gobierno en el mercado.

Sin embargo, el gobierno aprendió con la experiencia. Noventa y seis anos más tarde, la provincia de Bengala estaba nuevamente al borde de la hambruna. Pero esta vez se siguió un procedimiento completamente diferente, según lo relata William Hunter: "En lugar de frenar el libre intercambio como había ocurrido en 1770, el gobierno hizo todo lo posible por estimularlo... Un gobierno que, en una época de precios altos, hace todo lo que puede por frenar la especulación, actúa tan insensatamente como el capitán de un barco zozobrado que se niega a colocar a su tripulación a media ración... En la hambruna anterior, casi no podía realizarse el comercio de granos sin violar la ley. En 1866, el gobierno al informar sobre la fluctuación de los precios semanales en cada distrito estimulaba un mejor abastecimiento en las provincias que sufrían de mayor escasez. Todos sabían donde comprar arroz más barato y donde venderlo más caro, de modo que los alimentos se adquirían en los distritos que podían prescindir de ellos con mayor facilidad, para llevarlos a los distritos que los necesitaban con mayor urgencia". La experiencia de Bengala, que tuvo dos muy malas cosechas en el curso de un siglo, constituyó un laboratorio para las pruebas de las dos políticas. En el primer caso se impuso la fijación de precios y falleció la tercera parte de la población; en el segundo caso, se permitió el funcionamiento del mercado libre y se logró mantener un mejor abastecimiento.

La Primera Guerra Mundial

En Gran Bretaña, durante la guerra, los problemas de abastecimiento provocaron que el gobierno decretara controles, creyendo que la escasez y las variaciones de precios se debían a manipulaciones que podían ser corregidas con estas medidas.

La publicación inglesa The Spectator, analizando esta situación observaba que en los tiempos de demanda creciente y de escasez de suministros, es un error impedir que los precios encuentren su propio nivel, porque éstos actúan como un sistema eficiente de racionamiento, canalizando los recursos hacia los sectores de la economía donde pueden ser utilizados con mayor efectividad.

Los precios, en situación semejante, sirven de estímulo a la producción, desalientan el consumo innecesario y tienden a superar los problemas de desabastecimiento y de penuria económica.

The Spectator, insistía "se ha dicho que los precios son menos importantes que el abastecimiento. El gobierno ha interferido en todas las direcciones posibles... el país contempla los resultados: un fracaso palpable y evidente... Ningún sector del comercio y de la economía en el cual ha intervenido el gobierno, muestra un progreso real".

Los precios son el fiel reflejo de la balanza de la economía. Si se manipulan los precios, la economía pierde su brújula: no se puede hacer un verdadero cálculo económico, ni evitar un despilfarro creciente y fatal de recursos. En ese caso, los recursos se dirigen hacia los sectores que no lo necesitan, hacia el gasto suntuario y el consumismo.

El control de precios requiere una burocracia en constante crecimiento para poder explicar las regulaciones que se multiplican, los controles que se vuelven infinitos, incumplibles, complejos e ininteligibles. El exceso de regulaciones fomenta la ilegalidad. Una ley que no se puede cumplir, provoca el desprecio por todo el sistema jurídico y la indiferencia civil. El Estado no puede supervisar y controlar cada una de las distintas etapas del proceso económico y por esto los controles de precio, aun respaldados por sanciones draconianas, en definitiva son burlados por el proceso económico y producen efectos contrarios a los que se buscan.

La Alemania Nacional Socialista

Antes de Hitler, durante la República de Weimar, ya existía un sistema legal que permitía la intervención completa en la regulación de muchos aspectos de la economía. Los sindicatos centralizados y vinculados al gobierno no fueron invento de los nazis. Sin embargo, los socialdemócratas a pesar de disponer de tanto poder, no intentaron utilizarlo en la forma antihumana en que lo hicieron los nazis. La inflación de la primera post-guerra destruyó a la sociedad alemana. Un ejemplo basta: un par de zapatos que en 1913 valía 12 marcos se vendía en 1923 por 32.000.000.000 de marcos.

Thomas Mann, famoso escritor, afirmaba "una inflación desmesurada es la peor de las revoluciones. Ninguna medida gubernamental para remediarla (restricciones monetarias, descenso de la producción, impuestos draconianos) sirven para nada. Sálvese quien pueda es la consigna, pero los que se salvan son los inescrupulosos. Las grandes masas que confiaron en el orden tradicional, los inocentes y los no especuladores, los que hacen trabajos productivos y útiles pero que no saben manejar el dinero, los ancianos que confiaron su futuro en lo que habían ahorrado, todos ellos caen en la ruina. La moral de un país queda anulada por una experiencia semejante. Se puede trazar una línea recta entre la locura de la inflación alemana y la locura del Tercer Reich. La devaluación total del marco antecedió a la descomposición real de un estado que más tarde predicaría la doctrina del espacio vital y el nuevo orden mundial. La mujer que vendía en el mercado un huevo a cien millones de marcos, había perdido ya la capacidad de sorprenderse, nada de lo que sucediera después a su alrededor por cruel e inhumano que fuera, pudo asombrarla. Durante la inflación, los alemanes se olvidaron de confiar en sí mismos como individuos y aprendieron a esperarlo todo del Estado, de la política y del destino. Los millones de ciudadanos que perdieron sus salarios y sus ahorros se convirtieron en las masas que Goebbels utilizaría. La inflación es una tragedia que convierte a las personas en seres insensibles, acostumbrados a cualquier calamidad y presos de la desesperación ante una incertidumbre cotidiana".
Si bien es cierto que la inflación es provocada por las manipulaciones irresponsables de las autoridades con la moneda, más tarde todos pagamos los efectos de la inflación.

7.000 Decretos

En el primer período de los nazis, 1933-1936, éstos dictaron decretos que prohibían aumentar los precios, regulaban las condiciones de pagos, créditos y descuentos. A los infractores se les castigaba con multas inmensas y condenas a prisión. Todos los carteles y las asociaciones empresariales tenían que registrar listas completas de los precios administrados ante el "Comisionado de Precios". El poder de este comisionado era aplastante.
Sin embargo, los nazis debieron reconocer que no podían anular todas las leyes de la economía.
El comisionado rechazaba los precios fijados, si éstos producían una utilidad al empresario mayor que el rendimiento normal de los bonos federales a largo plazo, y si engendraban una competencia excesiva entre los fabricantes. Dicho de otra manera: el control de precios al limitar la competencia no estimulaba la baja de los precios.

El "Preis-Stop", la congelación general, fijó el 26 de noviembre de 1936 todos los precios al nivel que estaban el 17 de octubre del mismo año. La congelación de precios "Preis-Stop", fue seguida por 7.000 decretos que controlaban los precios individuales de determinados productos, ordenando su aumento en unos casos, y rebajas en otros. Las consecuencias fueron inevitables: decayó la calidad de muchos artículos, surgió el trueque clandestino, prosperó un enorme mercado negro.

Y lo que es más importante: a pesar de los castigos drásticos, del temor que inspiraban los métodos nazis, la inflación no fue vencida, sino que se manifestó en nuevas formas, se ocultó dentro del proceso económico. A pesar de la eficiencia germana, las leyes de economía no se abolían por decreto. Si en una economía aumenta el suministro de dinero sin que haya esa correspondencia proporcional en el aumento de la producción general, subirán los precios o habrá escasez, lo que se manifestará en las largas colas frente a los establecimientos comerciales.

Ya prisionero, en 1946, Hermannn Goering (el responsable, entre otras cosas, de los planes económicos) habló con el corresponsal de guerra Henry J. Taylor: "Ustedes en su América están tomando una serie de medidas que a nosotros nos causaron problemas. Están intentando controlar los salarios y precios, es decir, el trabajo del pueblo. Si hacen eso, también deben controlar la vida del pueblo. Y ningún país puede hacerlo en forma parcial. Yo lo intenté y fracasé. Tampoco pueden hacerla en forma total. También lo intenté y fracasé. Sus planes no son mejores que los nuestros. Creo que sus economistas deberían enterarse de lo que pasó aquí".

Quizá nuevamente ocurra lo que siempre ocurre: los países no quieren aprender de los errores de otros y continuarán cometiendo los mismos errores, una y otra vez.

URSS: el paraíso de los controles

La Unión Soviética presentó el mejor ejemplo de cómo funciona una sociedad después de estar sometida a rígidos controles de precios. La URSS es una economía totalmente planificada, para cumplir cualquier objetivo no reparan en sufrimientos ni en obstáculos legales. Es decir, es el paraíso de los controles, de la planificación totalitaria. Pero aun así los comisarios planificadores enfrentan una tarea realmente formidable. Más de diez millones de precios diferentes son fijados por el Estado Soviético.

Mientras en una economía occidental el éxito de una política económica se juzga por su capacidad para satisfacer al consumidor, en la URSS, por el contrario, éste sería un criterio errado, porque lo que se busca son los objetivos de los planificadores, objetivos que no se logran. Michael Jefferson apunta en su libro “Inflación” que el costo de vida para el trabajador soviético urbano aumentó en un 65 por ciento entre 1927 y 1937, mientras que los salarios reales descendían en un 50 por ciento. Los aumentos de precios ocurrían a pesar de las promesas de los sucesivos planes quinquenales. Ocho veces se expandió también el circulante entre 1929 y 1941.

Quienes sostienen la tesis de la inflación reprimida señalan la presencia generalizada de colas, mercados "paralelos", intercambios ilegales, contrabandos y robos que se han extendido de tal forma que llegaron a institucionalizarse, involucrando virtualmente a todo ciudadano soviético en estas actividades.

Alquileres controlados en la post-guerra.

Los gobiernos tienen tres razones para controlar los alquileres. La primera es el temor de que los que puedan apoderarse de todas las viviendas dejaran sin techo a los pobres. La segunda es que los propietarios obtengan demasiados beneficios de los alquileres y tengan la posibilidad de aumentarlos a su gusto. La tercera es que los aumentos de los alquileres producen una forma de inflación y que, por lo tanto, no deben ser permitidos. La única solución para la escasez de viviendas es la construcción de nuevos edificios y casas, pero nadie piensa en construir para alquilar, si el control de alquileres impide una utilidad cónsona con la inversión y los riesgos.

Con respecto a la inflación que supuestamente producen los alquileres altos, conviene aclarar que no se pueden mantener los precios bajos en una economía a través del simple sistema de eliminar productos del mercado, y esto es lo que hace el control de precios. Cuando los dueños de viviendas no obtienen un margen adecuado de ganancias, intentan hacinar inquilinos en poco espacio y le "buscan la vuelta" para escapar de las restricciones. Los propietarios no tienen mayor interés en alquilar sus viviendas, debido a que difícilmente pueden luego recuperar las mismas. Hay ejemplos bien conocidos del deterioro dramático de las ciudades por los controles ruinosos de los alquileres.

La regulación de alquileres se estableció en la ciudad de Nueva York en noviembre de 1943. Esta regulación de alquileres, le ha ocasionado a la ciudad de Nueva York, los siguientes perjuicios: abandono y posterior destrucción de 30.000 viviendas al año, conflictos de clases. Se estima también la evasión de impuestos sobre la propiedad en el período fiscal 1974-75 en 200 millones de dólares.

Otro ejemplo dramático es el del incendio de San Francisco, después del terremoto del 18 de abril de 1906, cuando 225.000 personas quedaron sin hogares. Posteriormente las autoridades tuvieron la previsión de no establecer un control de alquileres, y al poco tiempo sorpresivamente abundaban las viviendas, incluso aquellas destinadas a las clases menos favorecidas de la población.

La confesión de un Superintendente de Precios

En la revista Business Week del 16 de julio de 1979, C. Grayson Jr., Presidente de la Comisión de Precios entre 1971 y 1973 ha relatado su experiencia al frente de este experimento del gobierno norteamericano en regulación de precios, varios años después que este sistema de Nixon fuera abolido. Él afirma textualmente: "Desde un punto de vista económico los controles son un desastre. Como Presidente de la Comisión de Precios conocí esto de cerca. Después de una etapa inicial positiva, la inevitable erosión del sistema comenzó. No importa cuán buenas sean las intenciones, ni el empeño que se ponga, o qué modelos se empleen, o de qué forma ingeniosa se conciban las regulaciones, los controles nunca manipulan eficientemente las millones de decisiones que se hacen diariamente en el mercado para ajustar las cambiantes condiciones de la oferta y la demanda. Los controles no eliminan la escasez o la inflación, al contrario, aumentan tanto a la una como a la otra".

En su articulo comenta la escasez de gasolina en los Estados Unidos por esa época, afirmando que la OPEP no era el verdadero culpable de esta situación sino el propio país al haber olvidado aplicar los principios de la economía de mercado, pues los verdaderos milagros económicos que siguen a la liberación de la economía no son tales milagros, son simplemente el fin de la parálisis económica y del desorden provocados por los mecanismos de control excesivo. El retorno a la economía de mercado siempre trae como consecuencia la prosperidad.

C.J. Grayson, resume así las razones por las cuales los controles interfieren negativamente hacia una economía centralista.

1.- Los controles provocan una distorsión en el mercado porque precios mantenidos artificialmente bajos desestimulan la expansión de la producción, fomentan los mercados negros y eliminan a los productores marginales (aquellos que antes podían competir a pesar de tener costos algo más altos que la generalidad). Ante tales distorsiones y manipulaciones oficiales, los inversionistas no pueden invertir en forma racional, lo cual se traduce en desabastecimiento. Los controles iniciales al causar escasez provocan nuevos controles para tratar de evitarla.

2.- Los controles atacan el principio de rentabilidad, en el cual necesariamente se basa la empresa privada. Se sugiere que los vendedores pueden ser más patriotas, bajando sus precios de venta, pero son exactamente las utilidades lo que atrae a nuevos inversionistas y la mayor competencia es lo único que realmente haría bajar los precios.

3,- Los controles engendran la pasividad y matan la iniciativa. Si los precios y la rentabilidad no dependen de la eficiencia de la firma sino de disposiciones oficiales, la motivación empresarial por servir mejor las necesidades del consumidor desaparecen y sus esfuerzos se dirigen hacia la obtención de beneficios que sólo pueden ser otorgados por los funcionarios públicos, abriendo las puertas a la corrupción.

4.- Los controles atacan los síntomas y no las causas de la inflación. Los problemas básicos tales como políticas fiscales y monetarias erradas, productividad deficiente y restricciones a la competencia son ignorados al pensar que con los controles se puede curar la inflación.

C.J. Grayson termina diciendo que afortunadamente los controles de precios se logran mantener en vigencia por períodos de tiempo relativamente cortos, porque la evidencia histórica indica que cuando los controles son efectivos, le causan severos y algunas veces daños permanentes a la economía nacional.

Los controles de precios para los patrones reducen las ganancias en función de los salarios pagados y equivalen a aumentos en los salarios reales. Por lo tanto, se produce un clima conducente a que los patrones reduzcan los niveles de empleo. Los obreros menos calificados son los primeros en perder su empleo, exactamente la clase de ciudadanos a quienes los controles de precios pretenden beneficiar.

Los controles de precios afectan negativamente también a las empresas del Estado, cuyas pérdidas se tienen que reponer a través de aumentos en los impuestos y en nuevos préstamos conseguidos por el gobierno. Ambas condiciones sirven sólo para aumentar la inflación y continuar el círculo vicioso.

Bibliografía

• SCHUETTINGER, Robert L.; BUTLER, Éamonn F., Cuatro mil años de control de precios y salarios: Como no combatir la inflación. Buenos Aires. Atlántida. 1979.

El mito del gasto social

Gabriela Calderón*

Washington (AIPE)- Según el gobierno del Ecuador, entre 2006 y 2007 el gasto social creció en 34%, “beneficiando a los más pobres”. Ese aumento, aunque puede sonar revolucionario, es más bien una continuación del crecimiento a tasas de dos dígitos del gasto público que ha ocurrido en Ecuador en los últimos años.

El Premio Nóbel de Economía James Buchanan nos enseñó que en una democracia la toma de decisiones públicas está sujeta a la presión de grupos de intereses especiales —por ejemplo, sindicatos y empresarios que quieren protección estatal porque no quieren competir en el mercado internacional o los ministerios que buscan acrecentar sus presupuestos. Esos grupos, que pelean por repartirse el pastel del presupuesto nacional, suelen utilizar la más efectiva excusa: “el gasto social que beneficia a los más pobres”.


Pero más gasto social no significa menos pobreza. El economista mexicano Roberto Salinas León resume el mito del gasto social en dos puntos: (1) Aumentarlo no crea riqueza, sólo la transfiere de un lugar a otro y para reducir la pobreza hay que crear riqueza. (2) El problema no es la cantidad de recursos sino su desperdicio por la mala gestión de las entidades públicas. Salinas León informa que en México el aparato estatal consume 75% del “gasto social”, por lo que más bien debería llamarse gasto burocrático.

El problema es la administración de los recursos, no su monto. Entre 2003 y 2007, el llamado gasto social en Ecuador creció 129,7%. Si observamos por separado cada ministerio involucrado en el “gasto social” vemos que los aumentos son impresionantes: entre 2004 y 2007 el presupuesto del Ministerio de Bienestar Social creció en 431,7%, el de Desarrollo Urbano y Vivienda en 214,3%, el de Educación en 64,7%, el de Salud en 76,8% y el del Trabajo en 148,2%. Si consideramos al “gasto social” como una industria, no hay ninguna otra industria en el país que haya experimentado un auge similar.

El primer año del mal llamado “gobierno de la revolución ciudadana” debería llamarse “gobierno de la revolución burocrática”, ya que se ha disparado el gasto público sin mejorar los sistemas de rendición de cuentas. Y lo peor es que ese incremento en el gasto no fue a los bolsillos de los más pobres sino de los asalariados en los distintos ministerios. Por ejemplo, en junio de 2007 el Ministerio de Educación y el de Salud gastaron 74% y 50%, respectivamente, de su presupuesto en pagos al personal.

Presentar la cifra de los gastos “sociales” como un triunfo para los más pobres es una broma cruel. El triunfo en la gestión de un gobierno se debe medir con resultados concretos, tales como, crecimiento económico, reducción de la pobreza, acceso a servicios básicos, acceso a la vivienda, etc. El gobierno ecuatoriano se limita a presentarnos un reporte de gastos. ¿Será que no hay resultados positivos que mostrar?

Así vemos que la tasa de crecimiento del Ecuador es apenas 2,65%, mientras que Perú creció 7% y Colombia 6,6%. Lamentablemente, aumenta el costo del consumo popular, pero los pobres no tienen más oportunidades de salir de su pobreza.

____*Editora de ElCato.org (www.elcato.org)

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Homenaje a Ronald Reagan

Primer discurso de investidura
Por Ronald Reagan Traducido por Antonio Mascaró Rotger
Martes 20 de enero de 1981.

Sugiero que el lector se ubique en el tiempo y lugar de dicho discurso, plena guerra fria, mundo bipolar, Estados Unidos decaído moral y económicamente.



Senador Hatfield, Sr. Presidente del Tribunal Supremo, Sr. Presidente, Vicepresidente Bush, Vicepresidente Mondale, Senador Baker, Speaker O'Neill, Reverendo Moomaw y compatriotas.

Para unos pocos de los que estamos hoy aquí esta es una solemne y memorable ocasión; y sin embargo, en la historia de nuestra Nación, es algo que ocurre con normalidad. La transferencia ordenada de la autoridad, tal como establece la Constitución, tiene lugar tal como ha sucedido durante casi dos siglos y pocos de nosotros nos paramos a pensar cuan singulares somos realmente. A los ojos de muchos en el mundo, esta ceremonia cuatrienal que nosotros aceptamos como algo normal no es sino un milagro.

Sr. Presidente, quiero que nuestros compatriotas sepan lo mucho que hizo usted para mantener esta tradición. Por virtud de nuestra cortés cooperación en el proceso de transición, usted le ha enseñado a un mundo expectante que somos un pueblo unido comprometido a mantener un sistema político que garantiza la libertad individual en mayor medida que cualquier otro y yo le agradezco a usted y a su equipo por toda la ayuda prestada en el mantenimiento de la continuidad, que es el baluarte de nuestra República. Los asuntos de nuestra nación siguen adelante. Estos Estados Unidos se enfrentan a una aflicción económica de grandes proporciones. Sufrimos la más larga y una de las peores inflaciones sostenidas de nuestra historia nacional. Distorsiona nuestras decisiones económicas, penaliza el ahorro y quiebra a los esforzados jóvenes y a los jubilados por igual. Amenaza con destrozar las vidas de millones de nuestra gente.

Industrias ociosas mandan trabajadores al paro, causando miseria humana e indignidad personal. A aquellos que sí trabajan, se les niega una recompensa justa por su trabajo mediante un sistema fiscal que penaliza el éxito y evita que mantengamos una plena productividad.

Pero, grande como es nuestra presión fiscal, no se ha mantenido a la par con nuestro gasto público. Durante décadas, hemos acumulado un déficit tras otro, hipotecando nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos por la conveniencia temporal del presente. Continuar esta larga tendencia es garantizar tremendos cataclismos sociales, culturales, políticos y económicos.

Ustedes y yo, como individuos, podemos, mediante el crédito, vivir más allá de nuestras posibilidades, pero sólo por un periodo de tiempo limitado. ¿Por qué, entonces, deberíamos pensar que colectivamente, como una nación, no estamos sujetos a esa misma limitación? Debemos actuar hoy para poder mantenernos mañana. Y que nadie se llame a engaño: vamos a empezar a actuar, a partir de hoy mismo.

Los males económicos se han cernido sobre nosotros a lo largo de varias décadas. No desaparecerán en días, semanas o meses, pero desaparecerán. Desaparecerán porque nosotros, como americanos, tenemos la capacidad ahora, como la hemos tenido en el pasado, de hacer lo que haga falta hacer para preservar este último y mayor bastión de la libertad.

En esta crisis actual, el gobierno no es la solución a nuestro problema. El gobierno es el problema. De vez en cuando, hemos estado tentados a pensar que la sociedad se ha vuelto demasiado compleja para ser manejada por el autogobierno, que el gobierno en manos de una elite es superior al gobierno de, para y por las personas. Pero si nadie de nosotros es capaz de gobernarse a si mismo, ¿quien de nosotros tiene la capacidad de gobernar a otro? Todos nosotros juntos, dentro y fuera del gobierno, debemos soportar el peso. Las soluciones que debemos buscar han de ser equitativas, sin señalar a un grupo para que pague el precio más alto.

Oímos mucho acerca de los grupos de interés. Nuestra preocupación debe dirigirse a un grupo de interés que ha sido desdeñado durante demasiado tiempo. No conoce límites sectoriales o étnicos ni divisiones raciales y cruza las líneas políticas. Se compone de hombre y mujeres que cultivan nuestros alimentos, patrullan nuestras calles, trabajan en nuestras minas y en nuestras fábricas, educan a nuestros hijos, cuidan de nuestros hogares y nos curan cuando estamos enfermos: profesionales, industriales, tenderos, encargados, taxistas y camioneros. Ellos son, en pocas palabras, "Nosotros el pueblo", este pueblo conocido como los americanos.

Bueno, el objetivo de esta administración será una economía sana, vigorosa y creciente que ofrezca igualdad de oportunidades a todos los americanos sin barreras surgidas del racismo o de la discriminación. Volver a poner América a trabajar significa volver a poner a todos los americanos a trabajar. Acabar con la inflación significa liberar a todos los americanos del terror de los costes de vida desbocados. Todos debemos tomar parte en el trabajo productivo de este "nuevo comienzo" y todos debemos compartir el botín de una economía revitalizada. Con el idealismo y la justicia que son el corazón de nuestro sistema y nuestra fuerza, podemos tener una América fuerte y próspera en paz consigo misma y con el mundo.

Así que, mientras empezamos, hagamos inventario. Somos una nación que tiene un gobierno, no al revés. Y esto nos hace especiales entre las naciones de la Tierra. Nuestro gobierno no tiene ningún poder excepto los que le otorga el pueblo. Es hora de corregir y dar marcha atrás el crecimiento del estado que muestra signos de haber crecido más allá del consentimiento de los gobernados.

Es mi intención restringir el tamaño e influencia del aparato federal y pedir el reconocimiento de la distinción entre los poderes otorgados al Gobierno Federal y aquellos reservados a los Estados o a las personas. Todos necesitamos recordar que el Gobierno Federal no creó a los Estados; los Estados crearon el Gobierno Federal.

Para que no haya malentendidos; mi intención no es deshacerme del Estado. Es, por el contrario, hacer que funcione; que funcione con nosotros, no sobre nosotros; que esté a nuestro lado, no que cabalgue a nuestras espaldas. El Estado puede y debe ofrecer oportunidades, no ahogarlas; fomentar la productividad, no suprimirla.

Si nos fijamos en la respuesta a por qué, durante tantos años, conseguimos tanto, prosperamos como ningún otro pueblo en la Tierra, es porque aquí, en esta tierra, liberamos la energía y el genio individual de cada hombre en mayor medida que se había hecho jamás. La libertad y la dignidad del individuo han sido más asequibles aquí que en ningún otro lugar de la Tierra. El precio de esta libertad a veces ha sido elevado, pero nunca nos hemos negado a pagar ese precio.
No es por casualidad que nuestros problemas actuales sean paralelos y proporcionales a la invención e intrusión en nuestras vidas que se derivan del innecesario y excesivo crecimiento del Estado. Es hora de que nos demos cuenta de que somos una nación demasiado grande para limitarnos a sueños pequeños. No estamos condenados, como algunos quisieran hacernos creer, a un declive inevitable. Yo no creo en un destino que vaya a cernirse sobre nosotros hagamos lo que hagamos. Yo creo en un destino que se cernirá sobre nosotros si no hacemos nada. Así que, con toda la energía creativa a nuestra disposición, empecemos una era de renovación nacional. Renovemos nuestra determinación, nuestro coraje, nuestra fuerza. Y renovemos nuestra fe y nuestra esperanza.

Tenemos todo el derecho a tener sueños heroicos. Los que dicen que vivimos en una época en la que no hay héroes no saben donde mirar. Podéis ver héroes cada día yendo y viniendo de las puertas de las fábricas. Otros, un puñado, producen suficiente comida para alimentarnos a todos nosotros y parte de extranjero. Podéis encontraros con héroes al otro lado del mostrador, a ambos lados del mismo. Hay emprendedores con fe en si mismos y fe en una idea que crean nuevos empleos, nueva riqueza y oportunidad. Son individuos y familias cuyos impuestos mantienen el gobierno y cuyas donaciones voluntarias mantienen la iglesia, las fundaciones benéficas, la cultura, el arte y la educación. Su patriotismo es silencioso pero profundo. Sus valores sostienen nuestra vida nacional.

He usado las palabra "ellos" y "su" al hablar de esos héroes. Podría decir "vosotros" y "vuestro" porque me estoy dirigiendo a los héroes a los que me refiero: vosotros, los ciudadanos de esta bendita tierra. Vuestros sueños, vuestras esperanzas, vuestros objetivos serán los sueños, las esperanzas, los objetivos de esta administración, con la ayuda de Dios.

Reflejaremos la compasión que es una parte tan importante de nuestra forma de ser. ¿Cómo podemos amar nuestro país y no amar a nuestros conciudadanos y amándoles, ofrecerles la mano cuando caen, curarles cuando están enfermos, ofrecerles oportunidades para hacerles autosuficientes para que sean iguales de hecho y no sólo en teoría?

¿Podemos arreglar los problemas a los que nos enfrentamos? Bueno, la respuesta es un inequívoco y enfático "sí". Parafraseando a Winston Churchill, no presté el juramento que acabo de prestar con la intención de presidir durante la disolución de la mayor economía del mundo.

En los días venideros, propondré eliminar las barricadas que han aminorado nuestra economía y reducido nuestra productividad. Se darán pasos encaminados a restablecer el equilibrio entre los diversos niveles de gobierno. Puede que el avance sea lento, medido en pulgadas y pies y no en millas, pero será progreso. Es hora de despertar otra vez al gigante industrial, devolver al gobierno a sus asuntos, y aligerar nuestro punitivo sistema fiscal. Y estas serán nuestras primeras prioridades y, sobre estos principios, no habrá compromisos.

En la vigilia de nuestra lucha por la independencia, un hombre que podría haber sido uno de los más grandes entre nuestros Padres Fundadores, el Dr. Joseph Warren, Presidente del Congreso de Massachussets, dijo a sus compatriotas americanos, "Nuestro país está en peligro, pero no hay que perder la esperanza [...] De vosotros dependen las fortunas de América. Vosotros decidiréis las importantes cuestiones sobre las que se asentará la felicidad de millones que aún no han nacido. Actuad como merecéis hacerlo." Pues bien, yo creo que nosotros, los americanos de hoy, estamos listos para actuar como merecemos hacerlo, listos para hacer lo que hace falta hacer para asegurar la felicidad y la libertad de nosotros mismos, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Y mientras nos renovamos en nuestra tierra, en el mundo verán que tenemos más fuerza. Seremos otra vez el modelo de libertad y la antorcha de esperanza para aquellos que ahora no tienen libertad.

Con aquellos vecinos y aliados que comparten nuestra libertad, estrecharemos nuestros lazos históricos y les aseguraremos nuestro apoyo y firme compromiso. Responderemos a la lealtad con lealtad. Nos esforzaremos en conseguir relaciones mutuamente beneficiosas. No usaremos nuestra amistad para imponernos sobre su soberanía, pues nuestra propia soberanía no está en venta. Y por lo que se refiere a los enemigos de la libertad, aquellos que son potenciales adversarios, se les recordará que la paz es la más alta aspiración del pueblo americano. Negociaremos por ella, nos sacrificaremos por ella; no nos rendiremos por ella, ni ahora ni nunca.

Nuestro autocontrol no debería ser malinterpretado. Nuestra reticencia hacia el conflicto no debería ser confundida con una falta de voluntad. Cuando haga falta actuar para preservar nuestra seguridad nacional, actuaremos. Mantendremos la suficiente fuerza para prevalecer si llega el caso, sabiendo que si lo hacemos tendremos la mejor oportunidad de nunca tener que usar esa fuerza. Sobre todo, debemos darnos cuenta de que ningún arsenal, o arma en los arsenales del mundo, es tan formidable como la voluntad y el coraje moral de los hombres y mujeres libres. Es un arma que nuestros adversarios en el mundo de hoy no tienen. Es un arma que nosotros, como americanos, sí tenemos. Que se enteren los que practican el terrorismo y los que rapiñan sus vecinos. Me dicen que decenas de miles de encuentros para rezar tienen lugar en el día de hoy, y me alegro profundamente. Somos una nación bajo Dios, y yo creo que Dios pretendía que fuésemos libres. Sería apropiado y bueno, creo, que en cada Día de Investidura en los años futuros, se declarara un día de plegaria.

Este es la primera vez en la historia que esta ceremonia ha tenido lugar, como se os ha dicho, en la Fachada Oeste del Capitolio. De pie aquí, uno contempla una vista magnífica, abriéndose a la especial belleza e historia de la ciudad. Al final de este espacio abierto están los altares a los gigantes sobre cuyos hombros nos alzamos.

Directamente delante de mí, el monumento a un hombre monumental: George Washington, Padre de nuestro país. Un hombre humilde que llegó a la grandeza a regañadientes. Él llevó América desde la victoria revolucionaria hasta la naciente condición de nación. A un lado, el memorial estatal a Thomas Jefferson. La Declaración de Independencia brilla con su elocuencia. Y, después, más allá del Lago Reflectante, las dignas columnas del Memorial a Lincoln. Quienquiera que entienda en su corazón el significado de América lo encontrará en la vida de Abraham Lincoln.

Más allá de esos monumentos al heroísmo está el Río Potomac, y en la orilla más lejana las colinas inclinadas del Cementerio Nacional de Arlington con sus filas y filas de blancas lápidas con cruces o Estrellas de David. Ellos no son sino una pequeña fracción del precio que se ha pagado por nuestra libertad. Cada una de esas lápidas es un monumento a los tipos de héroes a los que me refería antes. Sus vidas terminaron en lugares llamados Belleau Woods, el Argonne, Omaha Beach, Salerno y al otro lado del mundo en Guadalcanal, Tarawa, Pork Chop Hill, la Reserva Chosin y un centenar de arrozales y junglas de un lugar llamado Vietnam.

Bajo una de estas lápidas yace un joven, Martin Treptow, que dejó su trabajo en una barbería de pueblo en 1917 para ir a Francia con la famosa División Arco Iris. Allí, en el frente occidental, murió mientras intentaba llevar un mensaje entre batallones bajo el fuego de la artillería pesada.

Nos dicen que en su cadáver encontraron un diario. En la hoja de cortesía bajo el título "Mi Promesa", él había escrito estas palabras: "América debe ganar esta guerra. Por lo tanto, yo trabajaré, yo ahorraré, yo sacrificaré, yo me esforzaré, yo lucharé animosamente y sacando lo mejor de mi mismo como si la cuestión de la lucha mundial de mi solo dependiese."

La crisis a la que nos enfrentamos hoy no requiere el tipo de sacrificio que a Martin Treptow y a otros tantos miles se les pidió. Requiere, sin embargo, nuestro mejor esfuerzo, y nuestro deseo de creer en nosotros mismos y de creer en nuestra capacidad de llevar a cabo grandes hazañas; de creer que juntos, con la ayuda de Dios, podemos y resolveremos los problemas a los que ahora nos enfrentamos.

Y, después de todo, ¿por qué no deberíamos creerlo? Somos americanos.

Que Dios os bendiga y gracias.


Fuente: http://www.liberalismo.org/

Cristina y Hegel Vs. La Constitucion

Armando Ribas – agosto 2007.


La señora de Kirchner acaba de manifestar que ella es hegeliana. Esta manifestación parecería esotérica, pues para muchos Hegel es un ignoto personaje. Pero resulta que las ideas ético políticas de este señor, en gran medida constituyeron los principios de los totalitarismos del siglo XX desde el nazismo al comunismo. Esas ideas son precisamente contrarias a las que produjeron la libertad en el mundo partiendo de Locke, Hume, Adam Smith, Madison y, no olvidemos, fundamentalmente Alberdi, que fue la influencia decisiva en nuestra constitución de 1853-60 que cambió la historia de Argentina. Podría decir que a partir de ella se humedeció la Pampa Húmeda durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX cuando Argentina pasó a ser uno de los ocho países más ricos del mundo.

Pero volvamos a las ideas de Hegel comenzando por su teoría del Estado. En su filosofía de la historia dice: “El Estado es la divina idea tal como existe en la tierra… El Estado es la marcha de Dios a través del mundo”. Y en su Teoría del Estado expresa: “El Estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del estado”.

Este principio es la antitesis de la relación del gobierno con los ciudadanos tal como se reconoce en la Constitución de Estados Unidos y en la nuestra. En éstas, por el contrario, el Estado esta formado por hombres y en consecuencia falibles de ahí la necesidad de limitar el poder político. Y al mismo tiempo es precisamente el deber del gobierno el proteger los derechos individuales. Pero no así para Hegel que sigue diciendo: “Si se confunde el Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y libertad personal, se hace del interés del los individuos como tales el fin último en el cual se unifiquen; y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”.

O sea, para Hegel los derechos individuales son un capricho. Preguntémosle a las empresas Argentinas y al respecto dice::“El individuo mismo tiene objetividad, verdad, eticidad solo como miembro del Estado pues el Estado es espíritu objetivo”. El Estado es la realidad de la idea ética: “Es el espíritu ético en cuanto voluntad patente clara para si mismo, sustancial que se piensa y se sabe y que cumple lo que el sabe y como lo sabe”. Decididamente esto es lo que aparentemente piensa Kirchner de sí mismo en su relación con las empresas con la prensa y con la oposición.

Como se sabe, Hegel cambió el sentido de la dialéctica tal como la concibiera Platón. De ser un esquema de conocimiento la convirtió en una dinámica de la historia por la cual “todo lo real es racional “. Es decir las contradicciones lejos de mostrar el error cerraban la brecha entre la realidad y el conocimiento. Por eso cuando uno discute con los marxistas su respuesta es que uno no entiende porque no está concientizado y todavía cree en la lógica formal. Es decir que para Hegel A puede ser no-A. El principio de identidad y el de contradicción desaparecen ante la dialéctica.

Pero siguiendo con la omnipotencia del Estado dice Hegel: “El lado abstracto del deber se afirma se afirma en el omitir y proscribir al interés particular como un momento no esencial hasta indigno”. Pregúntenle a Shell y ahora a los bancos que son los culpables de que subiera el dólar por su interés indigno según Kirchner-Hegel. Pero recordemos a Alberdi: “La omnipotencia del Estado o el poder omnímodo de la Patria respecto a sus individuos que son sus miembros tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica es decir el despotismo puro y simple”. Es a estas ideas hegelianas entre otras a las que Alberdi se refirió cuando le dijo a Sarmiento que había una barbarie ilustrada mucho peor que la del los salvajes de América del Sur.

Hegel por supuesto está igualmente en contra de la autonomía de los poderes. Para el la autonomía de los poderes significa la destrucción del Estado. Por eso la diferencia que hace entre el poder Legislativo, y el Gubernativo es funcional al poder del soberano que define como: “El poder del soberano que representa el poder de la subjetividad como la ultima decisión de la voluntad en la cual los distintos poderes son reunidos en una unidad individual que es la culminación y fundamento de la totalidad… La personalidad del Estado se hace real solo como persona en el monarca. (presidente?).

Una prueba más de la concepción ética de Hegel frente a los intereses particulares lo expresa así: “Como la sociedad civil es la liza del interés privado individual de todos contra todos, aquí también tiene su sede el conflicto del mismo con los comunes negocios particulares y de éstos junto con aquél contra los más elevados puntos de vista y mandatos del Estado”

En consecuencia Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad pues es la representante de los intereses generales. A ello se refiere así: “Los miembros del gobierno y los funcionarios del Estado constituyen la principal parte de la clase media que alberga la inteligencia culta y la condición jurídica de la masa de un pueblo”. Hasta Marx se dio cuenta de la actitud de los burócratas y contestándole a Hegel escribió: “Los Burócratas terminan por convertir en intereses generales lo que no son más que sus intereses particulares de hacer una carrera para si mismo (SIC).

Con respecto a la libertad de prensa encontramos otra coincidencia entre Hegel y el actual gobierno y aparentemente con el cambio que supuestamente se viene. Al respecto dice Hegel: “definir la libertad de prensa como la libertad de hablar y escribir lo que se quiera, corre pareja con el hecho de expedirse acerca de la libertad en general, como la libertad para hacer lo que se desee. Tal discurrir corresponde a la ignorancia aun del todo inculta de la representación”. Por supuesto Hegel considera asimismo que la guerra representa el momento ético en la historia de los pueblos. Por ello no debe considerarse como un mal absoluto: “La salud ética de los pueblo es mantenida en equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (intereses particulares) como el movimientos del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable o perpetua quietud” Definitivamente quietud es lo que no tenemos.

No nos podemos sorprender de que de aquello conceptos llegara al poder Hitler y hoy nos amenazan los monto nazis. Lo que esta en juego en octubre es la libertad y los derechos que garantiza la constitución de 1853-40 hoy violado pertinazmente por el gobierno “Del Poder Supremo” y recordemos una vez más a Alberdi cuando dice: “La Patria es libre en cuanto no depende del extranjero pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto”.

Por ultimo tampoco debemos olvidar la posición de Hegel frente a los judíos basada originalmente en el moralismo Kantiano. “El judaísmo es visto como el espíritu de una psiquis que debe ser redimida primero por la revolución cristiana y ahora en la era moderna por la filosofía “revolucionaria germana”. “Los judíos habían ya cumplido su función histórica y ahora era un pueblo fantasma que debería morir y desaparecer bajo las cenizas de la historia… Los judíos eran hostiles a la verdadera naturaleza que no podrían comprender y con la cual solo se podían relacionar mediante posesiones o dominación” En otras palabras el pecado era el comercio.

¿Más recetas socialistas?


Durante las últimas largas décadas, en buena parte de la región latinoamericana se han aplicado con intensidad variada las recomendaciones socialistas con resultados siempre nefastos, especialmente para la gente mas necesitada. Ahora, resulta que se anuncia como una novedad la implantación mas intensa del colectivismo empobrecedor, para lo que hacen punta Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador con gobernantes trasnochados y discípulos del mandamás cubano.

Se han encaramado en el poder merced a una concepción tramposa de la democracia que hace tabla rasa con los derechos de las minorías. Recientemente, durante los años noventa, no fueron pocos los que se dejaron embaucar con etiquetas liberalizadoras pero, en gran medida, esos experimentos desembocaron en aumentos siderales en el gasto estatal, en la deuda pública y en la carga fiscal, al tiempo que surgieron casos de alarmante corrupción en el contexto de llamadas privatizaciones que significaron el traspaso de monopolios gubernamentales a monopolios privados.

Este cuadro de situación impulsó a muchos partidarios de corrientes de pensamiento de izquierda a señalar un quiebre mas marcado respecto de lo que equivocadamente consideraron (y consideran) políticas liberales. De mas está decir que los efectos negativos del estatismo no se combaten con mas estatismo sino revirtiendo el camino.

Los extremos de esta lamentable situación fueron Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas de Gortari en México, con el agravante del desconocimiento mas palmario de la división horizontal de poderes y el desvergonzado copamiento de los organismos de contralor republicano.

El momento que nos toca vivir sirve para refutar a los distraídos que alegremente sostuvieron que a partir de la caída del muro de la vergüenza en Berlín, era inexorable e irreversible la terminación del socialismo. Esto no es mas que un torpe marxismo al revés. Tal como ha enseñado Popper, en los sucesos humanos no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia. Todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.

Con todos los experimentos truculentos de los megalómanos ingenieros sociales para fabricar “el hombre nuevo” y otras sandeces, a esta altura de los acontecimientos no resulta fácil explicar la insistencia en las fallidas recetas del autoritarismo socialista. Salvo honrosas excepciones, en las universidades se siguen repitiendo machaconamente las virtudes del positivismo jurídico como si no existieran puntos de referencia extramuros de las normas promulgadas por el legislativo, se sigue insistiendo en que el aparato estatal debe tratar a sus congéneres como animales imponiéndoles retenciones al fruto de sus trabajos obligándolos al aporte para sistemas quebrados y absurdos de jubilaciones que sorprenden a cualquiera que tenga alguna remota idea de interés compuesto, se sigue manipulando el mercado laboral que no permite productividades elementales y se sigue pensando que constituye una gracia mayúscula el cerrarse al mundo en una enfermiza autarquía alambrada para adquirir bienes mas caros y de peor calidad.

Entre otros, el caso argentino exhibió un notable progreso desde su organización nacional hasta que hicieron estragos los populismos y las demagogias, primero en la década del treinta y mucho mas intensamente a partir de la década siguiente. Antes de eso último, los salarios de los peones rurales y de los obreros de la incipiente y floreciente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, España e Italia. La población se duplicaba cada diez años. Las exportaciones estaban a la altura de las de Canadá y Australia y con teléfonos per capita y líneas férreas en relación a la población eran igual que en Estados Unidos. En el centenario -1910- la Academia Francesa comparó los debates parlamentarios en aquel país con los que se llevaban a cabo en el seno de esa corporación debido a la cultura que ponían de manifiesto diputados y senadores.

Alexis de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa conjetura que los países que han mostrado gran progreso moral y material, tienden a dar eso por sentado. Momento fatal, porque es allí donde ocupan los espacios vacantes otras corrientes intelectuales. Para bien de los que vivimos en esta región latinoamericana, es de desear que se recapacite y se abandone el uso de fuerza para imponer desde el estado planificaciones atrabiliarias y se le de cabida a los bienhechores principios de la sociedad abierta.

El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.

Los chicos y las armas

General Cosgrove was interviewed on the radio the other day and you'll love his reply to the lady who interviewed him concerning guns and children.

Regardless of how you feel about gun laws you gotta love this!!!!

This is one of the best comeback lines of all time. It is a portion of ABC interview between a female broadcaster and General Cosgrove who was about to sponsor a Boy Scout Troop visiting his military headquarters.

FEMALE INTERVIEWER: So, General Cosgrove, what things are you going to teach these young boys when they visit your base?

GENERAL COSGROVE: We're going to teach them climbing, canoeing, archery, and shooting.

FEMALE INTERVIEWER: Shooting! That's a bit irresponsible, isn't it?

GENERAL COSGROVE: I don't see why, they'll be properly supervised on the rifle range.

FEMALE INTERVIEWER: Don't you admit that this is a terribly dangerous activity to be teaching children?

GENERAL COSGROVE: I don't see how. We will be teaching them proper rifle discipline before they even touch a firearm.

FEMALE INTERVIEWER: But you're equipping them to become violent killers.

GENERAL COSGROVE: Well, Ma'am, you're equipped to be a prostitute, but you're not one, are you?

The radio went silent and the interview ended.

El groncho realista


El gronchaje de clase media tiene demasiadas aristas y como es un campo de estudio que conocemos bien, por pertenecer a él, habrá que segmentarlos para su mejor comprensión. Hay un personaje despreciable del que debemos cuidarnos: El Groncho CM Realista.

Para él todo hay que "bajarlo a la realidad" como si ese fuera un movimiento espiritual deseable. El Groncho CM Realista tiene gran parte de la "cultura" nacional de su lado. Hay un movimiento que lo apoya, glorifica y ensalza. Las películas y libros de hombres comunes, de antihéroes, de perdedores, tienen mayor audiencia que las de tipos que se la juegan.

Desprecia y teme a la figura del héroe. Cuando puede dice que los verdaderos héroes son los "millones de personas anónimas que hacen grande este país", como si lavar ropa, cocinar todos los días o tomarse el colectivo para ir al trabajo fuera una actividad heroica. Son los que confunden la constancia con la heroicidad. Rechazan la complejidad y lo que se sale de la regla. Desprecian al que levanta la voz en la cola de un Banco, en el aula de la facultad, en una reunión de consorcio o en una asamblea de trabajadores.

No entiende que el héroe es el que se la juega, no el que no le queda otra. Este hombre vulgar es de los que van al casino y juegan a negro y colorado, a par e impar, a primera, segunda y tercer docena. El Groncho realista practica desde chico denunciando a sus compañeritos de aula o diciéndole a la chica que nos gusta que no somos un buen partido. Luego, en la universidad, la oficina o la fábrica son los "ojos y los oídos del jefe".

Son los que tratan de evitar la aventura, el riesgo y la sorpresa; y es la voz que siempre está allí para recordarnos que "mejor hubiera sido no hacer nada". La mediocridad, en ellos es una virtud. Dice que los buenos años ya van a venir. Reivindica su derecho a elegir mal. Por eso había que "apoyar a Videla hasta que ordenara el país" o "esperarlo a Alfonsín a que pudiera hacer las cosas".

Su regodeo por la vulgaridad amenaza las mismas bases que han hecho grande a este país. La apuesta a doble o nada cuando el Rey de España estaba preso de Napoleón, o cuando un hacendado salteño juntó al paisanaje para que los Godos no pasaran por el norte mientras otro loco se iba de gira a Chile y Perú, son, en esta cultura del Groncho Realista "cosas que hay que pensar bien antes de hacer".

Se emociona recordando a su abuelo inmigrante, pero él sería incapaz de dejar todo para seguir un deseo profundo, o al menos pasar tres días en carpa en la Laguna de Monte. Las añoranzas del G-Realista se miden en 32 pulgadas y vienen en Plasma o LCD. El no sueña con irse a vivir a una isla sirviendo tragos o vendiendo carnada para pescadores. Jamás haría algo que perjudicara su brillante carrera de cagatintas en esa repartición del Estado, en un consultorio o en su estudio jurídico.

No dona sangre porque puede contagiarse SIDA, no va a la cancha por miedo a los piedrazos, no habla con el vecino por temor a que abuse de su confianza, no presta la goma, la plasticola ni el transportador, porque su mamá no lo deja. Su único momento de gloria cívica fue en el 2001, pero luego se tranquilizó cuando de los $300 por semana, Cavallo autorizó retirar $500 de los cajeros.

Adhiere fervientemente a la visión antropológica de cultura. Por eso se jacta de contestar más de la mitad de las preguntas de Susana Giménez en el Imbatible, o saber la delantera de River del 75. Cualquier intento de excelencia es atacado bajo la condena de aburrido, inútil y sin sentido. Cree que El Principito es una joya de la literatura universal y Juan Salvador Gaviota está a la altura de Por quién doblan las campanas.

Hace culto al neutralismo, pero le preocupa qué opina el mundo de nosotros. Es de los que vuelven horrorizados de cómo somos vistos los argentinos en el extranjero. No se siente parte de nada ni comparte nada con nadie. Su vida es su casa y su patio el mundo. Su bandera es un billete de 20.

No busca que la Reina del Baile le de bola, se conforma con una que le cocine y ordene la casa; o el que puntualmente del uno al cinco le entregue su sueldo y una vez al mes la lleve a cenar afuera. La vida se le va entre delación y delación. Pero tendrá a sus hijos para que lo recuerden como una persona "honesta y trabajadora".

Por eso, como dice Alejandro Dolina, el Groncho Realista no cree que las "deudas de juego son sagradas"; y que se deben pagar con gusto; porque uno sabe que al menos arriesgó.

Ludwig von Mises: Seis conferencias desde Buenos Aires


Desde HACER nos comunican que hay disponible en castellano los discursos que Mises pronunció en Buenos Aires en 1959: POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro. También lo tenéis en inglés en ECONOMIC POLICY Thoughts for Today and Tomorrow. Copio el prefacio de Margit Von Mises, esposa de Ludwig:


El presente libro refleja totalmente la posición del autor por la cual fue – y todavía es – admirado por sus seguidores y vilipendiado por sus oponentes... Si bien cada una de las seis conferencias puede mostrarse por separado como un ensayo independiente, la armonía de la serie completa permite un placer estético similar al que proviene de mirar la arquitectura de un edificio bien diseñado.

—Fritz Machlup, Princeton, 1979—

A fines de 1958, cuando mi esposo fue invitado por el Dr. Alberto Benegas Lynch a ir a la Argentina a dictar una serie de conferencias, se me pidió que lo acompañara. Este libro contiene, por escrito, lo que mi esposo dijo a centenares de estudiantes argentinos en dichas conferencias.

Llegamos a la Argentina varios años después que Perón había sido forzado a dejar el país. Perón había gobernado destructivamente y destruido totalmente los fundamentos económicos de la Argentina. Sus sucesores no habían sido mucho mejores. El país estaba dispuesto a recibir nuevas ideas y mi esposo estaba igualmente dispuesto a proveerlas.

Sus conferencias fueron dictadas en inglés, en el enorme salón de conferencias de la Universidad de Buenos Aires. En dos salas vecinas sus palabras eran simultáneamente traducidas al idioma español para los estudiantes que escuchaban con audífonos. Ludwig von Mises habló sin restricción alguna sobre capitalismo, socialismo, intervencionismo, comunismo, fascismo, política económica y los peligros de una dictadura. Estos jóvenes que escuchaban a mi esposo no sabían demasiado sobre el mercado libre o sobre las libertades individuales. Así como escribí sobre esta ocasión en My years with Ludwig von Mises (Mis años con Ludwig von Mises): 'Si cualquiera en esos tiempos se hubiera atrevido a atacar al comunismo y al fascismo como mi esposo lo hizo, la policía habría entrado y lo habría detenido inmediatamente, y la reunión habría sido disuelta'.

La audiencia reaccionó como si una ventana se hubiera abierto y se permitiera al aire fresco soplar a través de las habitaciones. Habló sin notas. Como siempre, sus pensamientos eran guiados solamente por unas pocas palabras escritas en un trozo de papel. Sabía exactamente lo que deseaba decir y, usando términos comparativamente simples, consiguió comunicar sus ideas a una audiencia no familiarizada con sus trabajos, de una forma en que pudieran entender exactamente lo que estaba diciendo.

Las conferencias fueron grabadas y las cintas fueron más tarde trascriptas por una secretaría hispano parlante cuyo texto tipeado encontré entre los papeles de mi marido después de su muerte. Leyendo la trascripción recordé vívidamente el singular entusiasmo con el que aquellos argentinos habían respondido a las palabras de mi esposo. Y me pareció, como no-economista, que estas conferencias, dictadas ante un público lego en Sur América, eran mucho más fáciles de entender que muchos de los más teóricos escritos de Ludwig von Mises. Sentí que contenían tanto material valioso, tantos pensamientos importantes para hoy y para el futuro, que debían hacerse públicas. Dado que mi esposo nunca había revisado la trascripción de sus conferencias para su publicación en un libro, esa tarea quedó para mí. He sido muy cuidadosa en mantener intacto el significado de cada frase, en no cambiar nada del contenido y en preservar todas las expresiones que a menudo mi esposo usaba y que son tan familiares a sus lectores.

Mi única contribución ha sido juntar frases sueltas y quitar algunas pequeñas palabras que uno utiliza cuando habla informalmente. Si ha sido exitoso mi intento de convertir estas conferencias en un libro, se debe solamente al hecho que con cada oración escuché la voz de mi esposo, lo escuché hablar. Estaba vivo para mí. Vivo en la claridad con que demostraba la maldad y el peligro de demasiado gobierno; en la manera en que exhaustiva y lúcidamente describía las diferencias entre dictadura e intervencionismo; en la ingeniosidad con que hablaba sobre importantes personalidades históricas; en las muy pocas palabras con que conseguía que el pasado volviera a la vida.

Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer a mi buen amigo George Koether por ayudarme en esta tarea. Su experiencia editorial y su comprensión de las teorías de mi esposo fueron de una gran ayuda para este libro.

Espero que estas conferencias sean leídas no sólo por académicos sino también por los muchos admiradores de mi esposo entre los no-economistas. Y sinceramente espero que este libro pueda estar disponible para las audiencias más jóvenes, especialmente escuelas secundarias y universidades, en todo el mundo.

MARGIT VON MISES
New York, June 1979

POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro