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Los austriacos tenían razón (otra vez)

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 4 de agosto de 2011)

Después de más de tres años de confusión, se ha llegado finalmente a un consenso en que estamos de nuevo en recesión. No se está creciendo. El exiguo crecimiento estadístico de los pasados años (nadie se atrevió a afirmar que produjera una recuperación total) era probablemente una ilusión.

Hay crecimiento real y hay estadísticas del gobierno. Las estadísticas han equivocado a los ingenuos, pero ahora la verdad es evidente para todos. No solo eso: afrontamos una calamidad de deuda imposible, el sector bancario es un zombi, los mercados laborales están parados, el sistema está inundado de recursos mal valorados, la vivienda sigue siendo un lío y no hay otro sitio a donde ir que no sea abajo, abajo, abajo.

La QE1 y la QE2, más increíbles esfuerzos de estímulo regulatorio, más océanos de dinero falso creados por Ben Bernanke, más tipos de interés a nivel del mar no han hecho nada salvo daño. Las oportunidades económicas se han cerrado para toda una generación. La libre empresa (y por tanto, toda la prosperidad) está luchando por su propia vida.

Todo esto se debe a la única cosa en la que Bush, Obama, los republicanos, los demócratas y todos los grandes medios de comunicación existentes están de acuerdo en que era lo que era correcto hacer: corregir las tendencias del mercado, estabilizar y luego estimular la macroeconomía. Una palabra: fracaso.

El ABC - Nociones básicas de finanzas

27/07/2011 - Francisco Capella

Algunos agentes económicos disponen de un superávit de recursos (ahorro) de los cuales podrían prescindir a cambio de una compensación adecuada. Otros agentes tienen un déficit de recursos respecto a sus objetivos deseados: tienen un proyecto empresarial o una necesidad de consumo y carecen de medios para ejecutar su plan o satisfacer sus deseos. Los agentes con superávit pueden poner esos recursos en común (acciones o participaciones de una sociedad), o pueden prestárselos a los agentes con déficit (créditos, préstamos, letras, bonos, obligaciones).

La pobreza no es culpa de los ricos.


El viernes 3 de junio se le entregó un premio humilde a un hombre humilde: el Premio Juan de Mariana a toda una vida dedicada a la defensa de la libertad fue a parar a Giancarlo Ibargüen. La corbata de color "rojo Marroquín" delataba, no sólo a él sino a todos los que vinieron desde Guatemala para festejarle, su procedencia: la Universidad Francisco Marroquín.

Su humildad, una de las trazas de su categoría personal, le llevó a interpretar la concesión del premio como un homenaje a la institución que lidera y dirige, y en realidad no era así, el Premio era para él. Pero eso nos permitió a los asistentes a la Cena de la Libertad y a todos los que lo deseen (el vídeo ya está disponible) disfrutar de una lección magistral de pedagogía.

Salario mínimo. Leyes.

Por Henry Hazlitt
Fragmento de "La economía en una lección"

Hemos examinado anteriormente algunos de los perniciosos resultados que producen los arbitrarios esfuerzos realizados por el Estado para elevar el precio de aquellas mercancías que desea favorecer. La misma especie de daños se derivan cuando se trata de incrementar los sueldos mediante las leyes del salario mínimo. Esto no debe sorprendernos, pues un salario es en realidad un precio. En nada favorece la claridad del pensamiento económico que el precio de los servicios laborales haya recibido un nombre enteramente diferente al de los otros precios. Esto ha impedido a mucha gente percatarse de que ambos son gobernados por los mismos principios.

Las opiniones acerca de los salarios se formulan con tal apasionamiento y quedan tan influidas por la política, que en la mayoría de las discusiones sobre el tema se olvidan los más elementales principios. Gentes que serían las primeras en negar que la prosperidad pueda ser producida mediante un alza artificial de los precios y no vacilarían en afirmar que las leyes del precio mínimo, en vez de proteger, perjudican las industrias que tratan de favorecer, abogarán, no obstante, por la promulgación de leyes de salario mínimo e increparán con la máxima acritud a sus oponentes.

No obstante, debería quedar bien sentado que una ley de salario mínimo, en el mejor de los casos, constituye arma poco eficaz para combatir el daño derivado de los bajos salarios y que el posible beneficio a conseguir, mediante tales leyes, sólo superará el posible mal en proporción a la modestia de los objetivos a alcanzar. Cuanto más ambiciosa sea la ley, cuantos más obreros pretenda proteger y en mayor proporción aspire al incremento de los salarios, tanto más probable será que el perjuicio supere los efectos beneficiosos.

¿Crisis del capitalismo?

Alberto Benegas Lynch

Para Benegas Lynch, si se agudizara el estatismo en Estados Unidos y se produjeran los consecuentes barquinazos de mayor envergadura, la onda expansiva crítica se multiplicará aún más profundamente y los efectos serán muy penosas para el mundo libre que entrará en un cono de sombra difícil de revertir.

cuyo contexto aquellos que aciertan con las preferencias del prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Los cuadros de resultados van mostrando las eficiencias relativas para la administración de los siempre escasos recursos.

De allí es que Ludwig von Mises ha escrito que el eje central de la sociedad abierta estriba en la institución de la propiedad, mientras que Marx y Engels sostuvieron que todo su programa se resume en la abolición de la propiedad. No es necesaria la eliminación de ese derecho para producir desajustes en los precios relativos y derroches de los factores de producción. El fascismo es muy fértil para estos desmanes al permitir el registro de la propiedad a manos particulares pero el aparato estatal usa y dispone de la misma, lo que actualmente se suele denominar pragmatismo.

El gobierno de Bush ostenta el triste privilegio de contar con la tasa de mayor crecimiento en la relación gasto público-producto bruto interno de los últimos ochenta años, ha duplicado la deuda estatal que ahora se ubica en el 75% del PBI, absorbió el superávit fiscal de la administración anterior y deja un déficit de 600 mil millones de dólares en un contexto de una asfixiante regulación federal cuyas disposiciones hoy ocupan nada menos que 75 mil folios anuales. Si se proyecta el presupuesto del gobierno central, en 2017 todos los impuestos federales juntos no alcanzan a financiar siquiera el llamado Programa de Seguridad Social.

Las empresas estatales Fannie Fae y Freddie Mac se encaminaron por la politiquería barata de conceder hipotecas sin las suficientes garantías y ahora resulta que se embarcan en un autosalvataje por las barrabasadas cometidas. Por otra parte, la Reserva Federal decidió comprimir artificialmente la tasa de interés con lo que se falsea la relación consumo presente-consumo futuro y hace aparecer proyectos en verdad antieconómicos como si tuvieran un retorno atractivo, con lo que se malguía a los operadores, mientras que el Congreso, con la oposición de mas de la mitad de los miembros del partido gobernante en la Cámara de Representantes, aprobó un rescate que implica usar los fondos de los contribuyentes para darle apoyo a quienes han utilizado irresponsablemente instrumentos financieros o simplemente han errado el camino en Wall Street.

A este cuadro de situación debe agregarse que el lobby financiero empuja al establecimiento del sistema bancario de reserva fraccional lo cual, a la primera de cambio, pone al descubierto que el sistema está en la cuerda floja en cuanto la incertidumbre y la desconfianza que se traduce en modificaciones en la demanda de dinero. Hay un debate jugoso entre los partidarios de la reserva total y el régimen denominado de "free banking" pero ambas posturas coinciden en que el sistema de reserva parcial manipulado por la banca central conduce al peor de los mundos, situación que no se subsana con la imposición de la "garantía de los depósitos" que transfiere recursos de los previsores a los irresponsables quienes son incentivados a realizar colocaciones imprudentes.

Lo más curioso y tragicómico que hay distraídos que a este zafarrancho de estatismo creciente lo catalogan como "la crisis del capitalismo". Ya una vez ocurrió, después de que los Acuerdos de Génova y Bruselas abrieron las compuertas al espectacular desorden monetario que condujo al boom de los años veinte y al posterior crack de los treinta, agravado por las intervenciones erráticas de la Reserva Federal tal como lo explican Milton Friedman y Anna Schwartz.

El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar mi libro titulado Estados Unidos contra Estados Unidos en el que muestro como el gobierno de ese país se ha venido apartando en muy diversos frentes de los extraordinariamente sabios principios de los Padres Fundadores. En los proceso de mercado resulta indispensable que los activos inservibles se den de baja. El "esconder la tierra bajo la alfombra" agrava la situación por más que pueda disimularse la crisis subyacente en el corto plazo para evitar que se paguen los costos políticos correspondientes pero al precio de prolongar y agudizar los problemas reales existentes y afectar severamente a quienes deben renunciar compulsivamente al fruto de su trabajo.

Si la gente considerara que en el balance neto resulta conveniente entregar recursos a los insolventes eso es lo que haría tal como se procede con emprendimientos colosales que requieren sumas astronómicas a plazos muy prolongados y con cláusulas que evitan las trampas de los free riders.

Este es un momento sumamente delicado. Si se agudizara el estatismo en Estados Unidos y se produjeran los consecuentes barquinazos de mayor envergadura, la onda expansiva crítica se multiplicará aún más profundamente y los efectos serán muy penosas para el mundo libre que entrará en un cono de sombra difícil de revertir.

Fuente: Cato Institute

Una gambeta...

Una gambeta al estatismo.
de Gustavo Lazzari

La crisis financiera está provocando un sinfín de comentarios y especulaciones acerca del nuevo rol del estado y la caída del capitalismo moderno.

En Argentina y buena parte de América Latina la crisis es considerada como un bálsamo que permite reverdecer las ideas de la intervención, la "articulación" y el rol del estado protagonista. (Como si medio siglo de estatismo no hubiera sido suficiente)
Sin embargo, la "industria" más competitiva de la Argentina carece de todo control estatal. La regulación es enteramente privada y no requiere permisos, subsidios, protecciones ni habilitaciones de los funcionarios públicos.
Salvo algunos intentos de penosa politización el fútbol no está manchado por el estatismo argentino. Al contrario, los partidos de fútbol son utilizados como fuente secundaria de financiamiento de los destacamentos policiales a través de una dudosa política de seguridad.
La Asociación de Futbol Argentino es una entidad privada. El reglamento del deporte se determina en otra entidad privada de carácter internacional (FIFA). La administración de justicia también es privada y las sanciones se imponen en el marco del acuerdo privado entre clubes.
El origen de todos los equipos del fútbol argentino es privado. Muchos de ellos, incluso, motivados y sostenido en sus comienzos por empresas privadas ferroviarias de capital extranjero. De allí que muchos nombres de equipos remitan al ferrocarril.
Los jugadores de fútbol nacen en potreros privados. Desde niños, los padres enseñan los primeros "toques", las primeras ideas, los colores y la emoción del gol.
Clubes privados barriales, afiliados o no a la AFA, moldean al jugador desde la niñez, adolescencia y juventud. En cada barrio hay uno o más clubes. La competencia es feroz, la regulación pública ninguna.
La exportación de jugadores de fútbol no "requiere permisos previos", ni pagan "retenciones" a las exportaciones, ni se regula la "provisión del mercado interno". No existe un ONCCA en el ámbito del deporte.
El ambiente es plenamente competitivo e igualitario. No hay diferencias sociales, raciales, culturales, religiosas. Lo único que se le pide a los chicos que deciden dedicarse al fútbol es profesionalismo, sacrificio, responsabilidad con su cuerpo y… "buen pie".
Los progresistas cacarean con la mentada "igualdad de oportunidades" sin percibir que es en el ambiente más privado, competitivo y globalizado donde las oportunidades no distinguen nada.
El fútbol argentino es una prueba más que elocuente del funcionamiento del mercado inadulterado. Como toda actividad humana, el fútbol no carece de problemas.
Actualmente hay 662 argentinos jugando en 63 países del mundo. En América del Norte juegan 97, en Sudamérica 252, en Asia 9, en Europa 302 y en Oceanía 2. Es decir que a un promedio de 30 jugadores por plantel, la Argentina exportó un total de 22 equipos completos, es decir una liga entera.
El 15% de los jugadores que militan en el exterior lo hacen en las cinco ligas más competitivas (Italia, España, Alemania, Francia e Inglaterra).
Hay jugadores argentinos donde rara vez llegan nuestros productos Andorra, Azerbaiján, Bosnia, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Islas Feroe, Letonia, Lituania, Malta, Moldavia, Montenegro, Noruega, San Marino, Serbia, Nueva Zelandia, Indonesia, China, India, Maldivas y Vietnam, además de los destinos clásicos del resto de Europa y América.
Nuestra ventaja comparativa en el campo de juego se traslada al banquillo de suplentes. Muchos argentinos dirigen con éxito equipos y selecciones extranjeras.
Todo esto sin favoritismo ni intervencionismo estatal. Incluso sorteando muchas barreras proteccionistas en Europa tales como los cupos de extranjeros.
En cambio las exportaciones de bienes y servicios, protegidas y promocionadas por políticas cambiarias, comerciales y por declaraciones públicas de presidentes y funcionarios no logran los mismos resultados.
Con datos de 2005 (último disponible en http://www.indec.gov.ar/) nuestro país exporta a 178 países. Pero a 42 de ellos le exportamos menos de un millón de dólares al año. A 76 menos de diez millones de dólares al año. El 88% de nuestras exportaciones se destina a 37 países. Mientras que dos tercios (el 66%) es destinado a sólo 12 países.
Puede decirse sin temor a la exageración que el fútbol desregulado y privatizado es más competitivo que el sector exportador protegido, regulado, controlado, articulado, dirigido por el estado.
Quizás contribuya a la comparación el hecho que los jugadores de fútbol compiten en mercados también abiertos. Clubes y potreros hay en todo el mundo. Sin embargo, muchos de nuestros productos de exportación se producen en pocos países. (Sólo una docena de países son exportadores netos de alimentos por ejemplo)
En conclusión, los arrebatos de neoestatismo se enfrentarán con la cruda realidad. El estado es mal promotor y mal articulador. Los que hoy despotrican contra los fallos del mercado, pronto verán en su esplendor los fallos del estado.
Antes que desempolvar viejos textos de Keynes, Marx y demás voceros anti mercado, sería oportuno pisar el "verde césped", ponerse "los cortos" y pegarle al balón con "tres dedos". No sólo es una sensación única. También puede resultar aleccionador.

Gustavo Lazzari http://www.atlas.org.ar/

La desgracia de los bancos centrales

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Creados para evitar las crisis financieras y defender el valor de las monedas, los bancos centrales han funcionado menos como instrumentos de prevención que como causantes de depresiones y colapsos.

Es curioso, pero quienes defienden la existencia de los bancos centrales argumentan que fueron creados para evitar las crisis financieras, defender el valor de la moneda, evitar depresiones económicas y hacer de contralor del sistema financiero. A juzgar por los hechos, el “vetusto” patrón oro, que tanto despreciaba Lord Keynes, resultó ser un instrumento mucho más efectivo que los bancos centrales que pueden imprimir billetes a su antojo.

Si miramos el caso de Argentina, desde que fue creado el Banco Central en 1935, logramos el récord de destruir 5 monedas: el peso moneda nacional, el peso ley 18188, el peso argentino, el austral y, para ser realistas, el que tenemos ahora no es justamente lo que puede denominarse moneda. Un peso actual es equivalente a 10 billones de pesos moneda nacional. Todo esto ocurrió junto con crisis financieras de magnitudes insospechadas. Además, los bancos centrales, manejados por supuestos super cerebros de la teoría monetaria y bancaria, no han parado de generar inflación.

Claro que al leer estas líneas, más de algún desinformado contra argumentará que la crisis de 1929 fue causada por el patrón oro, cuando en realidad el mismo había sido dejado de lado en 1922 en la Conferencia de Génova, cuando se adoptó el patrón de cambio oro. Algo totalmente diferente al patrón oro, dado que en ese año la mayoría de los países abandonaron el patrón oro y utilizaron como reservas el dólar y la libra esterlina.

Mientras tanto, en los últimos días y por estas tierras, más de uno empezó a disfrutar de la crisis financiera internacional, levantando el dedo acusador contra el mercado libre. Pero resulta que ahora empiezan a ponerse nerviosos porque se dieron cuenta que, a pesar de estar aislados del mundo, la ola también nos va a tapar. Basta ver la caída del precio de los commodities con su efecto sobre la economía argentina para advertir que la teoría del desacople fue una ilusión propia de ignorantes.

Al inicio de la crisis Cristina tuvo la soberbia de decirles a los americanos que Argentina no necesitaba un plan B, que los que necesitaban ese plan eran ellos. Pero resulta que ahora empieza a ponerse nerviosa y, ante la estampida del dólar y la parálisis de la economía, tiene que salir rápidamente a inventar un plan B para un país que vivió la fiesta del consumo durante 5 años, gracias a la burbuja que ella critica.

Pero veamos el origen de la crisis. En primer lugar, luce bastante raro que todos los inversores, durante años, se hayan equivocado, al mismo tiempo, en la misma dirección. Desde los precios de los commodities, pasando por las acciones y los desorbitados precios de las propiedades, todo era una fiesta. La gente se endeudaba y los precios de los inmuebles supuestamente no tenían techo al crecimiento. Pregunta, ¿todos los inversores vieron tan errado el futuro o alguien introdujo una distorsión que llevó a que todos se equivocaran?

Basta con ver la tasa de expansión de la base monetaria de EE.UU. para advertir que el legendario Alan Greenspan no se caracterizó por su pericia en el manejo de la FED. Cuando leí su libro "Tiempos de Turbulencia", advertí que, a pesar de su discurso, era un entusiasta intervencionista del mercado.



Para entender qué puede pasar, veamos primero qué pasó.

A principios del 2000 la economía norteamericana mostraba signos de desaceleración. En ese momento Greenspan comienza a expandir fuertemente el dinero y a bajar la tasa de interés, política que acentuó en el 2001 ante el efecto que tuvo sobre la economía el ataque terrorista del 11 de septiembre.

Lo que ocurrió fue que Greenspan llevó la tasa de interés hasta niveles ridículamente bajos a fuerza de generar un alto grado de liquidez. Esa liquidez se volcó a créditos hipotecarios, acciones y demás activos financieros. Pero como no podía ser de otra manera, el exceso de liquidez aceleró la inflación, al tiempo que el aumento en el precio de las commodities, en parte inflado por esa expansión monetaria, retroalimentaba el aumento del Índice de Precios al Consumidor en EE.UU. Cuando en el 2002 la inflación se acelera y tiende a ubicarse por encima del 3% anual, para luego llegar al 5%, dan vuelta la política monetaria y comienzan a subir la tasa de interés, dirección que continuaron hasta el 2006 y 2007. Pero la suba en las tasas comenzó a impactar en los famosos créditos hipotecarios y en el nivel de actividad. De manera que la FED volvió a bajar la tasa de interés, pero el impacto sobre los créditos hipotecarios ya se había producido. Recordemos que el tema de las subprime viene del año pasado.

En apretada síntesis, lo que hizo la FED fue generar una baja artificial de la tasa de interés, produciendo una fenomenal distorsión de precios relativos, por lo tanto, no fue el mercado libre el que elevó los precios de las propiedades, la bolsa o los commodities, sino que fue la FED la que impulsó artificialmente esas alzas mediante una política monetaria fuertemente expansiva. Cuando quiso esquivar la inflación que se le venía encima, cambió repentinamente el rumbo de su política monetaria y todos advirtieron que la burbuja no se iba a desinflar sino que se estaba pinchando. De ahí en más se produce el efecto puerta 12, donde todos quieren salir al mismo tiempo y se genera un tumulto que deja heridos y muertos.

Si uno observa el período de tasas de interés muy bajas, con abundante liquidez que proporcionaba la FED junto con el momento en que se disparan los precios de los commodities, da justo la causalidad que asume Kirchner como presidente. Es decir, Néstor tuvo la suerte de entrar en la casa Rosada cuando empezaba el auge artificial en los precios de los commodities. Y como buen caballero que es, le dejó el lugar a su esposa cuando la burbuja amenazaba con explotar.

¿Qué podemos esperar hacia el futuro en el mundo y en Argentina? En el mundo no sabemos si estamos frente a un overshooting de caídas o todavía no se tocó el fondo. Pero lo más preocupante es que están dejando chanchada económica por hacer para tratar de salir de la crisis.

Sabemos que la gente tiene pánico de dejar sus ahorros en los bancos. También sabemos que el ahorro sirve para financiar consumo e inversión. Y además sabemos que el ahorro es ingreso no consumido. Como la gente no quiere colocar su dinero en los bancos, ni financiar inversiones comprando acciones, lo que están intentando es sustituir el ingreso no consumido, por billetes impresos. Esto me lleva a pensar que, si los principales países del mundo insisten en este rumbo, vamos a seguir andando a los tumbos. Por un tiempo se tranquilizará el mercado y luego volverán los problemas. Aunque sea doloroso, la realidad es que ahora el mercado debería buscar el nivel de precios relativo sin la burbuja de la FED. Pero nadie se anima a aceptar este reacomodamiento y, por lo tanto, una eventual mejora del paciente puede traducirse, al tiempo, en una recaída más profunda. De todas maneras, el intento por evitar más pérdidas con las groserías económicas que se están haciendo, no han dado resultado y, por el contrario, hasta ahora, han generado más pánico.

Por el lado argentino sabemos que el superávit fiscal es dependiente del precio de la soja. Si esta cae, los ingresos fiscales disminuirán y la fiesta de subsidios a la energía, combustibles y transporte público será infinanciable. Si el campo ya estaba en problemas antes de la crisis, ahora está más que complicado. El tarifazo no debería tardar mucho en llegar.

Para colmo de males, Brasil que tenía saldo positivo en su balance comercial con Argentina, devaluó fuertemente el real. Esto implica que deberíamos importar más productos de Brasil y exportar menos productos a ese país. El sector industrial va a tener problemas. El turismo local va a tener competencia de las playas brasileras.

La buena noticia es que la inflación se va a frenar por dos razones: a) la recesión frenará la suba de precios y b) la fuga del peso al dólar hará que el BCRA deje de emitir para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo. Es decir, si Néstor se oponía a principios de año a desacelerar el consumo, el cual ya venía bajando antes de la crisis del campo, ahora se frenó de golpe. Esto implica que, paradójicamente, y como lo señalé infinidad de veces, la solución a la inflación para este modelo era la fuga de capitales.

La mala noticia es que la caída en los precios internacionales le generará menos caja al gobierno y la disminución en la actividad económica le producirá menos ingresos por IVA, aduana e impuesto al cheque, entre otros.

Otro dato que no es menor, es que ante la suba del tipo de cambio, la gente puede: a) cambiar su posición de depósitos a pesos y b) guardar los dólares esperando a que suba más y dejar de consumir profundizando la caída en la actividad económica.

Paralelamente la suba del tipo de cambio aumentará el costo de los insumos importados achicando los márgenes de rentabilidad de las empresas que venden, fundamentalmente, al mercado interno. Los problemas de ocupación comenzarán a hacerse sentir en poco tiempo más.

En definitiva, el mundo entró en esta crisis porque la FED se encargó de crear una burbuja de precios. La burbuja se pinchó y no podemos ver el final de la crisis porque nadie se anima a aceptar que se pinchó y todos creen que todavía están a tiempo de desinflarla. Lo que se pinchó no se desinfla. Simplemente se pinchó y no tolera parches.

En lo que hace a nuestro modelo productivo, los Kirchner van a tener que demostrar cuál es su capacidad de gobernabilidad en un contexto recesivo, sin fiesta de consumo y con una billetera más flaca en el gobierno central.

© www.economiaparatodos.com.ar

Los problemas se multiplican, pero para los K no hay novedades

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El matrimonio Kirchner y sus aliados continúan empecinados en negar la realidad y hacer su propia lectura sesgada de los hechos.

Cada vez es más evidente que los parches, las mentiras estadísticas y los discursos desde el atril buscando conspiradores internos y externos han dejado de tener la efectividad de una anestesia para intentar disimular los problemas de fondo de la economía y las crecientes complicaciones políticas.

Durante unos pocos días de la semana pasada, la crisis financiera internacional logró tapar, transitoriamente, los problemas internos, aunque no lo del todo dado que las desafortunadas palabras de Cristina Fernández hablando de la solidez de la economía argentina y recomendándoles a los norteamericanos que prepararan un plan B, dejó en evidencia la escasa humildad con que sigue manejándose el gobierno.

Desde el punto de vista político el juicio por las valijas de Antonini Wilson van destapando ollas de las que sale un olor nauseabundo. Es que cuando uno busca el poder absoluto y, por un tiempo, logra detentarlo, se siente libre de todo control y la tentación de actuar con total impunidad lo invade como una enfermedad, creyendo que los resortes que uno puede manejar conseguirán tapar todo lo que no se pude esconder bajo una democracia republicana. Sin embargo, los vientos políticos, más tarde o más temprano, suelen cambiar de rumbo, y, en ese momento, saltan todas las tapas de las ollas y el olor a podrido pasa a ser insoportable.

Pero no solamente la cuestión política tiende a complicarse con la creciente oposición del vicepresidente Cobos a los manejos arbitrarios del Ejecutivo, el pedido de la CGT, Moyano incluido, de declarar como crimen de lesa humanidad el asesinato del dirigente sindical Rucci o las sospechas que surgen sobre el financiamiento de la campaña electoral de Cristina Fernández con dinero del narcotráfico, sino que la economía empieza a mostrar claros síntomas de haber entrado en una lucha por la distribución por el ingreso.

El gobierno ha propuesto un aumento de $ 500 fijos no remunerativos como forma de tranquilizar a los dirigentes sindicales ante la creciente inflación. A su vez, los empresarios del sector industrial han salido a decir que no están en condiciones de afrontar nuevos incrementos de salarios. Es que este sector, al igual que el agropecuario, tiene que enfrentar una situación muy diferente a la de un par de años atrás.

En primer lugar, el eufemismo del tipo de cambio competitivo ha dejado de existir por efecto de la inflación interna que se comió el tipo de cambio real.

En segundo lugar, el consumo interno tiende a desacelerarse rápidamente por caída del ingreso real y por incertidumbre. Esto quiere decir que los productores locales tienen, actualmente, menor tasa de rentabilidad y, además, menores niveles de venta. Pero, al mismo tiempo, esos menores niveles de venta deben ser compartidos con crecientes importaciones por efecto de la caída del tipo de cambio real. Las suspensiones en algunas empresas del sector automotriz reflejan que el mercado interno ya no empuja como antes.

En tercer lugar, tenemos a Brasil devaluando su moneda frente al dólar, lo cual impulsará más exportaciones de ese país hacia la Argentina y menos de aquí hacia Brasil. El BCRA deberá empezar a mover hacia arriba el tipo de cambio y así comenzaremos a ver como precios, salarios y tipo de cambio empiezan la típica carrera pre crisis.

En cuarto lugar, la astucia que siempre se le otorgó a Néstor Kirchner para enfrentar situaciones complicadas parece empezar a diluirse. Es que, su esposa, salió a anunciar con bombos y platillos el pago al contado al Club de París como forma de recuperar la confianza en el mercado financiero luego del fisco de los U$S 1.000 millones que le prestó a tasas siderales el comandante Chávez. Ese anuncio, que tiende a diluirse, no consiguió frenar la desconfianza en la capacidad de pago del gobierno argentino al punto que el riesgo país superó los 1.000 puntos. Tampoco consiguió recuperar la credibilidad el anuncio del pago a los holdouts ni la recompra de títulos por parte del BCRA. Esto quiere decir que, mal que les pese al matrimonio, ya nadie cree en sus promesas y palabras, y la astucia de Kirchner con el manejo de la caja se ha agotado.

Pero como si todo esto fuera poco, el ninguneo que el gobierno le aplicó al campo durante meses luego de que este sector levantara sus actos de protesta, han colmado la paciencia de los productores y, nuevamente, tenemos a los productores en las rutas protestando.

Es que esta protesta puede llegar a ser peor que la anterior porque hay dos cosas que los Kirchner no entienden. En primer lugar, ellos deben pensar que los productores tiran las semillas de la soja, el trigo o el maíz y después de esparcirlas por sus campos se tiran en una reposera a tomar mate y comer asado mientras ven a crecer el yuyito o pastar a las vacas, y después se suben a la 4 x 4 para ir a pasear por el pueblo. Daría la sensación que para ellos, la producción agropecuaria es trabajo sin esfuerzo ni riesgo, y pura ganancia. Todavía no han advertido el grado de tecnología que maneja el campo, los riesgos climáticos que asumen, el costo de capital que hay en maquinarias y equipos y el profesionalismo con que se manejan los jóvenes productores que administran los establecimientos con criterios serios de administración de empresas.

El exabrupto de Kunkel diciendo que los productores le pidan al Cardenal Bergoglio que rece más fuerte para que llueva ante la sequía que padecen amplias zonas del país, refleja el grado de resentimiento con que se maneja el gobierno frente al campo luego de haber sido puesto de rodilla por toda la sociedad ante el atropello de la 125. Todo hace pensar que esa derrota política, que por cierto marcó un punto de inflexión en la era kirchnerista, es algo que todavía no ha podido digerir el kirchnerismo. Solo atina a descalificar a los productores y a burlarse de los problemas de sequía que afectan al país. Semejante comportamiento no es ni política ni estrategia. Simplemente es resentimiento y venganza ante quien no se dejó humillar.

El segundo punto que no entienden es que el precio de la soja ya no está en U$S 600 dólares y que los costos de los insumos aumentaron enormemente, lo que a su vez lleva a que los rendimientos por hectárea sean menores por menor uso de agroquímicos. Tampoco parece importarles que, por la sequía, los rindes hayan disminuido. Y, finalmente, parecen desconocer que cuando se producen este tipo de situaciones los primeros en desaparecer del mercado son los productores marginales, es decir, aquellas explotaciones más chicas y con menor rendimiento por hectárea. Es decir, los más chicos son los primeros en acusar el impacto porque tienen menor capacidad de resistencia.

Los que salieron y vuelven a salir a las rutas no son los dueños de los pools de siembra que tanto desprecia el gobierno. Si así fuera, la cantidad de manifestantes en Rosario y en Buenos Aries mostraría que el país está repleto de pooles de siembra.

El campo nuevamente en protesta, los sindicatos presionando por incrementos de salarios y la industria con menores márgenes de utilidad y ventas en bajas muestran una economía que tiende a languidecer.

Pero tan en las nubes viven en el gobierno, que mientras el impacto recesivo comienza a sentirse hasta en los comercios de las ciudades (basta con ver la cantidad de carteles que se ven en locales vacíos con el tradicional “se alquila”) ellos siguen viajando en helicóptero y usando el avión presidencial para irse los fines de semana al sur, todo a costa de los contribuyentes.

Mientras disfrutan de las fiestas de palacio, creen que el pueblo se queja de puro gusto, de simple egoísta que no quiere seguir manteniendo, a fuerza de impuestos, el despilfarro de la corte kirchnerista.

No vaya a ser cosa que al actual gobierno le pase lo mismo que a Luis XVI, que por seguir explotando al campesinado con impuestos abusivos terminó creando el caldo de cultivo para que se gestara la famosa Revolución Francesa. Alejado de toda realidad, el rey francés escribió en su diario el 11 de julio de 1789, por la mañana: “sin novedades”. © www.economiaparatodos.com.ar

La crisis del ’29 y la actual

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Un análisis de las diferencias y semejanzas entre ambas crisis financieras, junto con algunas observaciones respecto al papel de la Argentina.

Muchos se preguntan si la crisis financiera que está viviendo el mercado internacional, particularmente EE.UU., puede llegar a ser igual a la de 1929 que luego se prolongó en una depresión. Mi impresión es que –si bien el desenlace depende de lo que hagan el gobierno americano y el resto de los países– esta crisis puede ser más corta y no tan profunda como la del ’29 en relación al impacto sobre la economía real.

¿Cuál fue la causa que inició la crisis de 1929? En ese entonces, el derrumbe de la bolsa de Nueva York fue consecuencia de la política monetaria llevada a cabo por la Reserva Federal a partir de 1924. El objetivo de esa política monetaria había sido depreciar el dólar para estimular las exportaciones americanas y bajar la tasa de interés de modo tal que los capitales fluyeran hacia Europa para que se fortalecieran las monedas que habían quedado debilitadas, especialmente la libra esterlina, como consecuencia de los costos asumidos durante la I Guerra Mundial.

La baja de la tasa de interés en EE.UU. generó un auge de la bolsa norteamericana que llevó el índice bursátil de 79,8 puntos en 1920 a 260,2 en 1929. Es decir que, en 9 años, la bolsa subió un 226%. La libra esterlina mejoró notablemente su cotización frente al dólar, pero no por mejoras en la productividad inglesa, sino por la política expansiva de EE.UU. (algo parecido, a mi juicio, a la relación dólar-euro de los últimos años). Lo mismo ocurrió con el franco francés a partir de 1926, cuando Poincaré se hizo cargo de la administración de las finanzas públicas en Francia.

Si uno observa el inicio de la crisis del 29 y la compara con la actual, encuentra que hay un denominador común: la política monetaria laxa de la Reserva Federal. Es que, luego del atentado a las Torres Gemelas, la Reserva Federal bajó fuertemente la tasa de interés para estimular la economía que había quedado afectada por el ataque terrorista.

¿Otro denominador común? En ambos casos la expansión monetaria generó auges bursátiles artificiales (si bien en la actualidad se recurrió a diferentes instrumentos financieros más sofisticados), presiones inflacionarias y la depreciación del dólar frente a las otras monedas.

Además, tanto en 1927 como en 2004, la Reserva Federal comenzó a revertir la política de bajas tasas de interés para frenar o disminuir la inflación y el auge bursátil.

¿Qué provocó la suba de la tasa de interés en EE.UU. en 1927? Se desaceleró la economía y el índice bursátil empezó a disminuir hasta terminar en pánico con masivos retiros de fondos en el conocido octubre de 1929.

¿Qué pasó con la suba de la tasa de interés en EE.UU. en los últimos años? Primero afecto los créditos hipotecarios, las famosas hipotecas subprime, dado que en EE.UU. esos créditos son a tasa variable, la gente se encontró con que no podían pagar los préstamos. Las carteras de los bancos perdieron valor y comenzó el efecto desplome derivando en los commodities. Es decir, en ambos casos, primero tenemos políticas monetarias expansivas que generan auges artificiales en los mercados financieros. Cuando esas políticas expansivas se tornan peligrosas por las burbujas financieras y las presiones inflacionarias, se empiezan a subir las tasas generando caída de activos, pérdidas patrimoniales, impacto sobre el nivel de actividad económica y crisis financieras. Es decir, los mismos que generan las burbujas luego las pinchas cuando se asustan por el tamaño que adquieren.

Un dato a destacar, sobre todo en el caso de la crisis del 29. No fue el mercado libre ni el patrón oro los que generaron la crisis, sino justamente el intervencionismo estatal en las políticas monetarias, al igual que en la actual crisis que estamos viendo actualmente.

¿Qué diferencias encuentro, por ahora, entre esta crisis y la del 29? La crisis del 29 fue profunda y larga porque el gobierno trató de paliarla actuando sobre el sector real de la economía con regulaciones al por mayor, no solo en EE.UU., sino en buena parte del mundo occidental. Aumentos del gasto público, cierre de la economía, nueva expansión monetaria, regulaciones de precios. Por ejemplo, en EE.UU. se aprobaron subsidios para que los productores agropecuarios norteamericanos dejaran de producir. La idea es que si frenaban la producción los precios se recuperarían. También se declaró la inconvertibilidad del oro en EE.UU. Lo que se hizo en los años 30 fue trabar la economía y prolongar la agonía. Es decir, en vez de dejar que los precios volvieran a su valor normal luego de la burbuja, el Estado norteamericano aplicó el New Deal que produjo más distorsiones de precios profundizando la recisión y prolongándola en el tiempo.

A diferencia de la crisis del 29, en la actual no se observa que el gobierno norteamericano, por ahora, intervenga en el sector real de la economía con medidas como las del New Deal, regulando los precios, aumentado absurdamente el gasto en obras públicas o cerrando la economía al comercio exterior. Su intervencionismo, que por cierto es altamente cuestionable, está centrado en el sistema financiero. Lo que está haciendo es cubrir los quebrantos financieros con los recursos de los contribuyentes y, probablemente, con una política monetaria expansiva que privilegia la reactivación por sobre la inflación, lo cual puede traer nuevas consecuencias en el futuro. Además, deja de lado la teoría de la sanción moral y sale como el séptimo de caballería a salvar bancos y entidades financieras, con lo cual está sentando las bases para que, en el futuro, nuevamente los inversores asuman riesgos desmedidos con la esperanza de que si se equivocan venga el Estado a salvarlos.

Si el gobierno americano no comete los mismos horrores económicos que cometió Roosevelt con su New Deal, podría ser que esta crisis sea más corta y menos profunda que la del 29 o, en el peor de los casos, que sean tan profunda como la del 29 pero no tan larga, dado que, una vez asumidas las pérdidas de la explosión de la burbuja, los precios relativos se reacomodarían rápidamente y la economía podría comenzar a reactivarse nuevamente.

¿Y por cada cómo andamos?

Dediquemos algunos párrafos a la Argentina. Los comentarios de Cristina Fernández de Kirchner de que el primer mundo se cae como una burbuja y nosotros estamos bárbaros muestran el poco conocimiento de la presidente en materia económica.

Primero, porque si la crisis afecta el precio de las commodities, se acabaría el salvavidas que durante todos estos años le permitió al matrimonio mantenerse a flote a pesar de los destrozos económicos que hicieron. Ya no tendrían que luchar para intentar revivir la resolución 125, sino que les sería imposible sostener los actuales niveles de impuestos a las exportaciones. Y esto significaría, ni más ni menos, que la caja se les agotaría más rápido de lo que se les está agotando actualmente. Puesto en términos políticos, no habría caja para sostenerse en el poder. De manera que no entiendo la alegría con que denuncia al primer mundo, salvo que, por su escasa formación intelectual, no termine de advertir cómo esta crisis puede llegar a golpear a su propio gobierno.

Segundo, que intente convencernos de que el modelo argentino es “el modelo” a imitar refleja que todavía no se enteró de que en Argentina hay inflación, pobreza e indigencia crecientes y ausencia de inversiones. Y creer que no pagar la deuda y defaultear los bonos ajustables por CER es una genialidad financiera también luce como pretender vendernos que hacerse fama de mal pagador de las deudas aumenta la capacidad crediticia. Toda una nueva teoría económica.

En definitiva, es cierto que la Reserva Federal –sobre todo bajo la gestión de Alan Greenspan– cometió gruesos errores, pero los americanos todavía tienen que recorrer un largo camino para alcanzar los dislates de los Kirchner. Por lo tanto, mejor que Cristina remueva la viga en el ojo propio antes de concentrarse en ver la paja en el ojo ajeno.

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Crisis: ni imprevisible ni gratuita

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Aunque algunos lo nieguen o no lo quieran ver, la propia dinámica del modelo económico instaurado por el kirchnerismo incluía el germen de su autodestrucción.

A partir del conflicto con el campo, varios economistas, analistas políticos y periodistas sostienen que esta crisis es innecesaria o gratuita.

Por otro lado, algunos colegas sostienen que los fundamentos de la economía están bien y que el superávit fiscal y de cuenta corriente del balance de pagos aleja cualquier problema. Agregan, además, que si a estos datos se les suma la excelente situación internacional de los precios de los productos que exportan los argentinos, no habría razones para temer una crisis profunda.

Con todo el respeto intelectual que me merecen estas opiniones, mi visión es que esta crisis no era evitable ni gratuita, sino esperable e inevitable, y que lejos de tener fundamentos buenos en lo económico, estamos metidos en un problema de envergadura.

Veamos primero el tema del superávit fiscal. La foto indica que los ingresos siguen siendo mayores que los egresos a pesar de la fuerte suba de éstos últimos. La película no muestra la misma situación que la foto, pero aún mirando la foto solamente, no debe olvidarse que buena parte de este superávit fiscal (del cual no coincido que realmente exista como se sostiene) está basado en impuestos altamente distorsivos. Los derechos de exportación, aún sin la reforma de marzo, constituyen una parte importante de los ingresos fiscales. Por otro lado, si uno mira la película, lo que se hizo en el 2002 fue dolarizar parte de los ingresos impositivos con los derechos de exportación mientras el grueso de los gastos estaban en pesos. En ese contexto la cosa funcionaba de maravillas para el gobierno. Pero la creciente inflación para sostener alto el tipo de cambio erosionó el tipo de cambio real y este tributo ya no rinde lo que rendía antes. Por eso el impuestazo al campo. Digamos que la misma dinámica del modelo tenía el germen de la autodestrucción. Si para sostener alto el tipo de cambio tengo que cobrar el impuesto inflacionario, en algún momento el tipo de cambio real se va a deteriorar y la inflación a descontrolar.

Otro de los motivos del mencionado superávit fiscal tiene que ver con el impuesto a las ganancias. Al no permitirse el ajuste por inflación, el Estado está cobrando impuestos sobre utilidades inexistentes.

En tercer lugar, el impuesto al cheque es impresentable por dónde se lo mire porque para pagar impuestos hay que pagar el impuesto al cheque. ¡Una verdadera locura! La carga tributaria en Argentina ha llegado a niveles insospechados, y si se la ajusta por la calidad del gasto público que ofrece el Estado por los impuestos que cobra, entonces tiende a infinito. En rigor resulta difícil sostener que los números fiscales están bien siendo que el Estado cobra impuestos altísimos y no otorga casi nada a cambio de los mismos en bienes públicos como seguridad, educación, defensa, etc. Cobrar impuestos para disciplinar a gobernadores e intendentes o subsidiar precios artificiales de tarifas públicas y combustibles no es lo que yo denominaría una situación fiscal sólida. En primer lugar porque al abaratar artificialmente las tarifas de los servicios públicos, la demanda crece y la necesidad de subsidiarla aumenta, esto es, requiere de más subsidios al punto que vienen duplicándose cada año. La dinámica del esquema requiere de gasto creciente e impuestos crecientes. Insisto, no me parece sólido este esquema. En segundo lugar porque genera fuertes ineficiencias en el sistema económico afectando la productividad y la tasa de crecimiento. Curiosamente hoy el gobierno usa la misma receta que solía recomendar el FMI cuando se firmaba un stand by. La sugerencia era achicar el déficit y para ello, en vez de pedir un ajuste del gasto, el FMI se conformaba con aumentos de tarifas e impuestos. Para el FMI y los Kirchner es indiferente ajustar por el lado de los gastos o de los ingresos. Curiosa coincidencia.

En lo que hace a la cuenta corriente del balance de pago, el dato clave es el saldo de balance comercial que, por los números del primer cuatrimestre, muestra un saldo decreciente por fuerte aumento de las importaciones. Una causa es el deterioro del tipo de cambio real y la otra por las crecientes importaciones de combustibles para cubrir la crisis energética. Por el lado de las exportaciones han jugado a favor más los precios internacionales que las cantidades. De todas maneras, hace rato que se demostró que el mercantilismo, teoría que ve como buenas las exportaciones y malas las importaciones, es una filosofía basada en la creencia que el intercambio comercial creciente es negativo para las naciones. El modelo mercantilista aplicado por el kirchnerismo, bajo la nueva denominación de modelo de sustitución de importaciones, no solo es viejo sino que es ineficiente. ¿Por qué? Porque al reducir el volumen de comercio, disminuye las necesidades de inversión y, por lo tanto, limita fuertemente las posibilidades de crecimiento. Lo único que se ha conseguido desde de la devaluación hasta ahora es que se reactivara la economía vía la utilización de la capacidad instalada pero con el costo de una inflación creciente. ¿Cómo puede verse como solido a un sector externo que no se integra al mundo y que no admite ingresos de capitales porque tiraría para abajo el tipo de cambio? Si hasta Loustau dijo que si ingresaran todas las divisas de las exportaciones de soja sería un problema para el tipo de cambio competitivo, ¿cómo puede verse como sólido un sector externo que solo cierra con fuga de capitales?

Pero volviendo a la inflación, es otro de los puntos a considerar cuando se habla de que los fundamentals están bien. Con una inflación que ronda el 30% anual y expectativas inflacionarias del orden del 36% anual, se hace difícil afirmar que todo está bajo control. Si a esto se le agrega la fuerte distorsión de precios relativos (combustibles, energía, transporte públicos, etc.) es fácil imaginar el costo político que implica corregir la acumulación de distorsiones en este contexto inflacionario. La caída del ingreso real puede llegar a ser brutal, con la consiguiente recesión.

Es cierto que el conflicto con el campo ha escalado hasta niveles insospechados. Ahora bien, ¿era impensable una situación así? Considerando que el matrimonio presidencial no está capacitado para gobernar y que dedica su tiempo a revolver el pasado, a pelearse con cuanto cristiano hay por la tierra y a subordinar todo a debates de tribuna política, sin una pizca de propuestas de estadistas, no debe sorprender que la crisis del campo haya llegado hasta donde llegó. Es la lógica consecuencia de una forma de hacer política. Denunciar, inventar enemigos y conspiraciones, creer que los votos dan derecho a actuar como un autócrata y amenazar son esquemas que funcionan durante un tiempo hasta que alguien dice basta. ¿Por qué sorprenderse de que los Kirchner hayan llegado hasta dónde llegaron con el campo si no aceptan la más mínima disidencia o punto de vista diferente? Si a Scioli lo maltrataron por hablar de las tarifas de los servicios públicos. A Alarcón la echaron por oponerse a la política ganadera. A Shell dejaron que los piqueteros adictos al gobierno le tomaran una estación de servicios por aumentar el precio de los combustibles. Lavagna fue al Coloquio de Idea para que le pidieran la renuncia. Si por todos estos casos menores ya se mostraba un comportamiento intolerante y autoritario, ¿cómo no iba a pasar lo que pasó con el campo? Por eso, esta crisis con el campo no es gratuita, es la consecuencia lógica de un gobierno intolerante que no acepta que otro tenga una opinión diferente.

En síntesis, mi punto de vista es que lejos de tener fundamentos económicos sólidos, estamos arriba de un tembladeral. No debe confundirse consistencia con la existencia de recursos transitorios para financiar las inconsistencias. Tener recursos para financiarlas no significa tener una economía sólida. Solo significa postergar la resolución de los problemas y agrandarlos generando un conflicto futuro mayor.

En lo político, el gobierno ha establecido el clima de temor. Los empresarios tienen miedo de hablar, los gobernadores e intendentes tienen miedo de hablar. Muchos medios tenían miedo de hablar. La estrategia es, si hablás te vas a encontrar con los piqueteros en la puerta de tu casa, la AFIP te va a hacer una visita o te voy a denunciar públicamente desde el atril. El problema es que de golpe apareció un sector que dijo: voy a hablar y no me vas a amedrentar. Es ahí donde se produce la crisis. ¿Gratuita? No. Previsible porque algún día iba a pasar frente a tanta intolerancia y agresiones gratuitas.

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Gobierno: sin salida y forzando más enfrentamientos

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Los Kirchner comienzan a enfrentar los costos de dos grandes errores: subordinar toda la política económica a sus necesidades políticas y pretender dividir y enfrentar a la sociedad.

Después de semejante impuestazo a las exportaciones de soja, de la posición intransigente del Gobierno y del acto del jueves pasado, ¿alguien piensa que esto puede tener solución? Y si supuestamente la hubiera con el campo, ¿se habrán dado cuenta los Kirchner de que el país es otro, que quedaron políticamente aislados y que sólo cuentan con el apoyo del impresentable de Luis D’Elía y Hugo Moyano? Así como hoy el problema son las retenciones, mañana la chispa puede ser cualquier otro motivo.

Francamente, no me imagino cómo puede hacer el Gobierno para dar marcha atrás con semejante impuestazo, calmar los ánimos de los productores y, al mismo tiempo, dejar sentado ante la sociedad que el Ejecutivo salió victorioso del conflicto. Mi impresión es que esto es un imposible. Me animaría a agregar que los Kirchner se metieron ellos solos en el problema por su voracidad de poder y, hoy, su proyecto aparece jaqueado por haber subordinado toda la política económica a sus necesidades políticas.

El segundo error, luego de la barrabasada del aumento de las retenciones, consistió en pretender dividir y enfrentar a la sociedad. Con la soberbia del poco ilustrado, Cristina Fernández de Kirchner pretendió descalificar a los productores y conseguir que quienes residen en las ciudades la apoyaran. La jugada le salió horrible porque, cinco minutos después de que terminara su primer discurso, gente que no tiene idea de qué es una vaca, ni una retención o la soja salió a las calles a golpear sus cacerolas en señal de protesta contra el Gobierno. ¿En protesta de qué? Puede ser que de las retenciones y en apoyo del campo. Sin embargo, desde mi punto de vista, las retenciones, la protesta del campo y la agresividad de las palabras de Cristina fueron el disparador de la bronca acumulada en la sociedad por la inflación, la inseguridad, la corrupción y la forma autoritaria de manejar el poder.

Cristina vuelve a equivocarse de punta a punta cuando dice que las que salieron a golpear las cacerolas fueron las señoras paquetas. Evidentemente, la presidenta tiene menos calle que Venecia porque los cacerolazos no fueron sólo en Olivos o Quintana y Callao. Los hubo también en Palermo, Flores y Caballito, por no hacer un largo listado del resto del país. El tractorazo que se hizo en Córdoba en plena ciudad fue aplaudido por la gente común. Por otro lado, le cuento que en Olivos vive gente de clase media, personas que vivieron toda su vida allí, que hoy están jubilados y no pueden mantener sus casas porque el intendente y la provincia de Buenos Aires triplicaron el impuesto inmobiliario y la tasa de ABL. Es más, le sugiero a Cristina que vaya todos los martes a la municipalidad de Vicente López, a eso de las 8 de la noche, a ver las manifestaciones en contra de los aumentos. Le queda a apenas cuatro cuadras de la quinta presidencial y no necesita usar el helicóptero para llegar. Si se acerca, podrá ver que en su barrio no vive solamente la gente paqueta.

Su segundo discurso, que intentó ser más moderado que el primero, estuvo plagado de generalidades y temas que nada tenían que ver con el campo. No pude dejar de esbozar una sonrisa cuando Cristina dijo que el peronismo siempre fue víctima de los golpes de Estado y ningún partido político los apoyó. Señora presidenta, por si no lo recuerda, Juan Domingo Perón participó del golpe de Estado de 1930 contra Hipólito Irigoyen. Luego, actuó en el golpe de 1943 y ocupó cargos relevantes durante ese gobierno de facto. De manera que, señora presidenta, repase la historia y se enterará de que el peronismo surgió a la vida política fregoteando con los militares y políticos para voltear gobiernos constitucionales.

Dejemos de lado la historia y volvamos a la actualidad. El Gobierno sostiene que las retenciones se aumentaron para terminar con el monocultivo y que su objetivo es que se produzca más carne, trigo y lácteos. Señora, fueron su marido y su secretario de Comercio Interior quienes con las regulaciones, las prohibiciones de exportación, los controles de precios y demás medidas intervencionistas desestimularon la producción de leche, trigo y carne. Y ahora pretenden vender como argumento que ponen las retenciones a la soja para terminar con el monocultivo. Con esto quiero decir que, por más que bajen las retenciones a la soja, las otras producciones no se reactivarán hasta que no paren de castigarlas con las medidas de su genial secretario de Comercio inspiradas en la heterodoxia de Néstor.

Claro, el objetivo ha sido siempre tener una caja abundante para que gobernadores e intendentes tengan que ir al pie. “Si no me apoyás, no te doy el cheque y se te incendia la provincia y el municipio porque no vas a poder pagar los sueldos”, es el discurso subliminal.

Estrategia de corta vida ésta, porque ahora los gobernadores pueden tener acceso a la caja del Ejecutivo, aunque ni ellos ni los intendentes pueden caminar por las calles de sus provincias y municipios porque la gente está enardecida ante la pasividad de todos ellos frente al impuestazo al campo. Gobernadores e intendentes se debaten, en este momento, entre perder la bendición de la caja o tener una pueblada en sus provincias e intendencias. Por lo tanto, parece que la caja se está agotando como mecanismo de controlar el poder.

Si la inflación, la inseguridad y la corrupción han puesto de muy mal humor a la población, mandarlo a D’Elía a atacar a la gente que pacíficamente protestaba en la Plaza de Mayo fue un error más grave.

¿En serio pensarán los Kirchner que podrán controlar el descontento popular mandando a la calle a los matones de D’Elía? ¿Creen en el Gobierno que con fuerzas de choque van a modificar el malestar de la población? El matrimonio Kirchner parece no recordar que, en 1982, los militares, con todo el poder de las armas, no pudieron controlar el descontento popular por la crisis económica más la derrota de Malvinas y tuvieron que salir corriendo del poder. Sentarse sobre las bayonetas no es solución cuando la situación económica se desmadra. Tampoco es solución sacar las fuerzas de choque a la calle para frenar el descontento. Porque, seamos claros, D’Elía puede ser muy guapo con sus patoteros atropellando a gente que sólo tiene una cacerola para defenderse, si bien dudo que se le anime a los chacareros enardecidos.

¿En qué situación estamos? Desde el punto de vista económico, la inflación está desbordada por la emisión monetaria y las medidas autoritarias de controles de precios y regulaciones no sólo no frenaron el proceso inflacionario, sino que lo agravaron.

A esto se le agrega el impuestazo al campo, que sólo tiene retorno si el Gobierno se da por vencido y reconoce que cometió un error. Si no acepta dar marcha atrás y sigue convocando a los productores para hablar de las vacas que vuelan, la gente se va a poner peor y el conflicto continuará.

Los precios relativos están totalmente distorsionados y corregirlos implica ir a una especie de Rodrigazo que a esta altura del partido difícilmente el Gobierno pueda soportar políticamente. Para sostener esta distorsión de precios relativos se necesitarán muchos más impuestazos, porque la caja no es infinita.

¿Qué salida le queda al Gobierno? Seguir con sus fuerzas de choque en la calle. Por alguna razón, D’Elía estuvo en el palco de honor mientras hablaba la presidenta en Parque Norte. Esto ocurrió poco después de que el líder de la Federación de Tierra y Vivienda hubiera desplegado su matonismo para tomar la Plaza de Mayo, como si tomándola la gente no pudiera manifestarse en otros lugares. D’Elía puede quedarse a vivir en la Plaza de Mayo, pero eso no va a impedir el malestar de los ciudadanos con una inflación que tiende a descontrolarse.

Todo parece indicar que el Gobierno quiere forzar una escalada de violencia para poder reprimir. Y no me sorprendería que hasta declarara el estado de sitio para terminar de abrochar su objetivo de poder hegemónico.

Digo que no me sorprendería esa estrategia porque fue la que utilizaron los montoneros en los 70. Como no podían justificar sus actos de violencia contra un gobierno elegido por el voto, como era el de Isabelita, iniciaron una matanza indiscriminada de militares y policías para forzar el golpe. Los montoneros necesitaban un gobierno de facto para justificar su violencia con el objetivo de establecer una dictadura al estilo cubano.

Esperemos que por la cabeza de los gobernantes no esté pasando la idea de forzar una violencia cada vez mayor para terminar de destrozar las instituciones, porque esa jugada sería mucho más grave que el aumento de las retenciones a la soja. © www.economiaparatodos.com.ar

Atrapado y sin salida

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El estilo de gobierno del matrimonio Kirchner es responsable de haber metido al país en un callejón en el que no hay escapatoria.

A medida que van pasando las semanas, y a pesar del enorme esfuerzo que se hace para transmitir que la economía marcha bien y no hay complicaciones serias a la vista, cada vez es más evidente que el Gobierno está atrapado sin salida en su política económica.

La apuesta a la reactivación vía la expansión monetaria ha llegado al tope de sus posibilidades. La inflación se ha desbordado, literalmente, porque la demanda de moneda ya no aumenta: cada peso que emite el Banco Central de la República Argentina (BCRA) se va a los precios. Como el BCRA defiende el valor del dólar en vez del valor del peso, tiene que cobrar el impuesto inflacionario para defender la divisa estadounidense. Sin embargo, ese impuesto inflacionario ha licuado el tipo de cambio real, al punto de que algunos sectores empresariales comienzan a reclamar un dólar aún más alto. La gran pregunta es: ¿cómo?

Al mismo tiempo, el aumento de la inflación hace caer el salario real y amenaza al motor de la reactivación desde 2002 hasta ahora, que es el consumo. Para que este no caiga, el Gobierno tiene que otorgar aumentos de salarios que, al menos, igualen la tasa de inflación. El costo de estas medidas implica una pérdida de rentabilidad para las empresas. Por su lado, éstas tienen que optar por ajustar precios o perder capital de trabajo, dado que si venden a precios más bajos luego no pueden reponer el stock de mercadería vendida.

El primer y claro problema en que está atrapado el Gobierno tiene que ver, entonces, con haber ignorado la inversión competitiva como paso inicial y genuino para crecer. Y como la inversión no depende solamente de los precios relativos y otras variables económicas, sino también del respeto por los derechos de propiedad y la previsibilidad en las reglas de juego, la salida del atolladero pasa a ser más complicada porque el matrimonio Kirchner no inspira la confianza necesaria para atraer capitales de largo plazo. Digamos que el principal problema para salir del actual esquema son ellos mismos. Sus formas de actuar, de construir poder y de manejarlo podrán ser beneficiosas en el corto plazo para sus aspiraciones personales, pero totalmente contradictorias con una Argentina que pretenda crecer en el largo plazo.

La decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de controlar los precios y la estructura de costos de las empresas muestra claramente que la administración kirchernista ignora por completo la importancia del marco institucional como generador de inversiones. La razón es muy sencilla. Si Moreno asigna su tiempo a analizar los costos de las empresas y a determinar si la utilidad que tienen es correcta o no, surge la gran pregunta: ¿qué es una utilidad correcta para Moreno? ¿Cuál debería ser la utilidad de una empresa en la Argentina considerando esta calidad institucional? Porque es de suponer que Moreno no debe creer que es lo mismo la calidad institucional de Holanda que la de nuestro país. Por lo tanto, las tasas de rentabilidad que se les piden a las empresas en ambos países son totalmente diferentes. A menor riesgo institucional, menor tasa de rentabilidad. A mayor riesgo, mayor tasa de rentabilidad. Salvo que Moreno pretenda inventar la pólvora y establecer que para el inversor es indiferente la volatilidad en la reglas de juego, por lo que pediría misma rentabilidad a una inversión hundida en Holanda o en la Argentina.

De manera que lo que pronosticamos en estas páginas durante meses, lamentablemente, comienza a cumplirse. Estamos en presencia de una lucha por la distribución del ingreso que será imparable sin un cambio de modelo económico. Al mismo tiempo, el cambio de modelo económico requiere de personajes con un manejo del poder totalmente diferente al del matrimonio Kirchner.

El segundo problema que los tiene atrapados es el de la energía. Razonando en forma muy precaria, el Gobierno cree que el precio internacional de la energía no tiene por qué estar ligado al del mercado interno. La creencia del oficialismo es que, si el petróleo se produce acá, no hay razón por la cual deba tener el mismo precio que en el mercado internacional. Lo que falla en este razonamiento es que el capital es escaso y hay costos de oportunidad. ¿Por qué invertir para extraer gas o petróleo en un país en donde el precio es menor al internacional si en otros países se puede obtener el precio internacional pleno? El ejemplo más evidente es el de Evo Morales. Después de hacerse el guapo con sus medidas autoritarias y socialistas, descubrió que no tiene recursos para extraer el gas, lo cual lo lleva a decirle a Cristina Kirchner que no puede cumplir con el envío de gas pactado. Este caso es el mejor ejemplo para que los funcionarios del Gobierno entiendan la relación entre instituciones y crecimiento económico.

El tercer problema, ligado al anterior, es el de los subsidios para sostener artificialmente bajos algunos precios de la economía. En 2007, el Gobierno destinó $ 14.626 millones a subsidiar diferentes actividades, 125% más que en 2006. De esa cifra, $ 8.331 millones fueron a parar al subsidio del sector energético, lo que significó aumentar estos recursos un 107% respecto al año anterior. Es decir, el Gobierno duplicó el subsidio a la energía, pero no solucionó el problema energético. Lo agravó. ¿Por qué? Porque estuvo financiando flujos artificialmente bajos con subsidios mientras, por otro lado, completaba el precio artificialmente bajo de la energía consumiendo el stock de capital del sector.

Con el transporte le ocurrió algo parecido. En 2007, asignó subsidios a ese rubro por $ 4.219 millones, un 125% más que en 2006. Sin embargo, los trenes, subtes y colectivos no han mejorado en la calidad de sus prestaciones. Al igual que en el caso energético, cada vez se gasta más plata para tener peores servicios.

Al sector alimentario, el Gobierno le destinó $ 1.810 millones de subsidios en 2007. Ahora volvemos con las prohibiciones de exportar trigo, limitaciones a las exportaciones de carne, controles de precios y de costos del sector, amenazas, entre otras medidas.

Como podemos ver, el Gobierno se ha metido en un serio problema. Retrasa artificialmente los precios de algunos productos y financia ese retraso con subsidios y consumo de capital, con lo cual el problema no termina de resolverse nunca, sino que se agrava, dado que al disminuir el stock de capital se reduce la oferta, el precio sube y el subsidio tiende a crecer.

Veamos de nuevo el caso de la energía. Al productor de gas interno se le paga U$S 1,7 por millón de BTU. Evo Morales nos vende gasta a U$S 7 por millón de BTU. De todas maneras, como el presidente de Bolivia tampoco nos puede abastecer por falta de inversiones, habrá que recurrir a Hugo Chávez para que nos envíe fuel oil a un costo equivalente a U$S 13 por millón de BTU. Es decir que el Gobierno no quiere que el productor local reciba más de U$S 1,7 por millón de BTU, aunque terminará pagando U$S 13 para importar fuel oil. En rigor, ese sobreprecio no lo pagarán ni Néstor ni Cristina, sino los contribuyentes. Toda una curiosidad de este modelo productivo.

Lo que vemos, entonces, es que cada vez hay más inflación, cada vez es más represivo el control de precios, cada vez pagamos más impuestos, cada vez damos más subsidios para tener menos energía y peor transporte. Cada vez nos enterramos más y nos quieren convencer de que estamos en la cúspide del mundo.

El Gobierno está atrapado, y sin salida, en su modelo económico. La puerta está cerrada porque su manejo del poder bloquea toda posibilidad de salir del embrollo en que nos han metido. © www.economiaparatodos.com.ar

Economia I - Por Ron Paul (Clase 2)

A ver mis cabecitas de ñoquis...

El mito del gasto social

Gabriela Calderón*

Washington (AIPE)- Según el gobierno del Ecuador, entre 2006 y 2007 el gasto social creció en 34%, “beneficiando a los más pobres”. Ese aumento, aunque puede sonar revolucionario, es más bien una continuación del crecimiento a tasas de dos dígitos del gasto público que ha ocurrido en Ecuador en los últimos años.

El Premio Nóbel de Economía James Buchanan nos enseñó que en una democracia la toma de decisiones públicas está sujeta a la presión de grupos de intereses especiales —por ejemplo, sindicatos y empresarios que quieren protección estatal porque no quieren competir en el mercado internacional o los ministerios que buscan acrecentar sus presupuestos. Esos grupos, que pelean por repartirse el pastel del presupuesto nacional, suelen utilizar la más efectiva excusa: “el gasto social que beneficia a los más pobres”.


Pero más gasto social no significa menos pobreza. El economista mexicano Roberto Salinas León resume el mito del gasto social en dos puntos: (1) Aumentarlo no crea riqueza, sólo la transfiere de un lugar a otro y para reducir la pobreza hay que crear riqueza. (2) El problema no es la cantidad de recursos sino su desperdicio por la mala gestión de las entidades públicas. Salinas León informa que en México el aparato estatal consume 75% del “gasto social”, por lo que más bien debería llamarse gasto burocrático.

El problema es la administración de los recursos, no su monto. Entre 2003 y 2007, el llamado gasto social en Ecuador creció 129,7%. Si observamos por separado cada ministerio involucrado en el “gasto social” vemos que los aumentos son impresionantes: entre 2004 y 2007 el presupuesto del Ministerio de Bienestar Social creció en 431,7%, el de Desarrollo Urbano y Vivienda en 214,3%, el de Educación en 64,7%, el de Salud en 76,8% y el del Trabajo en 148,2%. Si consideramos al “gasto social” como una industria, no hay ninguna otra industria en el país que haya experimentado un auge similar.

El primer año del mal llamado “gobierno de la revolución ciudadana” debería llamarse “gobierno de la revolución burocrática”, ya que se ha disparado el gasto público sin mejorar los sistemas de rendición de cuentas. Y lo peor es que ese incremento en el gasto no fue a los bolsillos de los más pobres sino de los asalariados en los distintos ministerios. Por ejemplo, en junio de 2007 el Ministerio de Educación y el de Salud gastaron 74% y 50%, respectivamente, de su presupuesto en pagos al personal.

Presentar la cifra de los gastos “sociales” como un triunfo para los más pobres es una broma cruel. El triunfo en la gestión de un gobierno se debe medir con resultados concretos, tales como, crecimiento económico, reducción de la pobreza, acceso a servicios básicos, acceso a la vivienda, etc. El gobierno ecuatoriano se limita a presentarnos un reporte de gastos. ¿Será que no hay resultados positivos que mostrar?

Así vemos que la tasa de crecimiento del Ecuador es apenas 2,65%, mientras que Perú creció 7% y Colombia 6,6%. Lamentablemente, aumenta el costo del consumo popular, pero los pobres no tienen más oportunidades de salir de su pobreza.

____*Editora de ElCato.org (www.elcato.org)

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Economia I - Por Ron Paul (Clase 1)

Mas claro. Hechenle agua.

No robe: al Estado no le gusta la competencia

Roberto Cachanosky © www.economiaparatodos.com.ar

La vorágine impositiva, la corrupción, el clientelismo y el despilfarro de los fondos públicos caracterizan a una Argentina en donde la trampa y el saqueo han reemplazado a la cultura del trabajo y del esfuerzo.

Los escándalos de corrupción que surgieron en los últimos tiempos en la Argentina hubiesen hecho caer al gobierno de cualquier país medianamente organizado. Y si el gobierno no hubiese caído, seguramente se habría visto en serios problemas, con renuncias de funcionarios relevantes y magros resultados electorales. Sin embargo, pareciera ser que, si bien la gente repudia casos como los de Skanska, la bolsa de plata de Micelli, las valijas de Antonini Wilson o tantos otros que podríamos nombrar, decía, si bien la gente parece repudiarlos, es como si los aceptara como un dato de la realidad. No los aprueba, pero tampoco sale a hacer marchas por la calle para repudiar semejantes cosas. Evidentemente, el argentino se ha acostumbrado a ciertas reglas de juego perversas y solo se produce alguna reacción social de envergadura cuando a la gente le meten la mano en el bolsillo –como fue el caso del corralito– o cuando se produce algún estallido inflacionario.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir bajo reglas tramposas donde todo es cínico y mentira.

Los gobiernos nos expolian con impuestos hasta niveles insospechados. Esas delirantes cargas tributarias siempre son presentadas como impuestos que tienen que cobrarse en nombre de la justicia social, sin embargo, todos saben que ni el dinero va a parar a los destinos sociales que dicen asignarse, ni la gente paga todos los impuestos que tiene que pagar. Salvo en contados casos el contribuyente paga todo y es cuando éste tiene una alta exposición pública o por la envergadura de la empresa se hace imposible evadir.

Desde el punto de vista fiscal todo es una mentira. Los impuestos son confiscatorios y distorsivos, la plata que se recauda se pierde en los pliegues de una burocracia que tiene que sobrevivir a cualquier costo, cuando no se destina a financiar actos de corrupción o clientelismo político. La información que acaba de dar el nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre los ñoquis que descubrieron, es solo un pequeño botón de muestra de lo que son la administración pública nacional, provinciales y municipales en Argentina.

La creencia popular es que la economía de mercado es igual a la ley de selva, según la cual unos se matan a otros para sobrevivir. La realidad es que las reglas que imperan en la Argentina, que lejos están de ser las de una economía de mercado, son justamente equiparables a la ley de la selva en el que el más fuerte se devora al más débil o, si se prefiere, donde impera el salvajismo más atroz fruto de la omnipresencia estatal.

Proteccionismo, subsidios de todo tipo, dirigentes sindicales que usan la amenaza como forma de “conquistas” sociales, piqueteros con fuerzas de choque, dirigentes políticos que pueden formular las declaraciones más descaradas sin que se les mueva un pelo mientras usan el dinero de los contribuyentes para establecer sus esquemas de poder, gente que se siente con derecho a que otro le pague la vivienda sin explicar porqué el otro tiene esa obligación, pedidos para que se creen bancos que le den créditos baratos a determinadas empresas. En definitiva, los argentinos nos acostumbramos a vivir bajo un sistema que en vez de crear riqueza la destruye. Vivimos, como dije en otra nota, en un saqueo generalizado y, lo peor, es que un gobierno atrás de otro ha estimulado ese sistema de vida, siendo el Estado, obviamente, parte del saqueo, cuando no el que lidera el saqueo.

En la selva, unos animales matan a otros por hambre. En la Argentina, unos matan a otros, económicamente hablando, por codicia y poder.

Causa indignación escuchar a algunos recaudadores de impuestos formulando discursos sobre la inmoralidad de no pagar los impuestos, mientras la corrupción y el despilfarro de los fondos públicos es cosa de todos los días. ¿Con qué autoridad moral se exige tanto cumplimiento impositivo si el Estado despilfarra descaradamente los impuestos y, encima, se da el gusto de no informar sobre cómo los gasta? No hay comportamiento más inmoral que el de quitarle el fruto del trabajo a la gente para despilfarrarlo en subsidios, prebendas, corrupción y burocracia, gracias al monopolio de la fuerza que detenta el Estado. A la nuestro país le cae como anillo al dedo aquella vieja frase que dice: No robe. Al Estado no le gusta la competencia.

La Argentina debe ser uno de los pocos países que, de la noche a la mañana, mediante fabulosas transferencias patrimoniales, transforma a pobres en ricos y a ricos en pobres. Pocos son los que esperan construir su futuro en base al fruto de su trabajo. Más bien, cada uno aprovecha los bruscos cambios de precios relativos para acaparar una fortuna, la cual, si no es precavido, puede perderla en la próxima crisis. Todos aprovechan el momento y mañana verán.

Como el objetivo básico no es crear riqueza, sino apoderarse del trabajo de los otros, y todos sabemos que ésa es la regla, no podemos esperar otra cosa más que continúe esta larga decadencia que venimos padeciendo. Y esto seguirá así hasta que se produzca la próxima crisis económica. Puede ser que en ese momento recuperemos la cordura y, de una vez por todas, dejemos la trampa y el saqueo de lado y adoptemos la cultura del trabajo y el esfuerzo como forma de vida. Claro que, el primer ejemplo mostrando el nuevo camino deberá venir desde los gobernantes.

La Argentina se aleja de los países accesibles para invertir

© infobaeprofesional.com

Un informe del Banco Mundial asegura que la burocracia para iniciar un negocio, la fuerte carga impositiva y la rigidez de las relaciones laborales desmotivan el ingreso de capitales extranjeros. Elaboró un ranking y ubicó a nuestro país en el puesto 109, entre los 178 que fueron analizados.

Según el informe Doing Business 2008, que elabora el Banco Mundial, existe una serie de factores que complican el ingreso de inversiones en la Argentina, entre los que destaca la burocracia para iniciar un negocio, la fuerte carga fiscal y las regulaciones que dan una fuerte rigidez a las relaciones laborales.

Esas cualidades ubican a la Argentina en el puesto 109, entre los 178 países en los que se analizaron las regulaciones que incentivan y desmotivan las inversiones.


En la región, Chile muestra mejores condiciones (se ubica 33º), seguido por México, Perú, Uruguay y Paraguay, que se posicionan en los lugares 44, 56, 98 y 103 del ranking, respectivamente. En tanto, Brasil recién aparece en la 122ª colocación.

Para realizar el análisis, el estudio toma en cuenta diez variables y fases que afectan el desarrollo de un emprendimiento:
  • Apertura de un negocio
  • Manejo de licencias
  • Empleo de trabajadores
  • Registro de propiedades
  • Obtención de créditos
  • Protección de inversores
  • Pago de impuestos
  • Comercio trasfronterizo
  • Cumplimiento de contratos
  • Cierre de una empresa
Entre los apartados en los que la Argentina figura por encima de la media mundial se destacan la Obtención de créditos (48) y el Cumplimiento de contratos (47), mientras que en los rubros que queda mal posicionada son Empleo de trabajadores y Pago de impuestos (ambos en el puesto 147).

Sin embargo, hay que tener en claro que el país no bajó de nivel por sí mismo, sino por el mejor desempeño de las otras economías.

Así, el economista Fausto Spotorno, miembro de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, destacó que "lo que se ve en el informe es que los países van mejorando, pero que la Argentina no ha hecho mucho y que inclusive en algunas cuestiones ha empeorado".

Para el Spotorno, "el país ha estado comprometido con otras cuestiones pero éste es un tema a tener en cuenta de acá en adelante".

Las malas notas
  • Facilidad para los negocios
El informe destaca a los países que más hicieron innovaciones para facilitar los negocios y tuvieron mayores impactos en sus economías. Como líderes nombra a Egipto y a Croacia, mientras que la Argentina figura con una nota negativa en el apartado Cierre de empresas.

Cuando los empresarios analizan un plan de negocios lo primero que tienen en cuenta son los procedimientos que deben realizar para operar legalmente.

Teniendo en cuenta varios factores como la cantidad de días promedio que se tarda para abrir un negocio, el capital necesario y la cantidad de procedimientos, nuestro país se encuentra en el puesto 114, con una caída de cuatro puestos con respecto al año pasado.

Así, mientras que en Australia se necesitan dos pasos y dos días para la apertura de una empresa, en la Argentina ascienden a 14 y 31, respectivamente.

En particular, el estudio compara la dificultad de obtener licencias para la construcción y puesta en marcha de, por ejemplo, un depósito. En este particular apartado, la Argentina sufre su peor revés y se ubica dentro de los peores, en el puesto 165, siendo superado por países como Bolivia y Venezuela, que en el ranking global están por detrás de nuestro país.

Construir y obtener las licencias para poner en marcha un depósito en el país toma casi un año (338 días) y 28 procedimientos, mientras que en Bolivia se hace en 249 días y 17 pasos.

El informe destaca que “cuando el peso de las regulaciones es muy grande, los empresarios mueven su actividad a la informalidad , dejando a todos peor”.
  • Relaciones laborales
En cuanto al empleo de trabajadores, el país se encuentra muy relegado respecto al mundo. Doing Business examina, entre otras variables, las dificultades que las regulaciones gubernamentales implican para contratar trabajadores y despedirlos, la rigidez en los horarios, la flexibilidad de los contratos y hasta los días de vacaciones que los empleados tienen pagos.

En este rubro, la Argentina se sitúa en el puesto 147, en igual ubicación que el año pasado y no muestra mejoras desde el 2005, salvo en el costo de despedir a un trabajador, donde registra una leve baja.

El Banco Mundial resalta que mientras “las regulaciones hacen que el empleado mejore su salario, las normas rígidas tienen muchos efectos no deseados como la menor creación de empleo y la menor inversión en Investigación y Desarrollo”.

“En los '90, la flexibilidad laboral permitía contratar más fácilmente, pero ahora retrocedimos bastante. La 'doble indemnización', por ejemplo, genera un costo muy alto y un retroceso. Ahora, con su derogación, por ahí mejora”, dijo Spotorno a infobaeprofesional.com.

“Para estar mejor en el ranking hay que reducir costos y tiempos en las regulaciones y hace falta un trabajo bien microeconómico”, agregó.
  • Protección de inversiones y control
En tanto, en la protección de inversiones y en los controles que el Gobierno fija para evitar casos de corrupción dentro de las empresas, como la autocompra de insumos, el país se ubica en el puesto 96, lejos de las potencias.

El caso Skanska es un claro ejemplo de cómo el Gobierno manejó una situación de este tipo, donde se investigan casos de corrupción empresarial y por parte de algunos funcionarios. En este rubro, la Argentina está peor que Brasil, México y Perú.
  • Presión fiscal
Con respecto al pago de impuestos, Doing Business tiene en cuenta el número de transferencias que una mediana empresa debe hacer al Gobierno, el tiempo que lleva completar los formularios y el porcentaje de los beneficios que se destina a pagarlos.

La Argentina se ubica dentro de los países con peores regulaciones impositivas, exactamente en el puesto 147, detrás de casi todas las economías del Mercosur.

El estudio especifica que “en los países donde el peso de los impuestos es muy grande, como sucede en la Argentina, se tiende a la evasión”.

“Tras mejorar el proceso de empleo de trabajadores, es necesario, en segundo lugar, hacer una reforma impositiva macro que es más difícil de lograr para tratar de disminuir los impuestos que son muchos y altos”, explicó el economista de la consultora de Orlando Ferreres.
  • Intercambio comercial
Los procedimientos y regulaciones para comerciar con el mundo ubican a la Argentina en el puesto 107, con nueve documentos necesarios para exportar y siete para importar con un costo de 1.325 y 1.825 dólares por container, respectivamente.

El lado positivo
Según consigna el informe, antes de invertir, “las firmas constantemente tienen en cuenta las dificultades para acceder a los créditos”. Doing Business construye dos indicadores que explican cuán bien funciona el mercado crediticio.

El primer item toma en cuenta los registros crediticios y su cobertura, asociados a los entes que colectan y distribuyen información acerca de los tomadores de préstamos y que “pueden expandir el crédito al brindarle datos confiables a los prestamistas”.

Para el Banco Mundial, también incide el desarrollo y conocimiento de los derechos legales que tienen los que prestan y los que reciben los créditos.

En este ámbito, la Argentina se sitúa en el puesto 48 con una caída de tres lugares con respecto al 2007, pero por encima de Brasil y México. En tanto, los primeros puestos los ocupan Inglaterra, Hong Kong y China .

En tanto, en el cumplimiento de contratos y en las regulaciones que los sostienen, la Argentina muestra una buena performance, al ubicarse en el puesto 47.

El estudio también tiene en cuenta los procesos judiciales y la celeridad con que se resuelven los conflictos derivados de no cumplir con un contrato. En este punto la Argentina supera a Brasil, Perú e inclusive México.

Con relación a las regulaciones en torno a la quiebra de empresas, la Argentina se sitúa en el puesto 65, con un período de casi tres años para demostrar insolvencia.

Según los especialistas, el país debería mejorar en casi todos los aspectos para ponerse de nuevo en la mira de los inversores y subir en el ranking del Banco Mundial. Para ello, “el Gobierno debería revisar todas las regulaciones y aplicar reformas como vienen haciendo los demás países”, concluyeron.

La política del “después vemos”

11/11/2007 - Roberto Cachanosky

Manotear lo que se tiene a mano y posponer las decisiones hacia el futuro es una estrategia que, más tarde o más temprano, se agota. ¿Estamos llegando al final de la fiesta o todavía hay cuerda para rato?

El aumento de las retenciones al campo confirma, una vez más, que la política económica parece estar basada en la siguiente estrategia: manoteo ahora lo que puedo y después veo qué hacemos. Es que el incremento de los derechos de exportación para la soja, el trigo y el maíz, lejos de ser parte de una política consistente, tiene como finalidad tratar de corregir el desborde del gasto público de los últimos años y, en particular, de los últimos meses. Basta ver los números fiscales para advertir que mientras el gasto corriente aumenta al 50% anual, los ingresos corrientes suben al 40%. Y no hace falta tener un master en Economía para darse cuenta de que, si los gastos crecen más rápido que los ingresos, en algún momento habrá problemas fiscales.


La medida en sí parece limitarse a tratar de obtener más recursos para la nación, dado que los derechos de exportación no son coparticipables. Sin embargo, no queda claro cuál va a ser el destino de esos fondos. Es decir, cuando el Estado decide apropiarse de una mayor parte de la riqueza que genera el sector privado debería definir para qué quiere esos mayores recursos. ¿Acaso tendremos mejor educación, seguridad, salud o justicia por el incremento impositivo? Es evidente que antes de continuar expoliando al sector privado, el Gobierno debería replantearse si con los recursos que tiene no puede mejorar la calidad del gasto. Dicho de otra manera, en vez de subir los impuestos podría hacer el esfuerzo de administrar mejor lo que ya recibe.

A diferencia de Fernando De la Rúa, que empezó su presidencia con un impuestazo en ganancias, el gobierno de Kirchner le allanó el camino a su mujer con otro impuestazo, aplicado a un sector que tiene escaso peso político, pero genera mucha riqueza. Si uno tiene en cuenta que en la Argentina debe haber unos 400.000 productores agropecuarios y supone que cada productor tiene una familia con otros tres integrantes en edad de votar, hábilmente el Gobierno acaba de castigar a solamente el 6% del padrón electoral. Es decir, obtuvo más recursos con escaso costo político. Al menos por el momento.

Lo que realmente sonó curioso fueron los argumentos que utilizó el ministro de Economía, Miguel Peirano, para justificar este incremento impositivo. Dijo el ministro: “Estas medidas van a generar estabilidad de precios, crecimiento de las inversiones, fortaleza de la economía en su conjunto y continuarán garantizando el sendero económico de alto crecimiento con estabilidad y generación de empleo”. Salvo que Peirano haya descubierto una nueva teoría económica, lo que la ciencia nos enseña es que a menor tasa de rentabilidad, menor inversión. Esto significa, en otras palabras, que si el Estado se apropia de la rentabilidad del sector agrícola, lejos de estimular la inversión, la espanta. Pero no solo espanta las inversiones en el sector agrícola, sino que el mensaje para todos los sectores productivos es: ojo, que si te va bien, el Estado te castiga con más impuestos.

Tampoco queda claro a qué sendero económico de alto crecimiento con estabilidad se refiere Peirano, salvo que realmente crea que es cierta la inflación que informa el INDEC.

También debería explicar Peirano por qué si el empleo está mejorando cada vez se ven más limpiavidrios en los semáforos. Todavía no me cierra esta baja en la desocupación con la creciente presencia de chicos que hacen malabarismos con pelotitas, vendedores de flores y otro tipo de rebusques que uno ve en las esquinas. ¿O será éste el tipo de trabajo que genera el nuevo modelo productivo?

El otro punto a considerar es por qué causa supone Peirano que los recursos manejados por los burócratas serán mejor asignados que si los manejara el sector privado. ¿Acaso los burócratas se sienten seres superiores e iluminados? ¿Se considerarán seres diferentes al resto del común de los mortales? ¿O será que al tener el monopolio de la fuerza se sienten con derecho a explotar en beneficio propio a quienes generan riqueza?

Como decía antes, estamos en presencia de una política económica basada en el manoteemos lo que hay y después vemos. Esto ocurrió con el problema energético, tema que por cierto parece ser tan urticante que hasta se le prohíbe hablar a los expertos por miedo a que hagan pública la realidad. Se congelaron las tarifas y se manoteó el stock de capital acumulado para financiar precios artificialmente bajos. Consumido gran parte del stock de capital, aparecieron los problemas. Ahora llegó el momento del después vemos y parece que no ven muy en claro para dónde ir.

Otro ejemplo es el de la inflación: manoteemos los índices de precios y después vemos qué hacemos con las subas. El después vemos está por llegar en cualquier momento, porque los dirigentes sindicales difícilmente se conformen con incrementos de salarios basados en los curiosos índices de precios que elabora el INDEC.

Contrariando el principio básico que rige en todas las economías prósperas, según el cual hay que ser previsible en las políticas públicas para atraer inversiones, el gobierno actual y su sucesora parecen querer inventar la pólvora pretendiendo basar el crecimiento en la imprevisibilidad de las reglas de juego.

El listado del manoteo es largo. Los mencionados temas energético e inflacionario son apenas dos puntos. La lista sigue con el tema fiscal, con el aumento descontrolado del gasto público y las nuevas subas de retenciones. No olvidemos el default del 42% de la deuda en pesos ajustable por CER como consecuencia del irreal Índice de Precios al Consumidor (IPC) que informa el INDEC (es decir, primero hicieron un festival de bonos ajustables por inflación y, cuando vieron que se les descontrolaba la cosa, inventaron una inflación menor). Tampoco se puede dejar de mencionar el caso de las jubilaciones que otorgaron a diestra y siniestra a gente que nunca había aportado al sistema y, cuando advirtieron que no podían financiarlas, pasaron compulsivamente al sistema de reparto a miles de personas que estaban en el sistema de capitalización para obtener sus recursos. Y, por último, recordemos la falta de previsión en el manejo de la deuda pública que hace que como los fondos no alcanzan para afrontar los vencimientos del próximo año y al tener cerrado el acceso al mercado financiero internacional se decida obligar a las AFJP a traer a la Argentina los fondos de los aportantes que están en el exterior, para luego imponerles la compra de nuevos bonos y financiar los vencimientos sin importar qué les puede pasar en el futuro a los actuales trabajadores. En fin, todo es improvisado, con un profundo desinterés por las consecuencias de las medidas que se adoptan y sólo concentrádose en los beneficios políticos de corto plazo.

Desafortunadamente, todo esto no será gratis. Los costos llegarán más tarde o más temprano. Y los que piensen que esta fiesta puede durar para siempre serán quienes más desprevenidos van a estar y mayores pérdidas van a sufrir el día que adviertan que nos están conduciendo hacia el ojo del huracán. © www.economiaparatodos.com.ar

Flogisto y salario mínimo


En el siglo XVII se acuñó la teoría del flogisto, una supuesta sustancia imperceptible, adherida a los materiales inflamables, y que se liberaba con la combustión, dejando así al material desflogistado, esto es, en su verdadero estado. Hoy esa teoría está absolutamente descartada. Suerte que tiene la física, porque en economía sobreviven teorías e ideas como la del flogisto, y no hay razonamiento alguno que las condene a ser meras entradas en las enciclopedias.


Miren, si no, el ejemplo de que imponer un salario mínimo eleva las remuneraciones más bajas justo hasta ese punto. Como el flogisto, parece una idea propia de la alquimia: la duplicación de los salarios por decreto. ¿Por qué quedarse en los 800 euros que ha propuesto Zapatero? ¿Por qué no imponer una base mileurista? ¿Quién se iba a preocupar de las hipotecas con esa capacidad para elevar nuestros salarios sin más que publicar un artículo en el BOE?

Quien defiende el salario mínimo no puede tener ninguna idea sobre cómo se forman los salarios. El empresario está dispuesto a pagar una cantidad al trabajador en función de lo que estima que vale la contribución de este a la producción (esto es, el valor descontado de su productividad marginal). Si esa estimación queda por debajo del salario mínimo, esa contratación sencillamente no tendrá lugar. Se generará paro y habrá proyectos que queden en el sueño de los emprendedores – y de los afiliados al INEM.

Claro está que estos frustrados trabajadores a quienes el Gobierno prohíbe llegar a ciertos acuerdos son mayoritariamente jóvenes e inmigrantes. Estos últimos ya están saliendo a la calle, pero no por voluntad propia. Según la última EPA el desempleo entre extranjeros ha crecido un 24 por ciento en un año. Un SMI de 800 euros dejará esa tasa en ridículo.

En el caso de los jóvenes, muchos valoran más lo que ganan de capital humano por medio de la experiencia que el salario, y los estudios muestran que los salarios mínimos reducen las rentas futuras de los jóvenes, por la experiencia no ganada.

Lo más sorprendente es que este dislate sea un reclamo electoral.