Atrapado y sin salida

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El estilo de gobierno del matrimonio Kirchner es responsable de haber metido al país en un callejón en el que no hay escapatoria.

A medida que van pasando las semanas, y a pesar del enorme esfuerzo que se hace para transmitir que la economía marcha bien y no hay complicaciones serias a la vista, cada vez es más evidente que el Gobierno está atrapado sin salida en su política económica.

La apuesta a la reactivación vía la expansión monetaria ha llegado al tope de sus posibilidades. La inflación se ha desbordado, literalmente, porque la demanda de moneda ya no aumenta: cada peso que emite el Banco Central de la República Argentina (BCRA) se va a los precios. Como el BCRA defiende el valor del dólar en vez del valor del peso, tiene que cobrar el impuesto inflacionario para defender la divisa estadounidense. Sin embargo, ese impuesto inflacionario ha licuado el tipo de cambio real, al punto de que algunos sectores empresariales comienzan a reclamar un dólar aún más alto. La gran pregunta es: ¿cómo?

Al mismo tiempo, el aumento de la inflación hace caer el salario real y amenaza al motor de la reactivación desde 2002 hasta ahora, que es el consumo. Para que este no caiga, el Gobierno tiene que otorgar aumentos de salarios que, al menos, igualen la tasa de inflación. El costo de estas medidas implica una pérdida de rentabilidad para las empresas. Por su lado, éstas tienen que optar por ajustar precios o perder capital de trabajo, dado que si venden a precios más bajos luego no pueden reponer el stock de mercadería vendida.

El primer y claro problema en que está atrapado el Gobierno tiene que ver, entonces, con haber ignorado la inversión competitiva como paso inicial y genuino para crecer. Y como la inversión no depende solamente de los precios relativos y otras variables económicas, sino también del respeto por los derechos de propiedad y la previsibilidad en las reglas de juego, la salida del atolladero pasa a ser más complicada porque el matrimonio Kirchner no inspira la confianza necesaria para atraer capitales de largo plazo. Digamos que el principal problema para salir del actual esquema son ellos mismos. Sus formas de actuar, de construir poder y de manejarlo podrán ser beneficiosas en el corto plazo para sus aspiraciones personales, pero totalmente contradictorias con una Argentina que pretenda crecer en el largo plazo.

La decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de controlar los precios y la estructura de costos de las empresas muestra claramente que la administración kirchernista ignora por completo la importancia del marco institucional como generador de inversiones. La razón es muy sencilla. Si Moreno asigna su tiempo a analizar los costos de las empresas y a determinar si la utilidad que tienen es correcta o no, surge la gran pregunta: ¿qué es una utilidad correcta para Moreno? ¿Cuál debería ser la utilidad de una empresa en la Argentina considerando esta calidad institucional? Porque es de suponer que Moreno no debe creer que es lo mismo la calidad institucional de Holanda que la de nuestro país. Por lo tanto, las tasas de rentabilidad que se les piden a las empresas en ambos países son totalmente diferentes. A menor riesgo institucional, menor tasa de rentabilidad. A mayor riesgo, mayor tasa de rentabilidad. Salvo que Moreno pretenda inventar la pólvora y establecer que para el inversor es indiferente la volatilidad en la reglas de juego, por lo que pediría misma rentabilidad a una inversión hundida en Holanda o en la Argentina.

De manera que lo que pronosticamos en estas páginas durante meses, lamentablemente, comienza a cumplirse. Estamos en presencia de una lucha por la distribución del ingreso que será imparable sin un cambio de modelo económico. Al mismo tiempo, el cambio de modelo económico requiere de personajes con un manejo del poder totalmente diferente al del matrimonio Kirchner.

El segundo problema que los tiene atrapados es el de la energía. Razonando en forma muy precaria, el Gobierno cree que el precio internacional de la energía no tiene por qué estar ligado al del mercado interno. La creencia del oficialismo es que, si el petróleo se produce acá, no hay razón por la cual deba tener el mismo precio que en el mercado internacional. Lo que falla en este razonamiento es que el capital es escaso y hay costos de oportunidad. ¿Por qué invertir para extraer gas o petróleo en un país en donde el precio es menor al internacional si en otros países se puede obtener el precio internacional pleno? El ejemplo más evidente es el de Evo Morales. Después de hacerse el guapo con sus medidas autoritarias y socialistas, descubrió que no tiene recursos para extraer el gas, lo cual lo lleva a decirle a Cristina Kirchner que no puede cumplir con el envío de gas pactado. Este caso es el mejor ejemplo para que los funcionarios del Gobierno entiendan la relación entre instituciones y crecimiento económico.

El tercer problema, ligado al anterior, es el de los subsidios para sostener artificialmente bajos algunos precios de la economía. En 2007, el Gobierno destinó $ 14.626 millones a subsidiar diferentes actividades, 125% más que en 2006. De esa cifra, $ 8.331 millones fueron a parar al subsidio del sector energético, lo que significó aumentar estos recursos un 107% respecto al año anterior. Es decir, el Gobierno duplicó el subsidio a la energía, pero no solucionó el problema energético. Lo agravó. ¿Por qué? Porque estuvo financiando flujos artificialmente bajos con subsidios mientras, por otro lado, completaba el precio artificialmente bajo de la energía consumiendo el stock de capital del sector.

Con el transporte le ocurrió algo parecido. En 2007, asignó subsidios a ese rubro por $ 4.219 millones, un 125% más que en 2006. Sin embargo, los trenes, subtes y colectivos no han mejorado en la calidad de sus prestaciones. Al igual que en el caso energético, cada vez se gasta más plata para tener peores servicios.

Al sector alimentario, el Gobierno le destinó $ 1.810 millones de subsidios en 2007. Ahora volvemos con las prohibiciones de exportar trigo, limitaciones a las exportaciones de carne, controles de precios y de costos del sector, amenazas, entre otras medidas.

Como podemos ver, el Gobierno se ha metido en un serio problema. Retrasa artificialmente los precios de algunos productos y financia ese retraso con subsidios y consumo de capital, con lo cual el problema no termina de resolverse nunca, sino que se agrava, dado que al disminuir el stock de capital se reduce la oferta, el precio sube y el subsidio tiende a crecer.

Veamos de nuevo el caso de la energía. Al productor de gas interno se le paga U$S 1,7 por millón de BTU. Evo Morales nos vende gasta a U$S 7 por millón de BTU. De todas maneras, como el presidente de Bolivia tampoco nos puede abastecer por falta de inversiones, habrá que recurrir a Hugo Chávez para que nos envíe fuel oil a un costo equivalente a U$S 13 por millón de BTU. Es decir que el Gobierno no quiere que el productor local reciba más de U$S 1,7 por millón de BTU, aunque terminará pagando U$S 13 para importar fuel oil. En rigor, ese sobreprecio no lo pagarán ni Néstor ni Cristina, sino los contribuyentes. Toda una curiosidad de este modelo productivo.

Lo que vemos, entonces, es que cada vez hay más inflación, cada vez es más represivo el control de precios, cada vez pagamos más impuestos, cada vez damos más subsidios para tener menos energía y peor transporte. Cada vez nos enterramos más y nos quieren convencer de que estamos en la cúspide del mundo.

El Gobierno está atrapado, y sin salida, en su modelo económico. La puerta está cerrada porque su manejo del poder bloquea toda posibilidad de salir del embrollo en que nos han metido. © www.economiaparatodos.com.ar

Economia I - Por Ron Paul (Clase 2)

A ver mis cabecitas de ñoquis...

El mito del gasto social

Gabriela Calderón*

Washington (AIPE)- Según el gobierno del Ecuador, entre 2006 y 2007 el gasto social creció en 34%, “beneficiando a los más pobres”. Ese aumento, aunque puede sonar revolucionario, es más bien una continuación del crecimiento a tasas de dos dígitos del gasto público que ha ocurrido en Ecuador en los últimos años.

El Premio Nóbel de Economía James Buchanan nos enseñó que en una democracia la toma de decisiones públicas está sujeta a la presión de grupos de intereses especiales —por ejemplo, sindicatos y empresarios que quieren protección estatal porque no quieren competir en el mercado internacional o los ministerios que buscan acrecentar sus presupuestos. Esos grupos, que pelean por repartirse el pastel del presupuesto nacional, suelen utilizar la más efectiva excusa: “el gasto social que beneficia a los más pobres”.


Pero más gasto social no significa menos pobreza. El economista mexicano Roberto Salinas León resume el mito del gasto social en dos puntos: (1) Aumentarlo no crea riqueza, sólo la transfiere de un lugar a otro y para reducir la pobreza hay que crear riqueza. (2) El problema no es la cantidad de recursos sino su desperdicio por la mala gestión de las entidades públicas. Salinas León informa que en México el aparato estatal consume 75% del “gasto social”, por lo que más bien debería llamarse gasto burocrático.

El problema es la administración de los recursos, no su monto. Entre 2003 y 2007, el llamado gasto social en Ecuador creció 129,7%. Si observamos por separado cada ministerio involucrado en el “gasto social” vemos que los aumentos son impresionantes: entre 2004 y 2007 el presupuesto del Ministerio de Bienestar Social creció en 431,7%, el de Desarrollo Urbano y Vivienda en 214,3%, el de Educación en 64,7%, el de Salud en 76,8% y el del Trabajo en 148,2%. Si consideramos al “gasto social” como una industria, no hay ninguna otra industria en el país que haya experimentado un auge similar.

El primer año del mal llamado “gobierno de la revolución ciudadana” debería llamarse “gobierno de la revolución burocrática”, ya que se ha disparado el gasto público sin mejorar los sistemas de rendición de cuentas. Y lo peor es que ese incremento en el gasto no fue a los bolsillos de los más pobres sino de los asalariados en los distintos ministerios. Por ejemplo, en junio de 2007 el Ministerio de Educación y el de Salud gastaron 74% y 50%, respectivamente, de su presupuesto en pagos al personal.

Presentar la cifra de los gastos “sociales” como un triunfo para los más pobres es una broma cruel. El triunfo en la gestión de un gobierno se debe medir con resultados concretos, tales como, crecimiento económico, reducción de la pobreza, acceso a servicios básicos, acceso a la vivienda, etc. El gobierno ecuatoriano se limita a presentarnos un reporte de gastos. ¿Será que no hay resultados positivos que mostrar?

Así vemos que la tasa de crecimiento del Ecuador es apenas 2,65%, mientras que Perú creció 7% y Colombia 6,6%. Lamentablemente, aumenta el costo del consumo popular, pero los pobres no tienen más oportunidades de salir de su pobreza.

____*Editora de ElCato.org (www.elcato.org)

© www.aipenet.com

Economia I - Por Ron Paul (Clase 1)

Mas claro. Hechenle agua.

Homenaje a Ronald Reagan

Primer discurso de investidura
Por Ronald Reagan Traducido por Antonio Mascaró Rotger
Martes 20 de enero de 1981.

Sugiero que el lector se ubique en el tiempo y lugar de dicho discurso, plena guerra fria, mundo bipolar, Estados Unidos decaído moral y económicamente.



Senador Hatfield, Sr. Presidente del Tribunal Supremo, Sr. Presidente, Vicepresidente Bush, Vicepresidente Mondale, Senador Baker, Speaker O'Neill, Reverendo Moomaw y compatriotas.

Para unos pocos de los que estamos hoy aquí esta es una solemne y memorable ocasión; y sin embargo, en la historia de nuestra Nación, es algo que ocurre con normalidad. La transferencia ordenada de la autoridad, tal como establece la Constitución, tiene lugar tal como ha sucedido durante casi dos siglos y pocos de nosotros nos paramos a pensar cuan singulares somos realmente. A los ojos de muchos en el mundo, esta ceremonia cuatrienal que nosotros aceptamos como algo normal no es sino un milagro.

Sr. Presidente, quiero que nuestros compatriotas sepan lo mucho que hizo usted para mantener esta tradición. Por virtud de nuestra cortés cooperación en el proceso de transición, usted le ha enseñado a un mundo expectante que somos un pueblo unido comprometido a mantener un sistema político que garantiza la libertad individual en mayor medida que cualquier otro y yo le agradezco a usted y a su equipo por toda la ayuda prestada en el mantenimiento de la continuidad, que es el baluarte de nuestra República. Los asuntos de nuestra nación siguen adelante. Estos Estados Unidos se enfrentan a una aflicción económica de grandes proporciones. Sufrimos la más larga y una de las peores inflaciones sostenidas de nuestra historia nacional. Distorsiona nuestras decisiones económicas, penaliza el ahorro y quiebra a los esforzados jóvenes y a los jubilados por igual. Amenaza con destrozar las vidas de millones de nuestra gente.

Industrias ociosas mandan trabajadores al paro, causando miseria humana e indignidad personal. A aquellos que sí trabajan, se les niega una recompensa justa por su trabajo mediante un sistema fiscal que penaliza el éxito y evita que mantengamos una plena productividad.

Pero, grande como es nuestra presión fiscal, no se ha mantenido a la par con nuestro gasto público. Durante décadas, hemos acumulado un déficit tras otro, hipotecando nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos por la conveniencia temporal del presente. Continuar esta larga tendencia es garantizar tremendos cataclismos sociales, culturales, políticos y económicos.

Ustedes y yo, como individuos, podemos, mediante el crédito, vivir más allá de nuestras posibilidades, pero sólo por un periodo de tiempo limitado. ¿Por qué, entonces, deberíamos pensar que colectivamente, como una nación, no estamos sujetos a esa misma limitación? Debemos actuar hoy para poder mantenernos mañana. Y que nadie se llame a engaño: vamos a empezar a actuar, a partir de hoy mismo.

Los males económicos se han cernido sobre nosotros a lo largo de varias décadas. No desaparecerán en días, semanas o meses, pero desaparecerán. Desaparecerán porque nosotros, como americanos, tenemos la capacidad ahora, como la hemos tenido en el pasado, de hacer lo que haga falta hacer para preservar este último y mayor bastión de la libertad.

En esta crisis actual, el gobierno no es la solución a nuestro problema. El gobierno es el problema. De vez en cuando, hemos estado tentados a pensar que la sociedad se ha vuelto demasiado compleja para ser manejada por el autogobierno, que el gobierno en manos de una elite es superior al gobierno de, para y por las personas. Pero si nadie de nosotros es capaz de gobernarse a si mismo, ¿quien de nosotros tiene la capacidad de gobernar a otro? Todos nosotros juntos, dentro y fuera del gobierno, debemos soportar el peso. Las soluciones que debemos buscar han de ser equitativas, sin señalar a un grupo para que pague el precio más alto.

Oímos mucho acerca de los grupos de interés. Nuestra preocupación debe dirigirse a un grupo de interés que ha sido desdeñado durante demasiado tiempo. No conoce límites sectoriales o étnicos ni divisiones raciales y cruza las líneas políticas. Se compone de hombre y mujeres que cultivan nuestros alimentos, patrullan nuestras calles, trabajan en nuestras minas y en nuestras fábricas, educan a nuestros hijos, cuidan de nuestros hogares y nos curan cuando estamos enfermos: profesionales, industriales, tenderos, encargados, taxistas y camioneros. Ellos son, en pocas palabras, "Nosotros el pueblo", este pueblo conocido como los americanos.

Bueno, el objetivo de esta administración será una economía sana, vigorosa y creciente que ofrezca igualdad de oportunidades a todos los americanos sin barreras surgidas del racismo o de la discriminación. Volver a poner América a trabajar significa volver a poner a todos los americanos a trabajar. Acabar con la inflación significa liberar a todos los americanos del terror de los costes de vida desbocados. Todos debemos tomar parte en el trabajo productivo de este "nuevo comienzo" y todos debemos compartir el botín de una economía revitalizada. Con el idealismo y la justicia que son el corazón de nuestro sistema y nuestra fuerza, podemos tener una América fuerte y próspera en paz consigo misma y con el mundo.

Así que, mientras empezamos, hagamos inventario. Somos una nación que tiene un gobierno, no al revés. Y esto nos hace especiales entre las naciones de la Tierra. Nuestro gobierno no tiene ningún poder excepto los que le otorga el pueblo. Es hora de corregir y dar marcha atrás el crecimiento del estado que muestra signos de haber crecido más allá del consentimiento de los gobernados.

Es mi intención restringir el tamaño e influencia del aparato federal y pedir el reconocimiento de la distinción entre los poderes otorgados al Gobierno Federal y aquellos reservados a los Estados o a las personas. Todos necesitamos recordar que el Gobierno Federal no creó a los Estados; los Estados crearon el Gobierno Federal.

Para que no haya malentendidos; mi intención no es deshacerme del Estado. Es, por el contrario, hacer que funcione; que funcione con nosotros, no sobre nosotros; que esté a nuestro lado, no que cabalgue a nuestras espaldas. El Estado puede y debe ofrecer oportunidades, no ahogarlas; fomentar la productividad, no suprimirla.

Si nos fijamos en la respuesta a por qué, durante tantos años, conseguimos tanto, prosperamos como ningún otro pueblo en la Tierra, es porque aquí, en esta tierra, liberamos la energía y el genio individual de cada hombre en mayor medida que se había hecho jamás. La libertad y la dignidad del individuo han sido más asequibles aquí que en ningún otro lugar de la Tierra. El precio de esta libertad a veces ha sido elevado, pero nunca nos hemos negado a pagar ese precio.
No es por casualidad que nuestros problemas actuales sean paralelos y proporcionales a la invención e intrusión en nuestras vidas que se derivan del innecesario y excesivo crecimiento del Estado. Es hora de que nos demos cuenta de que somos una nación demasiado grande para limitarnos a sueños pequeños. No estamos condenados, como algunos quisieran hacernos creer, a un declive inevitable. Yo no creo en un destino que vaya a cernirse sobre nosotros hagamos lo que hagamos. Yo creo en un destino que se cernirá sobre nosotros si no hacemos nada. Así que, con toda la energía creativa a nuestra disposición, empecemos una era de renovación nacional. Renovemos nuestra determinación, nuestro coraje, nuestra fuerza. Y renovemos nuestra fe y nuestra esperanza.

Tenemos todo el derecho a tener sueños heroicos. Los que dicen que vivimos en una época en la que no hay héroes no saben donde mirar. Podéis ver héroes cada día yendo y viniendo de las puertas de las fábricas. Otros, un puñado, producen suficiente comida para alimentarnos a todos nosotros y parte de extranjero. Podéis encontraros con héroes al otro lado del mostrador, a ambos lados del mismo. Hay emprendedores con fe en si mismos y fe en una idea que crean nuevos empleos, nueva riqueza y oportunidad. Son individuos y familias cuyos impuestos mantienen el gobierno y cuyas donaciones voluntarias mantienen la iglesia, las fundaciones benéficas, la cultura, el arte y la educación. Su patriotismo es silencioso pero profundo. Sus valores sostienen nuestra vida nacional.

He usado las palabra "ellos" y "su" al hablar de esos héroes. Podría decir "vosotros" y "vuestro" porque me estoy dirigiendo a los héroes a los que me refiero: vosotros, los ciudadanos de esta bendita tierra. Vuestros sueños, vuestras esperanzas, vuestros objetivos serán los sueños, las esperanzas, los objetivos de esta administración, con la ayuda de Dios.

Reflejaremos la compasión que es una parte tan importante de nuestra forma de ser. ¿Cómo podemos amar nuestro país y no amar a nuestros conciudadanos y amándoles, ofrecerles la mano cuando caen, curarles cuando están enfermos, ofrecerles oportunidades para hacerles autosuficientes para que sean iguales de hecho y no sólo en teoría?

¿Podemos arreglar los problemas a los que nos enfrentamos? Bueno, la respuesta es un inequívoco y enfático "sí". Parafraseando a Winston Churchill, no presté el juramento que acabo de prestar con la intención de presidir durante la disolución de la mayor economía del mundo.

En los días venideros, propondré eliminar las barricadas que han aminorado nuestra economía y reducido nuestra productividad. Se darán pasos encaminados a restablecer el equilibrio entre los diversos niveles de gobierno. Puede que el avance sea lento, medido en pulgadas y pies y no en millas, pero será progreso. Es hora de despertar otra vez al gigante industrial, devolver al gobierno a sus asuntos, y aligerar nuestro punitivo sistema fiscal. Y estas serán nuestras primeras prioridades y, sobre estos principios, no habrá compromisos.

En la vigilia de nuestra lucha por la independencia, un hombre que podría haber sido uno de los más grandes entre nuestros Padres Fundadores, el Dr. Joseph Warren, Presidente del Congreso de Massachussets, dijo a sus compatriotas americanos, "Nuestro país está en peligro, pero no hay que perder la esperanza [...] De vosotros dependen las fortunas de América. Vosotros decidiréis las importantes cuestiones sobre las que se asentará la felicidad de millones que aún no han nacido. Actuad como merecéis hacerlo." Pues bien, yo creo que nosotros, los americanos de hoy, estamos listos para actuar como merecemos hacerlo, listos para hacer lo que hace falta hacer para asegurar la felicidad y la libertad de nosotros mismos, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Y mientras nos renovamos en nuestra tierra, en el mundo verán que tenemos más fuerza. Seremos otra vez el modelo de libertad y la antorcha de esperanza para aquellos que ahora no tienen libertad.

Con aquellos vecinos y aliados que comparten nuestra libertad, estrecharemos nuestros lazos históricos y les aseguraremos nuestro apoyo y firme compromiso. Responderemos a la lealtad con lealtad. Nos esforzaremos en conseguir relaciones mutuamente beneficiosas. No usaremos nuestra amistad para imponernos sobre su soberanía, pues nuestra propia soberanía no está en venta. Y por lo que se refiere a los enemigos de la libertad, aquellos que son potenciales adversarios, se les recordará que la paz es la más alta aspiración del pueblo americano. Negociaremos por ella, nos sacrificaremos por ella; no nos rendiremos por ella, ni ahora ni nunca.

Nuestro autocontrol no debería ser malinterpretado. Nuestra reticencia hacia el conflicto no debería ser confundida con una falta de voluntad. Cuando haga falta actuar para preservar nuestra seguridad nacional, actuaremos. Mantendremos la suficiente fuerza para prevalecer si llega el caso, sabiendo que si lo hacemos tendremos la mejor oportunidad de nunca tener que usar esa fuerza. Sobre todo, debemos darnos cuenta de que ningún arsenal, o arma en los arsenales del mundo, es tan formidable como la voluntad y el coraje moral de los hombres y mujeres libres. Es un arma que nuestros adversarios en el mundo de hoy no tienen. Es un arma que nosotros, como americanos, sí tenemos. Que se enteren los que practican el terrorismo y los que rapiñan sus vecinos. Me dicen que decenas de miles de encuentros para rezar tienen lugar en el día de hoy, y me alegro profundamente. Somos una nación bajo Dios, y yo creo que Dios pretendía que fuésemos libres. Sería apropiado y bueno, creo, que en cada Día de Investidura en los años futuros, se declarara un día de plegaria.

Este es la primera vez en la historia que esta ceremonia ha tenido lugar, como se os ha dicho, en la Fachada Oeste del Capitolio. De pie aquí, uno contempla una vista magnífica, abriéndose a la especial belleza e historia de la ciudad. Al final de este espacio abierto están los altares a los gigantes sobre cuyos hombros nos alzamos.

Directamente delante de mí, el monumento a un hombre monumental: George Washington, Padre de nuestro país. Un hombre humilde que llegó a la grandeza a regañadientes. Él llevó América desde la victoria revolucionaria hasta la naciente condición de nación. A un lado, el memorial estatal a Thomas Jefferson. La Declaración de Independencia brilla con su elocuencia. Y, después, más allá del Lago Reflectante, las dignas columnas del Memorial a Lincoln. Quienquiera que entienda en su corazón el significado de América lo encontrará en la vida de Abraham Lincoln.

Más allá de esos monumentos al heroísmo está el Río Potomac, y en la orilla más lejana las colinas inclinadas del Cementerio Nacional de Arlington con sus filas y filas de blancas lápidas con cruces o Estrellas de David. Ellos no son sino una pequeña fracción del precio que se ha pagado por nuestra libertad. Cada una de esas lápidas es un monumento a los tipos de héroes a los que me refería antes. Sus vidas terminaron en lugares llamados Belleau Woods, el Argonne, Omaha Beach, Salerno y al otro lado del mundo en Guadalcanal, Tarawa, Pork Chop Hill, la Reserva Chosin y un centenar de arrozales y junglas de un lugar llamado Vietnam.

Bajo una de estas lápidas yace un joven, Martin Treptow, que dejó su trabajo en una barbería de pueblo en 1917 para ir a Francia con la famosa División Arco Iris. Allí, en el frente occidental, murió mientras intentaba llevar un mensaje entre batallones bajo el fuego de la artillería pesada.

Nos dicen que en su cadáver encontraron un diario. En la hoja de cortesía bajo el título "Mi Promesa", él había escrito estas palabras: "América debe ganar esta guerra. Por lo tanto, yo trabajaré, yo ahorraré, yo sacrificaré, yo me esforzaré, yo lucharé animosamente y sacando lo mejor de mi mismo como si la cuestión de la lucha mundial de mi solo dependiese."

La crisis a la que nos enfrentamos hoy no requiere el tipo de sacrificio que a Martin Treptow y a otros tantos miles se les pidió. Requiere, sin embargo, nuestro mejor esfuerzo, y nuestro deseo de creer en nosotros mismos y de creer en nuestra capacidad de llevar a cabo grandes hazañas; de creer que juntos, con la ayuda de Dios, podemos y resolveremos los problemas a los que ahora nos enfrentamos.

Y, después de todo, ¿por qué no deberíamos creerlo? Somos americanos.

Que Dios os bendiga y gracias.


Fuente: http://www.liberalismo.org/

Ecología contaminante


La relación entre los gases de efecto invernadero y el cambio climático es al menos controvertida como ya señalé varias vece en el blog. Sin embargo un dato curioso es que otra panacea como los biocomustibles producen más de estos gases que sus equivalentes tradicionales fósiles.

Este tipo de sorpresas se van a dar siempre mientras la realidad sea abordada desde la gratuidad. Por ella todo problema es interpretado como una consecuencia de la codicia humana (de los otros humanos) y la solución siempre se busca en un acto de autoridad que la reprima. Como no existe la gratuidad, es reemplazada por la ceguera, lo que quiere decir que lo más probable es que se produzcan peores consecuencias pero más escondidas.


Biofuels make greenhouse gases worse, scientists say

By ELISABETH ROSENTHAL

The New York Times

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Almost all biofuels used today cause more greenhouse-gas emissions than conventional fuels if the full emissions costs of producing these "green" fuels are taken into account, two studies published Thursday have concluded.

The benefits of biofuels have come under increasing attack in recent months, as scientists took a closer look at the global environmental cost of their production.

These plant-based fuels were originally billed as better than fossil fuels because the carbon released when they were burned was balanced by the carbon absorbed when the plants grew. But that equation proved overly simplistic because the process of turning plants into fuels causes its own emissions — for refining and transport, for example.

These studies, published in the prestigious journal Science, for the first time take a detailed, comprehensive look at the emissions effects of the huge amount of natural land that is being converted to cropland globally to support biofuels development.

The destruction of natural ecosystems — whether rain forest in the tropics or grasslands in South America — not only releases greenhouse gases into the atmosphere when they are burned and plowed, but also deprives the planet of natural sponges to absorb carbon emissions. Cropland also absorbs far less carbon than the rain forests or even scrubland that it replaces.

Together the two studies offer sweeping conclusions: It does not matter if it is rain forest or scrubland that is cleared, the greenhouse-gas contribution is significant. More important, they discovered that, globally, the production of almost all biofuels resulted — directly or indirectly, intentionally or not — in new lands being cleared for food or fuel.

"When you take this into account, most of the biofuel that people are using or planning to use would probably increase greenhouse gases substantially," said Timothy Searchinger, lead author of one of the studies and a researcher in environment and economics at Princeton University.

Searchinger's team determined that corn-based ethanol almost doubles greenhouse-gas output over 30 years when the land-use changes to grow corn are considered. Cellulosic ethanol made in the U.S. from switchgrass, a fuel that has been singled out by President Bush as a way to reduce the country's dependence on oil, produces 50 percent more emissions than gasoline does, the study said.

The clearing of grassland releases 93 times the amount of greenhouse gas that would be saved by the fuel made annually on that land, said Joseph Fargione, lead author of the second paper, and a scientist at the Nature Conservancy. "So for the next 93 years you're making climate change worse, just at the time when we need to be bringing down carbon emissions."

Searchinger said the only possible exception he could see for now was sugar cane grown in Brazil, which takes relatively little energy to grow and is readily refined into fuel. He added that governments should focus on developing biofuels that did not require cropping, such as those from agricultural waste products. "This land-use problem is not just a secondary effect — it was often just a footnote in prior papers," Searchinger said. "It is major."

Industry groups, like the Renewable Fuels Association, immediately attacked the new studies as "simplistic."

"Biofuels like ethanol are the only tool readily available that can begin to address the challenges of energy security and environmental protection," said Bob Dineen, the group's director, in a statement issued after the Science reports' release.

In the wake of the new studies, a group of 10 of the United States' most eminent ecologists and environmental biologists on Thursday sent a letter to President Bush and the speaker of the House, Nancy Pelosi, urging a reform of biofuels policies.

The U.S. recently enacted legislation boosting biofuel production to 36 billion gallons in 2022 from 7.5 billion gallons in 2012. The European Union requires 10 percent of transportation to use biofuels by 2020.

The European Union and a number of European countries have recently tried to address the land-use issue with proposals stipulating that imported biofuels cannot come from land that was previously rain forest.

Fargione said that the dedication of so much cropland in the United States to growing corn for bioethanol had caused indirect land-use changes far away — for instance, by increasing pressure on Brazil to meet soybean demand. "Brazilian farmers are planting more of the world's soybeans — and they're deforesting the Amazon to do it," Fargione said.

There should be more focus on producing biofuels from municipal waste and from land that can't be used for food crops, said Alex Ferrell, an energy and resource professor at the University of California, Berkeley. Soil and plants are essential stores of carbon, containing more than the atmosphere, he said.

Ferrell, who wasn't involved in the two studies, said the economic model used in Searchinger's study will have a "profound" impact on the biofuel debate because it questions the rationale of governments who see biofuels as a way to limit global warming.

Information from Bloomberg News is included in this report.

Cristina y Hegel Vs. La Constitucion

Armando Ribas – agosto 2007.


La señora de Kirchner acaba de manifestar que ella es hegeliana. Esta manifestación parecería esotérica, pues para muchos Hegel es un ignoto personaje. Pero resulta que las ideas ético políticas de este señor, en gran medida constituyeron los principios de los totalitarismos del siglo XX desde el nazismo al comunismo. Esas ideas son precisamente contrarias a las que produjeron la libertad en el mundo partiendo de Locke, Hume, Adam Smith, Madison y, no olvidemos, fundamentalmente Alberdi, que fue la influencia decisiva en nuestra constitución de 1853-60 que cambió la historia de Argentina. Podría decir que a partir de ella se humedeció la Pampa Húmeda durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX cuando Argentina pasó a ser uno de los ocho países más ricos del mundo.

Pero volvamos a las ideas de Hegel comenzando por su teoría del Estado. En su filosofía de la historia dice: “El Estado es la divina idea tal como existe en la tierra… El Estado es la marcha de Dios a través del mundo”. Y en su Teoría del Estado expresa: “El Estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del estado”.

Este principio es la antitesis de la relación del gobierno con los ciudadanos tal como se reconoce en la Constitución de Estados Unidos y en la nuestra. En éstas, por el contrario, el Estado esta formado por hombres y en consecuencia falibles de ahí la necesidad de limitar el poder político. Y al mismo tiempo es precisamente el deber del gobierno el proteger los derechos individuales. Pero no así para Hegel que sigue diciendo: “Si se confunde el Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y libertad personal, se hace del interés del los individuos como tales el fin último en el cual se unifiquen; y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”.

O sea, para Hegel los derechos individuales son un capricho. Preguntémosle a las empresas Argentinas y al respecto dice::“El individuo mismo tiene objetividad, verdad, eticidad solo como miembro del Estado pues el Estado es espíritu objetivo”. El Estado es la realidad de la idea ética: “Es el espíritu ético en cuanto voluntad patente clara para si mismo, sustancial que se piensa y se sabe y que cumple lo que el sabe y como lo sabe”. Decididamente esto es lo que aparentemente piensa Kirchner de sí mismo en su relación con las empresas con la prensa y con la oposición.

Como se sabe, Hegel cambió el sentido de la dialéctica tal como la concibiera Platón. De ser un esquema de conocimiento la convirtió en una dinámica de la historia por la cual “todo lo real es racional “. Es decir las contradicciones lejos de mostrar el error cerraban la brecha entre la realidad y el conocimiento. Por eso cuando uno discute con los marxistas su respuesta es que uno no entiende porque no está concientizado y todavía cree en la lógica formal. Es decir que para Hegel A puede ser no-A. El principio de identidad y el de contradicción desaparecen ante la dialéctica.

Pero siguiendo con la omnipotencia del Estado dice Hegel: “El lado abstracto del deber se afirma se afirma en el omitir y proscribir al interés particular como un momento no esencial hasta indigno”. Pregúntenle a Shell y ahora a los bancos que son los culpables de que subiera el dólar por su interés indigno según Kirchner-Hegel. Pero recordemos a Alberdi: “La omnipotencia del Estado o el poder omnímodo de la Patria respecto a sus individuos que son sus miembros tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica es decir el despotismo puro y simple”. Es a estas ideas hegelianas entre otras a las que Alberdi se refirió cuando le dijo a Sarmiento que había una barbarie ilustrada mucho peor que la del los salvajes de América del Sur.

Hegel por supuesto está igualmente en contra de la autonomía de los poderes. Para el la autonomía de los poderes significa la destrucción del Estado. Por eso la diferencia que hace entre el poder Legislativo, y el Gubernativo es funcional al poder del soberano que define como: “El poder del soberano que representa el poder de la subjetividad como la ultima decisión de la voluntad en la cual los distintos poderes son reunidos en una unidad individual que es la culminación y fundamento de la totalidad… La personalidad del Estado se hace real solo como persona en el monarca. (presidente?).

Una prueba más de la concepción ética de Hegel frente a los intereses particulares lo expresa así: “Como la sociedad civil es la liza del interés privado individual de todos contra todos, aquí también tiene su sede el conflicto del mismo con los comunes negocios particulares y de éstos junto con aquél contra los más elevados puntos de vista y mandatos del Estado”

En consecuencia Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad pues es la representante de los intereses generales. A ello se refiere así: “Los miembros del gobierno y los funcionarios del Estado constituyen la principal parte de la clase media que alberga la inteligencia culta y la condición jurídica de la masa de un pueblo”. Hasta Marx se dio cuenta de la actitud de los burócratas y contestándole a Hegel escribió: “Los Burócratas terminan por convertir en intereses generales lo que no son más que sus intereses particulares de hacer una carrera para si mismo (SIC).

Con respecto a la libertad de prensa encontramos otra coincidencia entre Hegel y el actual gobierno y aparentemente con el cambio que supuestamente se viene. Al respecto dice Hegel: “definir la libertad de prensa como la libertad de hablar y escribir lo que se quiera, corre pareja con el hecho de expedirse acerca de la libertad en general, como la libertad para hacer lo que se desee. Tal discurrir corresponde a la ignorancia aun del todo inculta de la representación”. Por supuesto Hegel considera asimismo que la guerra representa el momento ético en la historia de los pueblos. Por ello no debe considerarse como un mal absoluto: “La salud ética de los pueblo es mantenida en equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (intereses particulares) como el movimientos del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable o perpetua quietud” Definitivamente quietud es lo que no tenemos.

No nos podemos sorprender de que de aquello conceptos llegara al poder Hitler y hoy nos amenazan los monto nazis. Lo que esta en juego en octubre es la libertad y los derechos que garantiza la constitución de 1853-40 hoy violado pertinazmente por el gobierno “Del Poder Supremo” y recordemos una vez más a Alberdi cuando dice: “La Patria es libre en cuanto no depende del extranjero pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto”.

Por ultimo tampoco debemos olvidar la posición de Hegel frente a los judíos basada originalmente en el moralismo Kantiano. “El judaísmo es visto como el espíritu de una psiquis que debe ser redimida primero por la revolución cristiana y ahora en la era moderna por la filosofía “revolucionaria germana”. “Los judíos habían ya cumplido su función histórica y ahora era un pueblo fantasma que debería morir y desaparecer bajo las cenizas de la historia… Los judíos eran hostiles a la verdadera naturaleza que no podrían comprender y con la cual solo se podían relacionar mediante posesiones o dominación” En otras palabras el pecado era el comercio.

Progres y conservadores

Cuento de cómo se crearon los movimientos Conservador (los Republicanos) y "Progre" (es decir "liberals" del partido Demócrata).
En el origen, los humanos existían como miembros de pequeñas bandas de cazadores / recolectores. Vivían de los venados de la montaña en invierno, y en el verano iban a la costa para vivir de los pescados y las langostas.
Los dos acontecimientos más importantes de la historia fueron:
1) El invento de la cerveza, y
2) El invento de la rueda.
La rueda se inventó para que el hombre llegara a la cerveza y la cerveza al hombre.
Estos hechos formaron la base de la civilización moderna y juntos catalizaron la división de la humanidad en dos claramente distinguibles sub-grupos:
1) Los Progres, y
2) Los Conservadores.
Una vez que se descubrió la cerveza, hizo falta producir granos y esto fue el comienzo de la agricultura. No existían la botella ni la lata de aluminio, así que, mientras los antiguos daban vueltas esperando su invención, se quedaban cerca de las fábricas de cerveza.
Así se formaron las aldeas.
Algunos hombres pasaban sus días rastreando y cazando los animales que iban a asar a la noche, mientras bebían cerveza.
Esto fue el comienzo de lo que se conoce como el movimiento Conservador.
Otros hombres, más débiles y menos talentosos para la caza, aprendieron a vivir de los conservadores, colándose en los asados y dedicándose a la costura, a servir la mesa y al corte de pelo.
Esto fue el comienzo del movimiento Progre.
Con la evolución, algunos de estos hombres se convirtieron en mujeres. A los demás se les dio el mote de afeminados.
Algunos de los logros más notorios del movimiento progre fueron: la domesticación de gatos, el invento de la terapia de grupo, la evolución del actor de Hollywood y el concepto de votar democráticamente para decidir cómo dividir toda la carne y la cerveza que producían los conservadores.
Con el tiempo, a los Conservadores se les dio el símbolo del animal terrestre más grande y más poderoso, el elefante. El símbolo de los progres es el burro.
A los progres modernos les gusta la cerveza importada (a la que le agregan jugo de naranja), pero la mayoría prefiere el vino blanco o el agua importada en botellitas. Comen pescado crudo, pero prefieren sus bifes bien cocidos. Su comida habitual incluye el sushi, el tofu y la cocina francesa.
Otro detalle interesante de la evolución: la mayoría de las mujeres progres tienen niveles más altos de testosterona que sus hombres.
La mayoría de lo los trabajadores sociales, abogados de accidentes, periodistas, soñadores hollywoodenses y terapistas de grupo son progres.
Los conservadores toman cerveza nacional. Comen carnes rojas y mantienen bien a sus mujeres. Los conservadores son cazadores de piezas mayores, domadores de potros, leñadores, trabajadores de la construcción, bomberos, médicos, oficiales de policía, ejecutivos de empresa, atletas, infantes de marina y, en general, cualquiera que trabaja productivamente.
Los conservadores que tienen empresas contratan a otros conservadores que quieren vivir de su trabajo.
Los progres no producen casi nada. Les gusta gobernar a los productores para decidir qué hacer con la producción.
Creen que los europeos son más cultos que los americanos. Por eso los progres se quedaron en Europa cuando los conservadores venían para América. Se metieron subrepticiamente después de que el Lejano Oeste fuera pacificado y crearon el negocio de tratar de conseguir más a cambio de nada.
Aquí termina la clase de historia de hoy...
Es de notar que los progres que reciben este mensaje sienten un impulso momentáneo de responder airadamente antes de reenviarlo.
Los conservadores simplemente se ríen; están tan convencidos de la verdad de esta historia que la reenvían a otros que piensan como ellos... y también a los progres que conocen... para mortificarlos.
¡Que tengan un muy buen día!

El Gobierno entró en pánico

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

La expansión monetaria y la manipulación del índice inflacionario se han agotado como recursos que permiten mantener un tipo de cambio lo suficientemente elevado. ¿Y ahora qué?

No existen antecedentes en el mundo de un país que haya logrado crecer sin inversiones. A esta altura del conocimiento económico casi nadie discute que es la inversión la que aumenta la productividad de la economía, genera más puestos de trabajo, produce más bienes y servicios por trabajador y mejora los salarios reales. En definitiva la fórmula del crecimiento económico no es una fórmula secreta que solo atesoran unos pocos países. Al contrario, son cada vez más los países que adoptan la sencilla fórmula de atraer inversiones e incorporarse al mundo para poder crecer y darle a sus habitantes una mejor calidad de vida.

Tampoco es un secreto la fórmula para atraer inversiones. Seguridad jurídica, respeto por los derechos de propiedad, estabilidad en las reglas de juego, sistemas tributarios que no sean confiscatorios, mercados desregulados y el mundo como la gran oportunidad para conseguir clientes. Los socialistas más acérrimos de los 70 se han transformado en socialdemócratas que reconocen en la economía de mercado el mecanismo de crecimiento. Podrán discutir si reparten algún punto más del PIB, pero el corazón de la política económica es, para los socialdemócratas, la economía de mercado, la seguridad jurídica y su incorporación al mundo.

A diferencia de lo que ocurre en muchos países que han logrado salir de la pobreza (España, Irlanda, el sudeste asiático, Europa Central, etc.) en Argentina se ha optado por un modelo anclado en el pasado. ¿Cuál fue la fórmula elegida por Duhalde, siguiendo la sugerencia de algunos sectores que viven del lobby para ganar plata? Simplemente devaluar la moneda argumentando que Argentina necesitaba un tipo de cambio competitivo. Bajo ese eufemismo lo que se hacía era ofrecerle al sector empresarial salarios muy bajos medidos en dólares, pero con alto costo de capital. De esta manera las empresas optaron por enfrentar la reactivación contratando mano de obra barata en dólares para encarar procesos productivos de baja productividad. Se optó por un modelo de baja productividad que redujera la desocupación en forma acelerada. Se privilegió el corto plazo en detrimento del largo plazo.

Pero como le ocurre a toda política económica inconsistente, el largo plazo también le llega y los costos de los errores comienzan a aflorar todos juntos.

Haciendo una síntesis del modelo existente, podríamos decir que comenzó con una fuerte transferencia de ingresos de los sectores de menores ingresos hacia los beneficiarios de la devaluación. Buena parte de las utilidades venían de tener un insumo barato: la mano de obra, más energía también barata.

Sin embargo, la existencia de un tipo de cambio casi fijo a lo largo de los últimos 5 años combinado con aumentos de salarios crecientes han llevado a que ese insumo barato que era la mano de obra comenzara a comerse buena parte de la rentabilidad de las empresas. La inflación fue licuando el tipo de cambio real y elevando el salario barato en dólares hasta niveles cercanos a los de la convertibilidad.

En un reciente trabajo publicado por Juan Luis Bour, actualmente el salario promedio de varios sectores productivos es solamente un 21% más bajos en dólares que en el 2001 antes de la devaluación. Bour hace el ejercicio de evaluar qué podría pasar con los aumentos de salarios de este año sin que se mueva el tipo de cambio y el resultado es que los salarios en dólares llegarían a superar a los que regían en la convertibilidad.

El problema es que las empresas no tendrán como alternativa un insumo barato sustitutivo de la mano de obra. Me refiero al capital. Es más, la ausencia de créditos a tasas pagables, hace impensable que, si alguien está pensando en invertir, pueda llegar a hacerlo con el costo del crédito que rige actualmente en Argentina.

Si a esto se le agrega los incrementos de energía que ocurrieron en los últimos meses y que continuarán a lo largo del 2008, más la escasez de energía producto del consumo de capital que sufrió este sector, lo que veremos es un sector empresarial con rentabilidades fuertemente decrecientes.

El gobierno ha caída en trampa del largo plazo. Para recomponer la rentabilidad de las empresas y estimularlas a invertir, además de otorgarles seguridad en las reglas de juego y en el abastecimiento de energía, deberá mover el tipo de cambio hacia niveles más altos. La pregunta es: ¿con qué recursos? Hasta ahora ha recurrido a la expansión monetaria y el endeudamiento, generando un caos inflacionario, agravado por el primitivismo de las medidas del secretario Moreno. Lo que debería conseguir el gobierno es un fenomenal superávit fiscal, por lo menos equivalente al superávit de balance comercial y rezar para que no ingresen capitales (algo contradictorio si se quiere crecer). Dicho en otras palabras, la mejor noticia que podría tener el gobierno sería que las exportaciones crezcan menos que las importaciones para tener que comprar menos dólares, con lo cual estaríamos en la curiosa situación que el modelo de sustitución de importaciones que impulsa empezaría a jugarle en contra.

Pero aún así necesitaría generar más superávit fiscal que el actual y para ello debería bajar el gasto público, lo cual conspira con el objetivo de poder del gobierno.

Frente a esta realidad, por ahora, el gobierno ha insistido en el sistema represivo, negando la realidad e intimando al presidente de Shell por decir que existe la ley de la oferta y la demanda. Evidentemente el gobierno no solo ha entrado en pánico, sino que, además, ese pánico lo está llevando a actuar con cierto grado propio de un instituto psiquiátrico.

En síntesis, ¿cómo se sentiría usted si estuviera volando en un avión que está cayendo y el piloto sólo atina a amenazar a los pasajeros diciendo que no existe la ley de la gravedad? © www.economiaparatodos.com.ar

¿Más recetas socialistas?


Durante las últimas largas décadas, en buena parte de la región latinoamericana se han aplicado con intensidad variada las recomendaciones socialistas con resultados siempre nefastos, especialmente para la gente mas necesitada. Ahora, resulta que se anuncia como una novedad la implantación mas intensa del colectivismo empobrecedor, para lo que hacen punta Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador con gobernantes trasnochados y discípulos del mandamás cubano.

Se han encaramado en el poder merced a una concepción tramposa de la democracia que hace tabla rasa con los derechos de las minorías. Recientemente, durante los años noventa, no fueron pocos los que se dejaron embaucar con etiquetas liberalizadoras pero, en gran medida, esos experimentos desembocaron en aumentos siderales en el gasto estatal, en la deuda pública y en la carga fiscal, al tiempo que surgieron casos de alarmante corrupción en el contexto de llamadas privatizaciones que significaron el traspaso de monopolios gubernamentales a monopolios privados.

Este cuadro de situación impulsó a muchos partidarios de corrientes de pensamiento de izquierda a señalar un quiebre mas marcado respecto de lo que equivocadamente consideraron (y consideran) políticas liberales. De mas está decir que los efectos negativos del estatismo no se combaten con mas estatismo sino revirtiendo el camino.

Los extremos de esta lamentable situación fueron Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas de Gortari en México, con el agravante del desconocimiento mas palmario de la división horizontal de poderes y el desvergonzado copamiento de los organismos de contralor republicano.

El momento que nos toca vivir sirve para refutar a los distraídos que alegremente sostuvieron que a partir de la caída del muro de la vergüenza en Berlín, era inexorable e irreversible la terminación del socialismo. Esto no es mas que un torpe marxismo al revés. Tal como ha enseñado Popper, en los sucesos humanos no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia. Todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.

Con todos los experimentos truculentos de los megalómanos ingenieros sociales para fabricar “el hombre nuevo” y otras sandeces, a esta altura de los acontecimientos no resulta fácil explicar la insistencia en las fallidas recetas del autoritarismo socialista. Salvo honrosas excepciones, en las universidades se siguen repitiendo machaconamente las virtudes del positivismo jurídico como si no existieran puntos de referencia extramuros de las normas promulgadas por el legislativo, se sigue insistiendo en que el aparato estatal debe tratar a sus congéneres como animales imponiéndoles retenciones al fruto de sus trabajos obligándolos al aporte para sistemas quebrados y absurdos de jubilaciones que sorprenden a cualquiera que tenga alguna remota idea de interés compuesto, se sigue manipulando el mercado laboral que no permite productividades elementales y se sigue pensando que constituye una gracia mayúscula el cerrarse al mundo en una enfermiza autarquía alambrada para adquirir bienes mas caros y de peor calidad.

Entre otros, el caso argentino exhibió un notable progreso desde su organización nacional hasta que hicieron estragos los populismos y las demagogias, primero en la década del treinta y mucho mas intensamente a partir de la década siguiente. Antes de eso último, los salarios de los peones rurales y de los obreros de la incipiente y floreciente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, España e Italia. La población se duplicaba cada diez años. Las exportaciones estaban a la altura de las de Canadá y Australia y con teléfonos per capita y líneas férreas en relación a la población eran igual que en Estados Unidos. En el centenario -1910- la Academia Francesa comparó los debates parlamentarios en aquel país con los que se llevaban a cabo en el seno de esa corporación debido a la cultura que ponían de manifiesto diputados y senadores.

Alexis de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa conjetura que los países que han mostrado gran progreso moral y material, tienden a dar eso por sentado. Momento fatal, porque es allí donde ocupan los espacios vacantes otras corrientes intelectuales. Para bien de los que vivimos en esta región latinoamericana, es de desear que se recapacite y se abandone el uso de fuerza para imponer desde el estado planificaciones atrabiliarias y se le de cabida a los bienhechores principios de la sociedad abierta.

El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.

Los chicos y las armas

General Cosgrove was interviewed on the radio the other day and you'll love his reply to the lady who interviewed him concerning guns and children.

Regardless of how you feel about gun laws you gotta love this!!!!

This is one of the best comeback lines of all time. It is a portion of ABC interview between a female broadcaster and General Cosgrove who was about to sponsor a Boy Scout Troop visiting his military headquarters.

FEMALE INTERVIEWER: So, General Cosgrove, what things are you going to teach these young boys when they visit your base?

GENERAL COSGROVE: We're going to teach them climbing, canoeing, archery, and shooting.

FEMALE INTERVIEWER: Shooting! That's a bit irresponsible, isn't it?

GENERAL COSGROVE: I don't see why, they'll be properly supervised on the rifle range.

FEMALE INTERVIEWER: Don't you admit that this is a terribly dangerous activity to be teaching children?

GENERAL COSGROVE: I don't see how. We will be teaching them proper rifle discipline before they even touch a firearm.

FEMALE INTERVIEWER: But you're equipping them to become violent killers.

GENERAL COSGROVE: Well, Ma'am, you're equipped to be a prostitute, but you're not one, are you?

The radio went silent and the interview ended.

No robe: al Estado no le gusta la competencia

Roberto Cachanosky © www.economiaparatodos.com.ar

La vorágine impositiva, la corrupción, el clientelismo y el despilfarro de los fondos públicos caracterizan a una Argentina en donde la trampa y el saqueo han reemplazado a la cultura del trabajo y del esfuerzo.

Los escándalos de corrupción que surgieron en los últimos tiempos en la Argentina hubiesen hecho caer al gobierno de cualquier país medianamente organizado. Y si el gobierno no hubiese caído, seguramente se habría visto en serios problemas, con renuncias de funcionarios relevantes y magros resultados electorales. Sin embargo, pareciera ser que, si bien la gente repudia casos como los de Skanska, la bolsa de plata de Micelli, las valijas de Antonini Wilson o tantos otros que podríamos nombrar, decía, si bien la gente parece repudiarlos, es como si los aceptara como un dato de la realidad. No los aprueba, pero tampoco sale a hacer marchas por la calle para repudiar semejantes cosas. Evidentemente, el argentino se ha acostumbrado a ciertas reglas de juego perversas y solo se produce alguna reacción social de envergadura cuando a la gente le meten la mano en el bolsillo –como fue el caso del corralito– o cuando se produce algún estallido inflacionario.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir bajo reglas tramposas donde todo es cínico y mentira.

Los gobiernos nos expolian con impuestos hasta niveles insospechados. Esas delirantes cargas tributarias siempre son presentadas como impuestos que tienen que cobrarse en nombre de la justicia social, sin embargo, todos saben que ni el dinero va a parar a los destinos sociales que dicen asignarse, ni la gente paga todos los impuestos que tiene que pagar. Salvo en contados casos el contribuyente paga todo y es cuando éste tiene una alta exposición pública o por la envergadura de la empresa se hace imposible evadir.

Desde el punto de vista fiscal todo es una mentira. Los impuestos son confiscatorios y distorsivos, la plata que se recauda se pierde en los pliegues de una burocracia que tiene que sobrevivir a cualquier costo, cuando no se destina a financiar actos de corrupción o clientelismo político. La información que acaba de dar el nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre los ñoquis que descubrieron, es solo un pequeño botón de muestra de lo que son la administración pública nacional, provinciales y municipales en Argentina.

La creencia popular es que la economía de mercado es igual a la ley de selva, según la cual unos se matan a otros para sobrevivir. La realidad es que las reglas que imperan en la Argentina, que lejos están de ser las de una economía de mercado, son justamente equiparables a la ley de la selva en el que el más fuerte se devora al más débil o, si se prefiere, donde impera el salvajismo más atroz fruto de la omnipresencia estatal.

Proteccionismo, subsidios de todo tipo, dirigentes sindicales que usan la amenaza como forma de “conquistas” sociales, piqueteros con fuerzas de choque, dirigentes políticos que pueden formular las declaraciones más descaradas sin que se les mueva un pelo mientras usan el dinero de los contribuyentes para establecer sus esquemas de poder, gente que se siente con derecho a que otro le pague la vivienda sin explicar porqué el otro tiene esa obligación, pedidos para que se creen bancos que le den créditos baratos a determinadas empresas. En definitiva, los argentinos nos acostumbramos a vivir bajo un sistema que en vez de crear riqueza la destruye. Vivimos, como dije en otra nota, en un saqueo generalizado y, lo peor, es que un gobierno atrás de otro ha estimulado ese sistema de vida, siendo el Estado, obviamente, parte del saqueo, cuando no el que lidera el saqueo.

En la selva, unos animales matan a otros por hambre. En la Argentina, unos matan a otros, económicamente hablando, por codicia y poder.

Causa indignación escuchar a algunos recaudadores de impuestos formulando discursos sobre la inmoralidad de no pagar los impuestos, mientras la corrupción y el despilfarro de los fondos públicos es cosa de todos los días. ¿Con qué autoridad moral se exige tanto cumplimiento impositivo si el Estado despilfarra descaradamente los impuestos y, encima, se da el gusto de no informar sobre cómo los gasta? No hay comportamiento más inmoral que el de quitarle el fruto del trabajo a la gente para despilfarrarlo en subsidios, prebendas, corrupción y burocracia, gracias al monopolio de la fuerza que detenta el Estado. A la nuestro país le cae como anillo al dedo aquella vieja frase que dice: No robe. Al Estado no le gusta la competencia.

La Argentina debe ser uno de los pocos países que, de la noche a la mañana, mediante fabulosas transferencias patrimoniales, transforma a pobres en ricos y a ricos en pobres. Pocos son los que esperan construir su futuro en base al fruto de su trabajo. Más bien, cada uno aprovecha los bruscos cambios de precios relativos para acaparar una fortuna, la cual, si no es precavido, puede perderla en la próxima crisis. Todos aprovechan el momento y mañana verán.

Como el objetivo básico no es crear riqueza, sino apoderarse del trabajo de los otros, y todos sabemos que ésa es la regla, no podemos esperar otra cosa más que continúe esta larga decadencia que venimos padeciendo. Y esto seguirá así hasta que se produzca la próxima crisis económica. Puede ser que en ese momento recuperemos la cordura y, de una vez por todas, dejemos la trampa y el saqueo de lado y adoptemos la cultura del trabajo y el esfuerzo como forma de vida. Claro que, el primer ejemplo mostrando el nuevo camino deberá venir desde los gobernantes.

Lo que todo buen país bananero tiene que tener

vía No me parece de Jose Benegas el 17/01/08

Vamos cerrando el círculo para cumplir nuestro destino frutero. Infaltable una presidencia que se enriquece, se enriquece y se enriquece sin parar y a la luz pública. Eso sirve para que en el próximo gobierno se muestre “lo que el pueblo sufrió” durante el kirchnerismo al que nadie votó. Y eso que La Nación tomó valores fiscales, que si no.

Fundamental exhibir los curros demostrando haberse adueñado por completo del país y que al mismo tiempo algún amanuense se haga un poco el comunista para que se entretengan los idiotas.

Y lo otro indispensable es prometer alguna forma de paraíso mientras avanza el infierno.

Parece que están estudiando cómo hacer funcionar el tren bala a pilas. Ya se, me van a decir que la señora algo tiene que hacer mientras su marido gobierna, pero me parece que sería más barato si saliera de compras.

En fin, todo sea por ese mundo mejor con el que soñaban Bonasso, Verbitsky, Bonafini y los Kirchner (incluyo a Floppy y Máximo, obvio).

El groncho realista


El gronchaje de clase media tiene demasiadas aristas y como es un campo de estudio que conocemos bien, por pertenecer a él, habrá que segmentarlos para su mejor comprensión. Hay un personaje despreciable del que debemos cuidarnos: El Groncho CM Realista.

Para él todo hay que "bajarlo a la realidad" como si ese fuera un movimiento espiritual deseable. El Groncho CM Realista tiene gran parte de la "cultura" nacional de su lado. Hay un movimiento que lo apoya, glorifica y ensalza. Las películas y libros de hombres comunes, de antihéroes, de perdedores, tienen mayor audiencia que las de tipos que se la juegan.

Desprecia y teme a la figura del héroe. Cuando puede dice que los verdaderos héroes son los "millones de personas anónimas que hacen grande este país", como si lavar ropa, cocinar todos los días o tomarse el colectivo para ir al trabajo fuera una actividad heroica. Son los que confunden la constancia con la heroicidad. Rechazan la complejidad y lo que se sale de la regla. Desprecian al que levanta la voz en la cola de un Banco, en el aula de la facultad, en una reunión de consorcio o en una asamblea de trabajadores.

No entiende que el héroe es el que se la juega, no el que no le queda otra. Este hombre vulgar es de los que van al casino y juegan a negro y colorado, a par e impar, a primera, segunda y tercer docena. El Groncho realista practica desde chico denunciando a sus compañeritos de aula o diciéndole a la chica que nos gusta que no somos un buen partido. Luego, en la universidad, la oficina o la fábrica son los "ojos y los oídos del jefe".

Son los que tratan de evitar la aventura, el riesgo y la sorpresa; y es la voz que siempre está allí para recordarnos que "mejor hubiera sido no hacer nada". La mediocridad, en ellos es una virtud. Dice que los buenos años ya van a venir. Reivindica su derecho a elegir mal. Por eso había que "apoyar a Videla hasta que ordenara el país" o "esperarlo a Alfonsín a que pudiera hacer las cosas".

Su regodeo por la vulgaridad amenaza las mismas bases que han hecho grande a este país. La apuesta a doble o nada cuando el Rey de España estaba preso de Napoleón, o cuando un hacendado salteño juntó al paisanaje para que los Godos no pasaran por el norte mientras otro loco se iba de gira a Chile y Perú, son, en esta cultura del Groncho Realista "cosas que hay que pensar bien antes de hacer".

Se emociona recordando a su abuelo inmigrante, pero él sería incapaz de dejar todo para seguir un deseo profundo, o al menos pasar tres días en carpa en la Laguna de Monte. Las añoranzas del G-Realista se miden en 32 pulgadas y vienen en Plasma o LCD. El no sueña con irse a vivir a una isla sirviendo tragos o vendiendo carnada para pescadores. Jamás haría algo que perjudicara su brillante carrera de cagatintas en esa repartición del Estado, en un consultorio o en su estudio jurídico.

No dona sangre porque puede contagiarse SIDA, no va a la cancha por miedo a los piedrazos, no habla con el vecino por temor a que abuse de su confianza, no presta la goma, la plasticola ni el transportador, porque su mamá no lo deja. Su único momento de gloria cívica fue en el 2001, pero luego se tranquilizó cuando de los $300 por semana, Cavallo autorizó retirar $500 de los cajeros.

Adhiere fervientemente a la visión antropológica de cultura. Por eso se jacta de contestar más de la mitad de las preguntas de Susana Giménez en el Imbatible, o saber la delantera de River del 75. Cualquier intento de excelencia es atacado bajo la condena de aburrido, inútil y sin sentido. Cree que El Principito es una joya de la literatura universal y Juan Salvador Gaviota está a la altura de Por quién doblan las campanas.

Hace culto al neutralismo, pero le preocupa qué opina el mundo de nosotros. Es de los que vuelven horrorizados de cómo somos vistos los argentinos en el extranjero. No se siente parte de nada ni comparte nada con nadie. Su vida es su casa y su patio el mundo. Su bandera es un billete de 20.

No busca que la Reina del Baile le de bola, se conforma con una que le cocine y ordene la casa; o el que puntualmente del uno al cinco le entregue su sueldo y una vez al mes la lleve a cenar afuera. La vida se le va entre delación y delación. Pero tendrá a sus hijos para que lo recuerden como una persona "honesta y trabajadora".

Por eso, como dice Alejandro Dolina, el Groncho Realista no cree que las "deudas de juego son sagradas"; y que se deben pagar con gusto; porque uno sabe que al menos arriesgó.

Ludwig von Mises: Seis conferencias desde Buenos Aires


Desde HACER nos comunican que hay disponible en castellano los discursos que Mises pronunció en Buenos Aires en 1959: POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro. También lo tenéis en inglés en ECONOMIC POLICY Thoughts for Today and Tomorrow. Copio el prefacio de Margit Von Mises, esposa de Ludwig:


El presente libro refleja totalmente la posición del autor por la cual fue – y todavía es – admirado por sus seguidores y vilipendiado por sus oponentes... Si bien cada una de las seis conferencias puede mostrarse por separado como un ensayo independiente, la armonía de la serie completa permite un placer estético similar al que proviene de mirar la arquitectura de un edificio bien diseñado.

—Fritz Machlup, Princeton, 1979—

A fines de 1958, cuando mi esposo fue invitado por el Dr. Alberto Benegas Lynch a ir a la Argentina a dictar una serie de conferencias, se me pidió que lo acompañara. Este libro contiene, por escrito, lo que mi esposo dijo a centenares de estudiantes argentinos en dichas conferencias.

Llegamos a la Argentina varios años después que Perón había sido forzado a dejar el país. Perón había gobernado destructivamente y destruido totalmente los fundamentos económicos de la Argentina. Sus sucesores no habían sido mucho mejores. El país estaba dispuesto a recibir nuevas ideas y mi esposo estaba igualmente dispuesto a proveerlas.

Sus conferencias fueron dictadas en inglés, en el enorme salón de conferencias de la Universidad de Buenos Aires. En dos salas vecinas sus palabras eran simultáneamente traducidas al idioma español para los estudiantes que escuchaban con audífonos. Ludwig von Mises habló sin restricción alguna sobre capitalismo, socialismo, intervencionismo, comunismo, fascismo, política económica y los peligros de una dictadura. Estos jóvenes que escuchaban a mi esposo no sabían demasiado sobre el mercado libre o sobre las libertades individuales. Así como escribí sobre esta ocasión en My years with Ludwig von Mises (Mis años con Ludwig von Mises): 'Si cualquiera en esos tiempos se hubiera atrevido a atacar al comunismo y al fascismo como mi esposo lo hizo, la policía habría entrado y lo habría detenido inmediatamente, y la reunión habría sido disuelta'.

La audiencia reaccionó como si una ventana se hubiera abierto y se permitiera al aire fresco soplar a través de las habitaciones. Habló sin notas. Como siempre, sus pensamientos eran guiados solamente por unas pocas palabras escritas en un trozo de papel. Sabía exactamente lo que deseaba decir y, usando términos comparativamente simples, consiguió comunicar sus ideas a una audiencia no familiarizada con sus trabajos, de una forma en que pudieran entender exactamente lo que estaba diciendo.

Las conferencias fueron grabadas y las cintas fueron más tarde trascriptas por una secretaría hispano parlante cuyo texto tipeado encontré entre los papeles de mi marido después de su muerte. Leyendo la trascripción recordé vívidamente el singular entusiasmo con el que aquellos argentinos habían respondido a las palabras de mi esposo. Y me pareció, como no-economista, que estas conferencias, dictadas ante un público lego en Sur América, eran mucho más fáciles de entender que muchos de los más teóricos escritos de Ludwig von Mises. Sentí que contenían tanto material valioso, tantos pensamientos importantes para hoy y para el futuro, que debían hacerse públicas. Dado que mi esposo nunca había revisado la trascripción de sus conferencias para su publicación en un libro, esa tarea quedó para mí. He sido muy cuidadosa en mantener intacto el significado de cada frase, en no cambiar nada del contenido y en preservar todas las expresiones que a menudo mi esposo usaba y que son tan familiares a sus lectores.

Mi única contribución ha sido juntar frases sueltas y quitar algunas pequeñas palabras que uno utiliza cuando habla informalmente. Si ha sido exitoso mi intento de convertir estas conferencias en un libro, se debe solamente al hecho que con cada oración escuché la voz de mi esposo, lo escuché hablar. Estaba vivo para mí. Vivo en la claridad con que demostraba la maldad y el peligro de demasiado gobierno; en la manera en que exhaustiva y lúcidamente describía las diferencias entre dictadura e intervencionismo; en la ingeniosidad con que hablaba sobre importantes personalidades históricas; en las muy pocas palabras con que conseguía que el pasado volviera a la vida.

Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer a mi buen amigo George Koether por ayudarme en esta tarea. Su experiencia editorial y su comprensión de las teorías de mi esposo fueron de una gran ayuda para este libro.

Espero que estas conferencias sean leídas no sólo por académicos sino también por los muchos admiradores de mi esposo entre los no-economistas. Y sinceramente espero que este libro pueda estar disponible para las audiencias más jóvenes, especialmente escuelas secundarias y universidades, en todo el mundo.

MARGIT VON MISES
New York, June 1979

POLITICA ECONOMICA. Pensamientos para hoy y para el futuro

La cultura del saqueo

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El empleo de la coacción, la violencia y la fuerza como métodos para obtener aquello que se desea, por más justo o merecido que sea, es una de las causas de la decadencia argentina.

Si alguien dudaba de que Argentina se dirigía de cabeza a una crisis, lo que hoy estamos viviendo debería terminar de convencerlo. Las luchas por el poder sindical llegan hasta el límite de comportamientos mafiosos. Los piqueteros están nuevamente en las calles cortando el tránsito y tomando reparticiones públicas, la calle es un caos por ausencia de autoridad, los precios se siguen disparando y el gobierno acaba de anunciar un plan de emergencia energética que refleja la improvisación con que se manejó este tema todos estos años.

En el fondo, la crisis es solo el emergente de valores totalmente subvertidos del cual el gobierno parece no haberse enterado, por el contrario, sigue dando vuelta los hechos al punto que la presidente (y digo presidente y no presidenta porque presidente es el cargo que figura en la Constitución) acaba de afirmar: "en este programa estamos yendo al tercer eslabón de la responsabilidad, que es la responsabilidad social, porque se puede tener muy buen gobierno pero si no se tienen buenas instituciones en lo privado y en la sociedad, es muy difícil abordar la transformación de un país". Con esta afirmación pareciera ser que Cristina Kirchner considera que el suyo y el de su marido han sido dos muy buenos gobiernos y que si las cosas no marchan mejor es por culpa de culpa de los empresarios y de la gente. Algo similar sostenía, Hitler cuando estaba por caer Berlín en manos de los rusos. Decía el dictador, en su delirio, que su pueblo iba a sufrir porque no lo había acompañado en el sacrificio.

Pero volvamos al caso argentino. Lo que uno ve desde décadas, y más acentuado ahora, es que al revés de lo que marca la presidente, es que justamente ha sido el Estado el que ha subvertido los valores de la sociedad y no se le puede pedir a la gente que tenga comportamientos diferentes si desde lo más alto del poder se actúa con impunidad, mentira y desprecio por el orden jurídico.

¿Qué valores puede exigirle Cristina Kirchner al resto de la sociedad si a sólo 48 hs. de instalada en la casa de Gobierno se ha destapado un caso de corrupción que la involucra como candidata presidencial y compromete seriamente a su marido, que es el mentor de su candidatura?

Cuando Cristina Kirchner les exige seriedad a los empresarios y a la sociedad tiene que tener presente que las reglas de juego que hoy imperan en la Argentina fueron impulsadas por gobiernos con pensamiento populista como el de su marido y el de ella. ¿Qué valores impusieron? El de usar al Estado como instrumento de coacción para beneficio propio y de unos pocos amigos del poder. La cultura del trabajo, del esfuerzo personal fueron dejadas de lado para dar paso a la cultura de la prebenda y de la demostración de fuerza. Basta ver como facciones sindicales se enfrentan por cuotas de poder utilizando la calle como forma de manifestar su poder basado en la fuerza bruta. Aquí no hay razones, hay demostraciones de fuerza. Unos haciendo piquetes en 39 lugares diferentes de la ciudad violando el derecho de la gente a transitar libremente ante la pasividad de la autoridad pública, y otros amenazando con sacar los camiones a la calle como si fueran el séptimo de caballería.

Grupos piqueteros, que dicen ser partidarios del kirchnerismo, se dan el lujo de tomar por la fuerza bruta un edificio público en la ciudad de La Plata, lesionando gravemente a dos policías y los responsables son liberados casi inmediatamente.

Al mismo tiempo tenemos a algunos dirigentes empresariales que le chupan la media al gobierno de turno para mantener sus privilegios o los beneficios del eufemismo del tipo de cambio competitivo.

Argentina tiene reglas en las cuales el saqueo está a la orden del día. El saqueo como regla impuesta por el Estado por la cual se pervierte la ley para quitarle el fruto de su trabajo a quienes lo generaron para transferírselo a quienes no les corresponde. En nuestro país la ley está prostituida. No se la usa para establecer reglas de convivencia sino para saquear "legalmente" a diferentes sectores de la sociedad y para destruir el sistema republicano. Le ley no le pone límites al Estado, se los amplía generando océanos de corrupción.

La banda piquetera que tomó el edificio en La Plata se siente con derecho a exigir que le entreguen más dinero, canastas navideñas y no sé cuantas cosas más. ¿Quién tiene la obligación de pagar todos esos "beneficios" y por qué? ¿Qué estímulos puede tener el hombre o la mujer que se levanta temprano para ir a su trabajo a ganarse honestamente su sustento si ve que una banda de forajidos toma impunemente el edificio, es liberada y encima exige que ese señor o señora le de el fruto de su trabajo, luego de treparse viajar en condiciones infrahumanas en un colectivo, soportar los paros de subtes y aguantar los piquetes de Quebracho o la UOCRA?

Del lado empresarial, hay sectores que, cual ladrones de guantes blancos, estimulan el tipo de cambio competitivo que no es otra cosa que cobrarle el impuesto inflacionario a la gente para transferirle a ellos los beneficios de un dólar caro, cuando no piden créditos subsidiados sin aclarar quién y por qué tienen que financiarles tal petición.

Todos piden y nadie dice porqué el que paga tiene la obligación de pagar la cuenta. Se crea así, una cultura del saqueo impulsada desde el mismo Estado, cuando no es que los mismos funcionarios del Estado forman parte del saqueo.

Ya no queda gran margen para esconder este uso desvergonzado del poder, de la mentira, para disimular la inflación, la crisis energética y la caída del salario real.

Argentina está nuevamente en la pendiente descendente porque no se han cambiado las reglas del saqueo, solo se han cambiado las personas. Y las mismas reglas con diferentes personas igual dan los mismos resultados. © www.economiaparatodos.com.ar

El Estado no crea valores

El Estado no crea valores; el Estado no ha hecho la moneda; el Estado no da valor a ninguna substancia ni ha hecho que el oro valga; el oro vale, cualquiera que sea la opinión del Estado respecto de su valor. Lo único que ha hecho el Estado, en materia de moneda, es establecer la escala de los precios, como ha establecido la escala de las pesas en el sistema métrico decimal. Ha dicho: la escala monetaria constará del centavo, del peso, del argentino, etc., como ha dicho: la escala de medidas de peso se dividirá en gramos, kilogramos, tonelada métrica, etc., pero no puede dar ni quitar valor a cosa ninguna. Puede en cambio, el Estado, mediante leyes arbitrarias, confiscar parte de la riqueza pública representada por los billetes que circulan, y dislocarla, entregándola a los tenedores de nuevos billetes emitidos por el Estado, lo que es un despojo, que el Estado argentino ha cometido muchas veces, y ha sido calificado directamente de robo por el gran economista y moralista inglés John Stuart Mill.

Juan B. Justo, en la Cámara de Diputados de la Nación, 15 de septiembre de 1914.


Extraído de

Áreas de desprotección pública

Unas notas antes:
Yo no tengo armas. Particularmente, siempre me causaron algo de temor. Aunque tuve la suerte de que alguien me enseñara a manejarlas.
Hoy tengo un hijo, y otro en camino. Se que hay delincuentes, criminales que no tienen miedo a las armas, ni respeto a la vida. Si tuviera a uno apuntandole a cualquiera de mi familia y tuviera a mano un arma de fuego, no lo dudaría.

14/12/2007 - José Carlos Rodríguez

Ocurrió el pasado 9 de diciembre. Un joven de 24 años, devorado por el odio a los cristianos, se dirigió a una iglesia en Arvada, Colorado, con el deseo irrefrenable de saciar su inquina. Iba armado y fue con la intención de matar a cuantos les permitiera su munición. Segó la vida de dos personas, pero antes de que pudiera ir a más una mujer voluntaria, que iba a echar una mano a la Iglesia, le detuvo de varios balazos. No le mató; tuvo que ser él mismo quien lo hiciera. El asesino sólo llegó a avanzar 50 pies, según los testigos.

Esta terrible historia no ha ocupado los informativos y los periódicos de todo el mundo por un sencillo hecho: en aquél lugar estaba permitido llevar armas y quiso la fortuna de que una ex policía de Minneapolis que llevaba su arma estuviese ofreciendo su tiempo a aquella iglesia. ¿Cuál hubiese sido la historia de ser una Gun free zone, es decir, una zona en que se prohíbe tener armas?

Podría haberse parecido a la noticia que sí alcanzó hasta el último rincón del planeta; al menos hasta donde alcanzan los medios de comunicación. Me refiero al pavoroso tiroteo de Omaha, en que murieron ocho personas. O el de la Universidad Técnica de Virginia, en que una nueva víctima del odio segó la vida de 32 personas. Por supuesto, también a la Columbine School, masacre a cuyo recuerdo se filmó la gran película Elephant y el más conocido bodrio de Michael Moore. También al tiroteo provocado por otro sociópata en la cafetería Luby’s, en la localidad tejana de Killeen, en que perdieron la vida 23 personas. Todas esas masacres comparten la atención mundial de los medios. Pero también comparten una característica común: en todas estaba prohibido llevar armas. Eran Gun free zones. Eran áreas de desprotección pública.

Cada uno de estos atentados indiscriminados sirve a la práctica totalidad de los medios de comunicación la oportunidad de transmitir la idea de que todas estas tragedias se produjeron porque allí, en Estados Unidos, hay libertad de armas y además que si su uso se controlara estrictamente o se prohibiese tales masacres apenas tendrían lugar. Un mínimo de consideración con las víctimas debería ser suficiente como para que cada uno de nosotros nos tomáramos en serio este problema. Lo suficiente, al menos, como para no aceptar cualquier opinión sin haber reflexionado un mínimo sobre ello.

La mayoría de los muertos en tiroteos públicos se produce en las Gun free zones. La razón es muy sencilla. Por un lado los asesinos son más racionales de lo que podamos pensar en un principio, y se lo piensan antes de llevar a cabo su crimen múltiple si se les puede detener de un balazo. Incluso si tienen planeado suicidarse, no querrán morir sin cumplir antes sus planes de muerte. La segunda razón es que, cuando lo hacen, cuando descargan sus armas en un espacio en que potencialmente cualquier otra persona está armada, siempre hay alguien que le detiene, dando fin a la suma de cadáveres.

Suzanna Gratia Hupp lo sabe muy bien. Aquél 16 de octubre de 1991 en que estaba con sus padres en la cafetería Luby’s ella dejó su arma en el coche. Sabía que se dirigía a un área donde estaba prohibido llevarlas y ella no quería incumplir la ley. Cuando vio al asesino acercarse a su mesa, su padre se levantó para reducirle y salvar a su familia. Él recibió un balazo mortal, como ocurrió acto seguido a su mujer. Suzanna declaró más tarde sentirse arrepentida de haber obedecido la ley. No fue el caso de un policía que, en febrero de este año, llevaba su pistola en el Trolley Square Mall, un centro comercial de Utah. Reconoció en seguida el característico sonido de los disparos, pese a que estaba en el extremo opuesto del asesino, a tres minutos y cinco vidas de distancia. No hubo una sexta, aparte del asesino, porque este policía le alcanzó de un disparo. Dos estudiantes armados libraron a la Appalachian School of Law de ser mundialmente conocida, gracias a que detuvieron a otro asesino en masa. Con su acción limitaron el número de muertes a tres inocentes víctimas. Y eso que tuvieron que salir del edificio para coger el arma con que le detuvieron.

Habrá quienes mantengan sus posiciones más restrictivas, pese al respeto a las víctimas que se producen en las zonas libres de armas y que se podrían haber evitado de estar abierta la posibilidad de encontrarse con un buen ciudadano armado. Es evidente que lo único que logran es que los ciudadanos que siguen la ley queden sin medios para la protección, mientras que quienes están dispuestos a matar a los demás no tendrán escrúpulos, evidentemente, en saltarse tan ridícula restricción.

Pero aún pueden argumentar que, de prohibirse por completo el uso de armas, estos asesinos jamás hubiesen llevado a término sus mortíferos planes. No obstante, una mínima atención a la realidad les hará ver que quien necesita un arma para cometer un crimen la conseguirá, ya sea dentro de la ley, ya sea fuera. El tráfico de drogas está prohibido en España. ¿Quiere ello decir que no hay tráfico de drogas en nuestro país? Hay una enorme distancia entre la prohibición de un comportamiento y su erradicación, cuando éste forma parte de los planes de las personas. ¿Alguien dirá que los asesinos en público se toman a la ligera sus planes? ¿Qué una prohibición les va a hacer cambiar de idea?

Las mayorías silenciosas

por Roberto Salinas León
Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.


En una reflexión sobre ser liberal, sobre la democracia liberal, Enrique Krauze nos comparte una tesis sumamente interesante: hay, independientemente de las distorsiones en el uso (y abuso) de la palabra “liberal”, una mayoría silenciosa que practica el liberalismo (sin profesarlo) todos los días.

Estos pueden ser los participantes en un orden espontáneo de mercado, desde los mercados financieros globales hasta el tianguis local, desde el innovador tecnológico hasta el informal latinoamericano. O, podemos ser todos aquellos que, con el solo acto de hacer decisiones, de elegir una actividad sobre otra, practicamos la libertad—y, en teoría, la otra cara de la moneda de la libertad, o sea, la responsabilidad.

En los círculos intelectuales, donde impera una suprema inflamación del fatuo, es poco común, hasta vulgar, profesar una posición liberal. Es visto como admisión del mal. Sin embargo, más allá del silencio, sí vemos a (ciertas) mayorías preocupadas con asuntos tan fundamentales para el futuro de la libertad, como la libertad de expresión, como evitar que los dogmas de la iluminación nos digan qué decir, como decirlo, y en qué momento, ya sea en materia electoral, como en materia económica.

Estas voces son consistentes con el temperamento liberal—con el ensayo y error, con el derecho a decir, con la defensa de una actividad poco común en nuestra cultura, la actividad de escuchar. El liberalismo, en su versión tradicional, tiene la característica de ser una doctrina que admite, es más celebra, la pluralidad de puntos de vista contrarios a la propia tesis de la libertad.

Este temperamento defiende el dejar hacer, dejar vivir, y dejar decir. Por ello, la advertencia de Octavio Paz es fundamental: los que pretenden erigir la casa de la felicidad nos acaban condenando a la cárcel del presente. Por lo mismo, la actividad de la crítica es central para la libertad—crítica no como falso diletantismo, como profesar saber más que todos los demás, sino como una actividad constante de falseabilidad, de cuestionamiento, tanto de íconos como instituciones, sobre todo de lo que pretende la verdad para siempre.

Un heredero de estas vistas intelectuales es el periodista Carlos Alberto Montaner, quién fue galardonado por la Universidad Francisco Marroquín con un doctorado honoris causa, precisamente por su vocación de proteger la libertad de expresión. Montaner ve, en este sentido, corrientes terriblemente peligrosas en el caudillismo militar de Chávez, o el indigenismo radical de Morales, ciertamente en la tiranía del silencio que es ahora su país de origen, Cuba.

Montaner defiende la democracia liberal, en su vocación, pero también su visión, como comunicador de ideas. Quizá, visto así, la mayoría silenciosa es menos silenciosa de lo que un intelectual puede decir, o determinar. El comunicador debe incidir en estos, y en otros: empresarios jóvenes, innovadores, informales, ingenieros, amas de casa, líderes de casas universitarias, taxistas y trabajadores, deportistas, hasta los representantes de medios y de las artes cinematográficas.

El reto no es, como llegó a atacar Montaner con una serie de panfletos, hacer burla del “perfecto idiota latinoamericano”, sino, en el fondo, de hacer ver, como también lo ha hecho otro formidable intelectual público, la “idiotez de lo perfecto”.

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La idiotez

Estoy cansado, triste, acongojado.

La desfachatez de los discursos vacíos de asunciones varias, terminó por convertir mi semana de reflexión en un mar de lágrimas de impotencia.

Será conveniente tranquilizarse un poco. La justicia, como bien dicen, no va de la mano de la emoción.

Hoy si, luego de escuchar teorías conspirativas contra el “bien común” no puedo sino mas que escribir. Escribir en el estado en que esté. Como una suerte de catarsis momentánea. Para dejar en claro mi descontento.

Nunca he escuchado tantas veces seguidas –es cierto, quizás antes no prestara atención– utilizar la excusa del bien común como pilar de acción de gobierno. Mejor dicho como pilar de acción de ESTOS gobiernos. Guardo esperanzas en que en algún lugar del planeta surja la semilla que florezca hasta en estos lugares.

Y si, digo NO, a vos que me lees con el sentido totalitario del “Si No te gusta andate”.

Estudien, lean y escuchen a quienes los invitan a pensar. Dejen de aplaudir estupideces, frases hechas y dogmas que perpetúan un modelo de decadencia.

La idiotez no tiene excusa a ninguna edad. Es comprensible cuanto mas pequeño seas. Solo eso.

Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores.
Juan Domingo Perón, 1947.

Al enemigo, ni justicia.
Juan Domingo Perón, 1952.

La libertad no se vota

Me había puesto a escribir algo sobre la desfachatez chavista. Pero acabo de leer a Don Benegas y como no podía ser de otra manera resume de manera mucho mas acertada mi opinión...

La libertad no se vota. Como no se podría votar si el 50,7% puede fusilar al 49,3%. Sonaba ridículo como los “observadores” de la OEA alababan al “proceso electoral” de Venezuela y hacían los típicos comentarios huecos de la ocasión (”todo se desarrolla con tranquilidad y alegría”). Se decidía, entre otras cosas, si los venezolanos tenían derecho a educarse unos a otros, pero lo importante para estos personajes, para la CNN y para el mundo “civilizado” y embrutecido era que “todo se había desarrollado con tranquilidad” y de manera “democrática”. Votar sobre la libertad es incivilizado y más que democrático es una burla.
Según los números oficiales 50,70% de los venezolanos que votaron ayer quieren ser libres y el otro 49,30% quieren ser rebaño. El problema entre ellos es la palabra “nosotros”. El dictador podría dividir al país en dos. De un lado sus ovejas felices, esos que se uniforman y se despersonalizan por el motivo psicológico, económico o religioso que sea, para verse a si mismos como soldados de una causa contra algún mal; del otro los que no lo necesitan. El problema es que los uniformados no se uniformarían si la única oferta fuera seguir su propio proyecto colectivista. Todo “todo” necesita una parte “enferma” que alimente la sensación de que han encontrado la luz mientras que “otros” (”esos sectores”, “aquellos que…”, “los que detienen el cambio”) permanecen en la oscuridad y deben ser vencidos. Y parasitados.

La libertad no se vota. Como no se podría votar si el 50,7% puede fusilar al 49,3%. Sonaba ridículo como los “observadores” de la OEA alababan al “proceso electoral” de Venezuela y hacían los típicos comentarios huecos de la ocasión (”todo se desarrolla con tranquilidad y alegría”). Se decidía, entre otras cosas, si los venezolanos tenían derecho a educarse unos a otros, pero lo importante para estos personajes, para la CNN y para el mundo “civilizado” y embrutecido era que “todo se había desarrollado con tranquilidad” y de manera “democrática”. Votar sobre la libertad es incivilizado y más que democrático es una burla.

La oposición venezolana ganó una batalla que nunca debió darse entre el si o el no a la libertad para resolverla con la estadística. Antes las revoluciones colectivistas debían hacerse a los balazos porque nadie se dejaba conquistar voluntariamente. Es todo un síntoma que ahora vean que pueden preguntarle a un electorado si están dispuestos a convertirse en ovejas y tienen la oportunidad de obtener una respuesta afirmativa. Cuando el dictador vea que ya no puede volver a hacer una pregunta de ese estilo, si que Venezuela estará a salvo. Antes no.

La medicina en Cuba (para los cubanos)


La Unión Soviética no colapsó porque tuvo mala suerte. Llevó setenta años asumir que todo el proyecto comunista era un fracaso rotundo que no cumplía una sola de sus promesas y se sostenía, mucho más de lo que se hubiera esperado , en mentiras, propaganda y violencia.



Cuba la tenemos acá, a la vuelta de la esquina, disponible para aprender sin necesidad de padecer, pero la propaganda de los Castro junto a las valijas de Chávez siguen explotando como espectáculo circense los mitos socialistas. El problema que tienen es que hay algo que recién empieza que les va a complicar la vida y es que la gente común tiene a su disposición dispositivos como teléfonos celulares capaces de captar video y autopistas de información (término que quedó antiguo peor ideal para este caso) como Youtube para hacer conocer la realidad.

En el caso que vamos a ver del canal 41 de Miami sobre el verdadero sistema de salud de Cuba, el que reciben los cubanos y no los extranjeros que pagan en dólares del imperio, las imágenes fueron tomadas con una cámara oculta y sería difícil que las obtuviera cualquiera porque las visitas a los hospitales públicos en Cuba están prohibidas sin previa autorización, lo que implicará el armado de la experiencia de acuerdo a la “realidad dispuesta” por el régimen por llamarla de alguna manera. Algo así como lo que se hace aquí con el Indec pero un poco más eficiente.

Cuando estuve en la Isla en 2004 conocí a un anestesista que había ido a correr una Marathón y se había quedado como turista un mes. Nunca consiguió que lo autorizaran a entrar a un hospital.