La burbuja del kirchnerismo.com

La credibilidad del Gobierno se debilitó, mientras los problemas los acosan por todos lados y no atinan a enfrentarlos.

Ya en las elecciones de 2007 el kirchnerismo tuvo un caudal de votos que, considerando el despilfarro de gasto público hecho ese año, no fue tan espectacular como se suponía. En casi todos los grandes centros urbanos Cristina Fernández perdió las elecciones, compensando en las zonas rurales la sangría de votos en los centros urbanos. Luego de lo ocurrido durante cuatro meses, difícilmente el kirchnerismo logre renovar el apoyo en las zonas rurales y, seguramente, en el Gran Buenos Aires la inflación le generará una merma en el caudal electoral.

Es que, por comparación, la gente va advirtiendo que la situación económica tiende a empeorar. En el 2005 la gente comparaba las condiciones económicas con el 2002 y se sentía en el paraíso, por más que todo fuera artificial, ayudado con buenos precios internacionales para las commodities. Pero en el 2007 la comparación con el 2005 ya no era tan buena y, encima, la gente comenzaba a cansarse de la actitud agresiva del entonces presidente Kirchner. En el 2008 la comparación con el 2007 todavía es peor, dado que el discurso de Cristina Fernández tiene el mismo grado de soberbia que el de su marido pero con condiciones económicas cada vez más deterioradas, por más que el gobierno siga negando la realidad. Podríamos decir que el matrimonio, lejos de mejorar su marca en la gestión gubernamental, la empeora.

Hoy, el gobierno sufre de parálisis frente a los crecientes problemas económicos. En vez de enfrentar y solucionar el problema inflacionario, lo niega. Y cuando existe otro problema, las medidas que adopta lo agravan, como por ejemplo el del anuncio del pago al contado al Club del París por la deuda en default.

El anuncio fue hecho bajo el argumento de mostrar la voluntad de pago de Argentina frente a los crecientes temores de un nuevo default ante los vencimientos de deuda del próximo año. Sin embargo, el pago por anticipado al Club de París, lejos de eliminar esos temores, los agravó. Y la razón es muy sencilla. Los temores al default existían incluso sin considerar la deuda con el Club de París. Es decir, el mercado descontaba que no se le pagaría al Club de París y, aún así, dudaba que pudiera hacer frente a los vencimientos de capital e intereses de la deuda. La alternativa que se sugería para enfrentar los vencimientos consistía en utilizar las reservas del Banco Central (BCRA) para pagar parte de la deuda si el superávit fiscal no alcanzaba, considerando que Argentina tiene cerrado el acceso al mercado financiero voluntario. ¿Qué es lo que consiguió el gobierno con el anuncio de la semana pasada? Aumentar los temores de un nuevo default ya que al utilizarse parte de las reservas del BCRA para pagarle al Club de París quedaría poco margen para volver a utilizar reservas del BCRA para cancelar bonos el año próximo. A esto hay que agregarle que, de concretarse el pago al Club de París, el BCRA tendrá menos dólares de reservas para respaldar los pesos que hay en circulación. Dicho en otras palabras, se deteriora el patrimonio del BCRA y los pesos en circulación tienen menos respaldo en monedas fuertes. De manera que, con esta medida, no solo no se alejó el fantasma de un nuevo defualt, sino que se agravó.

Por otro lado, casi mueve a risa que el gobierno siga insistiendo en hacer el tren bala cuando los trenes urbanos funcionan cada vez peor. Es posible que hayan existido grupos organizados para incendiar y armar el lío que se armó en la línea Sarmiento, pero también es cierto que hay cierto caldo de cultivo en el funcionamiento del transporte público que hace que la gente esté malhumorada cuando tiene que viajar. La política de consumir el stock de capital para mantener artificialmente bajas las tarifas empieza a hacer agua.

Lo concreto es que hoy el humor de la gente es muy diferente al que había en el 2007 y mucho peor que el que había en el 2005, con el agravante que el gobierno parece no advertirlo o, si lo advierte, se hace el distraído y recurre al desgastado argumento de las conspiraciones. En este caso, la pésima maniobra del gobierno con el resultado exactamente inverso al buscado, fue denunciar a los fondos especulativos por el aumento del riesgo país, cuando cualquier mente medianamente lógica podía advertir que cancelar la deuda con el Club de París en la forma en que se pretende hacerlo, no implica comprar un seguro contra el default y, mucho menos, creer que ahora sí va a haber una avalancha de inversiones en la Argentina gracias a que las empresas podrán tener acceso a créditos blandos en el exterior. Los créditos blandos no van a aparecer y, además, ¿quién se va a animar a invertir en un país con reglas de juego tan arbitrarias e imprevisibles? ¿Cómo va a haber inversiones si con la inflación que tenemos no hay posibilidad de estimar costos y precios para definir un flujo de fondos a los efectos de decidir si conviene o no hacer la inversión?

El kirchnerismo me hace acordar a las famosas punto com de los ’90. Recordará el lector que en esos años cualquier página web podía llegar a cotizarse en millones de dólares sin tener flujos de ingresos que justificaran semejantes valuaciones. Las proyecciones que se formulaban sobre los ingresos futuros de las punto com eran totalmente infundadas. Se vendía humo. Alguien inventaba una punto com para vender pizzas por Internet y, con cálculos propios del actual INDEC, se proyectaban ventas y utilidades de ficción que se traducía en valuaciones exóticas. Hasta que la burbuja de las punto com explotó y la irrealidad de las valuaciones quedaron en evidencia. Ya nadie creía en las punto com. Nadie apostaba un peso a los proyectos basados en números artificiales. Ahora había que demostrar, como en cualquier negocio, que los flujos de ingresos y egresos tenían algún grado de probabilidad de ocurrir. Para que el inversor creyera había que ser muy convincente en el proyecto.

Con el gobierno de los Kirchner pasa lo mismo. Podríamos llamarlo un kirchnerismo.com, porque un año atrás parecía que el matrimonio podía cometer cualquier disparate en el gobierno que igual iban a tener una alta evaluación de la sociedad y todos iban a aplaudir indefinidamente los dislates que cometían. Pero la burbuja del kirchnerismo.com parece haber explotado. La credibilidad del gobierno se ha debilitado enormemente mientras que los problemas los acosan por todos lados y no atinan a enfrentarlos. Y cuando los enfrentan es para empeorarlos con las medidas que toman.

La realidad se está encargando de demostrar que la eterna bonanza de la política kirchnerista fue una bonanza virtual. La inflación, la rápida desaceleración de la actividad económica, la disminución de los márgenes de utilidad de las empresas, el deterioro de los salarios reales, la extinción del eufemismo del tipo de cambio competitivo y el deterioro de la caja que permitía disciplinar a gobernadores e intendentes muestran la burbuja que fue el kirchnerismo.com. De ahora en más, al igual que las famosas punto com, el gobierno tendrá que hacer las cosas en serio si es que no quiere terminar como ellas en los 90. Deberá adoptar políticas consistentes y creíbles, dado que la gente parece haberse cansado de seguir comprando bonanzas virtuales propias de las punto com.

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Dos realidades y un solo final

Mientras el Gobierno vive en su propio mundo paralelo y la sociedad enfrenta una cotidianeidad Justificar a ambos ladostotalmente diferente, los problemas se agudizan.

Para el Gobierno, la situación económica marcha muy bien y solo existen algunos problemas menores derivados del crecimiento, por lo tanto, el modelo no requiere de cambios sino de una profundización.

Para el común de los mortales que no viven en una burbuja y enfrentan la economía de todos los días, se encuentran con que cada vez le alcanza menos la plata para llegar a fin de mes, mientras que los empresarios de la mayoría de los sectores no saben para dónde ir. Están paralizados frente a la incertidumbre que viven cuando no entrando en pánico ante los nubarrones que ven en el horizonte.

El contraste es muy claro. Mientras el INDEC anuncia fuertes aumentos en la actividad de la construcción, una tradicional jornada sobre la actividad inmobiliaria tuvo que ser suspendida por falta de horizonte en el negocio inmobiliario y de la construcción. Bajo el actual contexto inflacionario, nadie puede estimar cuáles serán los costos finales de una obra y con qué situación se encontrará dentro de 18 meses cuando la finalice. El resultado es que se paralizan los proyectos.

Pero el Gobierno dice que no hay inflación. La cuenta es muy sencilla para advertir que los números del INDEC nada tienen que ver con la realidad. Tomemos la recaudación del IVA bruto, es decir sin reintegros. En el primer semestre de este año la recaudación del IVA aumentó el 37,5% respecto al primer semestre del año pasado. Como se sabe, el IVA es el impuesto al valor agregado. Ahora bien, también sabemos que el PIB es el valor agregado en la economía dentro de un año. En consecuencia, la recaudación del IVA tendría que evolucionar en forma similar al PIB si no hubiese inflación y la tasa de evasión no se modifica.

El EMAE (Estimador Mensual de la Actividad Económica) es un índice que elabora el INDEC y anticipa la evolución del PIB. Según nos cuenta el INDEC, en el primer semestre de este año el EMAE aumentó el 8,1% respecto al primer semestre del año pasado. En otras palabras, el valor agregado aumentó en ese porcentaje. Aún considerando lo inflado del dato del EMAE, surge una pregunta muy elemental: ¿cómo se explica el aumento del IVA del 37,5% contra un aumento del valor agregado del 8,1% que informa el INDEC? Respuesta: salvo que uno crea que la AFIP ha logrado un extraordinario combate contra la evasión, la diferencia es pura inflación. En otras palabras, cómo mínimo estamos en presencia de una inflación anual cercana al 27%, y si le agregamos un par de puntitos más por el dibujo del INDEC en el EMAE, estamos cerca del 30% anual. Estas tasas de inflación son bastantes consistentes con la expansión monetaria anual que venía llevando a cabo el BCRA: 26% en el 2007 y 21% en el promedio de los primeros 6 meses de este año (se redujo gracias a la fuga de capitales, confirmando mi teoría de que este modelo cierra con fuga de capitales). Teniendo en cuenta la caída en la demanda de moneda ante las expectativas inflacionarias crecientes de la población (la gente se desprende más rápido de los pesos antes que los precios vuelvan a subir), no nos alejamos mucho de una tasa de inflación real que puede oscilar entre el 25 y el 30 por ciento anual.

Si todos, salvo el Gobierno, estamos de acuerdo en que la tasa de inflación verdadera es sustancialmente mayor a la que informa el INDEC, no es cierta la afirmación del Ministro del Interior, Florencio Randazzo, de que el Gobierno está cumpliendo con todos sus compromisos económicos. La realidad es que no están cumpliendo porque es un secreto a voces que el dibujado IPC no es otra cosa que el incumplimiento de la deuda ajustada por CER y que si el IPC reflejara la verdadera inflación, la deuda ya le hubiese estallado en la cara al Gobierno, de la misma forma que la tasas de pobreza e indigencia estarían demostrando que el modelo de inclusión social que pregona el Gobierno ha sido un manifiesto fracaso.

A diferencia de lo que sostiene Randazzo, la economía está haciendo agua por todos lados y, encima, el Gobierno tiene problemas políticos por todos lados. A las valijas de Antonini Wilson se le suma, ahora, los aportes a la campaña del Frente Para la Victoria de personas ligadas al narcotráfico y una más que dudosa propuesta de privatización de Aerolíneas Argentinas. Como se ve, el gobierno de Cristina Fernández parece tener una incontenible inclinación por meterse en problemas políticos. Empezó su mandato con las valijas bolivarianas. Siguió con una larga pelea con el campo de la cual terminó derrotada en toda la línea de batalla. Se calmó el tema del campo y surge la cuestión de Aerolíneas Argentinas. Y no termina de resolverse este problema que aparece la cuestión del dinero del narcotráfico y la campaña electoral. Realmente un programa de gobierno un tanto insólito.

Mientras tanto, nos quieren hacer creer que todo anda de maravillas mediante conferencias de prensa armadas para no decir nada y declaraciones de ministros que no se les mueve un pelo al momento de describir una realidad que solo existe en la mente del matrimonio gobernante y sus escasos subordinados.

El Gobierno va rumbo a la tormenta perfecta. Por un lado sigue paralizado frente a los crecientes problemas económicos y, por el otro, le van saltando casos de corrupción como el de las valijas y el del dinero del narcotráfico en el financiamiento de las elecciones, mientras el campo entra de nuevo en ebullición.

Una vez más tengo que insistir. O se compraron el mundo de fantasía que nos quieren vender o están haciendo todo lo posible para victimizarse y evitar hacerse cargo del descalabro que se avecina.

En síntesis, tenemos dos realidades, la del Gobierno y la que vivimos cada uno de nosotros todos los días. Pero, frente a esas dos realidades, aparece como cierto un solo final.

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Lo que tus hijos deben saber

Una buena forma de contrarrestar algo de la acción de la gran Matrix de la educación controlada por el estado y basada en la glorificación de los gobiernos. Etica social elemental que no conocen egresados universitarios en la Argentina.



La Filosofia de la Libertad (Spanish)
by Sidewinder77


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¡¡¡Con el iceberg en la nariz y no lo ven!!!

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El Gobierno continúa negando la realidad y sigue empeñado en buscar a quienes culpar de los desastres que ellos hacen.

Supongamos que hay solamente dos bienes en el mercado y que el stock de moneda total es de $ 100. Supongamos que cada bien tiene un precio de $ 50 y que uno de los oferentes decide elevar el precio de su producto a $ 60. Pregunta elemental: ¿cómo se hace para que con solo $ 100 en circulación la gente pueda comprar un producto a $ 50 y el otro a $ 60? O, dicho de otra manera, si solamente hay un stock de moneda en el mercado de $ 100, ¿mediante qué mecanismo mágico podrían hacerse transacciones por un total de $ 110? Ésta es la pregunta que debería formularse el ministro del Interior cuando afirma que la responsabilidad de la inflación es compartida entre el Estado y los empresarios que suben los precios.

La lógica más elemental indica que si la gente compra el producto a $ 60 el otro bien tendrá que bajar a $ 40, siempre que el stock de moneda se mantenga constante. Es lo que en economía se conoce como cambio en los precios relativos. Solamente podrá comprarse un bien a $ 60 y el otro a $ 50 si el Estado sostiene esos mayores precios con más dinero en circulación.

Si bien el tema es más complejo de lo planteado en el párrafo anterior, lo cierto es que es imposible que todos los precios suban al mismo tiempo si el Banco Central no convalida esos mayores precios emitiendo moneda. Y es justamente esto lo que ha estado ocurriendo en la economía argentina, porque cuando el ministro se queja de la inflación, está dejando de lado un problema fundamental, esto es la política monetaria expansiva que ha venido aplicando el Banco Central a lo largo de todos estos años para sostener artificialmente alto el tipo de cambio ante la ausencia de un superávit fiscal suficiente como sostener, con recursos genuinos, el dólar alto.

El haber cerrado la economía mediante un tipo de cambio artificialmente alto, que ya no lo es, mientras expandía moneda, el impacto inflacionario fue creciendo en forma exponencial porque toda la moneda adicional volcada al mercado impactó sobre los bienes producidos localmente. Dicho en otras palabras, el mercado se encontró con una masa adicional de dinero sin que la oferta de bienes creciera en la misma proporción, ni por más importaciones ni por más inversiones. Cerrada la economía, el ritmo de aumento de la emisión siempre fue superior al ritmo de aumento de la oferta de bienes que podía ofrecer la economía doméstica con el stock de capital existente y, por lo tanto, los precios fueron aumentando. De este modelo no podía esperarse otra cosa que el resultado que tenemos actualmente, porque a la reducción artificial de la oferta de bienes cerrando la economía se le agregó una fenomenal expansión monetaria.

Pero como durante más de 5 años el tipo de cambio nominal quedó clavado en los 3 pesos, y los precios internos siguieron subiendo, resulta que hoy la Argentina es cada vez más cara en dólares con lo cual las importaciones comienzan a aumentar aceleradamente, deteriorándose el saldo positivo del balance comercial del que tanto se ha vanagloriado el gobierno en su defensa del modelo de sustitución de importaciones. Modelo que, por cierto, luce bastante ridículo en la actualidad.

En efecto, si bien cuando fue formulado el famoso deterioro de los términos del intercambio, según el cual nuestros productos valían cada vez menos y lo que importábamos valía cada vez más, era defectuoso en su razonamiento, hoy los famosos términos del intercambio juegan claramente a favor de Argentina. Los bienes primarios suben de precio en el mercado internacional y los bienes que importamos bajan de precio y, además, mejoran en su calidad. Por ejemplo, una simple computadora tiene mucha más velocidad de procesamiento de los datos y capacidad de almacenamiento que una computadora de 3 años atrás, mientras que el precio es más bajo o igual. Con esto quiero decir que con una tonelada de trigo o de soja se puede comprar más computadoras, que son más veloces y de mayor capacidad de almacenamiento de información.

Esta situación, que debería ser motivo de festejo para los argentinos, resulta que es un drama para el gobierno. El oficialismo, anclado en la incorrecta y vieja teoría del deterioro de los términos del intercambio, sigue viendo la mejora de los ingresos como un problema y no como una bendición. Es como si los árabes se agarraran la cabeza y pensaran que se van a fundir porque sube el precio del petróleo. Tan contradictorio como esto es el modelo productivo.

Volviendo al tema de la inflación, el problema de fondo es que durante todos estos años el gobierno aplicó el impuesto inflacionario para sostener artificialmente alto el tipo de cambio. Como el tipo de cambio real se licuó, ahora tiene el problema de la inflación más un tipo de cambio real en niveles cercanos a los que regían durante la convertibilidad. Pero sumado a esto, tiene atrasado una serie de precios como energía, comunicaciones, gas, combustibles, etc. junto a otros bienes, más un stock de capital que ha variado muy poco por ausencia de inversiones.

La caída del tipo de cambio real, o el aumento de los precios internos medidos en dólares, lleva a que el modelo ajuste por más importaciones. ¿En qué situación se encontrarán las empresas locales de ahora en más? Por un lado, tendrán menos rentabilidad por el techo de los controles de precios y un piso que sube por el incremento de los costos internos. Paralelamente, tendrán una menor porción del mercado interno dado que, al bajar el tipo de cambio real, tendrán que competir con más bienes importados. Menos rentabilidad y menor cantidad vendida al mercado interno es lo que tienen que esperar. Es fácil imaginar que el modelo ajustará por el nivel de ocupación. Con lo cual, el famoso modelo con inclusión social se convertirá en una resorte que despedirá gente del mercado laboral.

¿Qué más tenemos que esperar? Que el gobierno opte entre quedarse sin energía por falta de recursos para seguir subsidiándola, o ajuste las tarifas de combustibles, energía, gas y transporte público a partir de una inflación no menor al 30% anual. Es fácil imaginar la llamarada inflacionaria que veremos si los Kirchner, encerrados en su bunker, siguen negando la realidad y comprando como ciertos los fantasiosos datos de Moreno. Hacer un ajuste de las tarifas mencionadas sobre un piso inflacionario del 30% debería disparar el tipo de cambio por fuga de capitales o, si se prefiere, por huída del peso. Precios, dólar y salarios iniciarán una carrera en la cual, es fácil saber, que el que llegará último será el salario.

¿Cuál es el paso siguiente? Un incremento de la pobreza mayor al que tenemos (por más que el INDEK diga lo contrario) con creciente problemas sociales. Digamos que el círculo se cerraría volviendo a los problemas de inflación, desocupación, indigencia y pobreza del 2002. Como en el juego de la Oca, volveríamos al punto de partida.

Mientras el gobierno sigue utilizando la vieja fórmula de buscar culpables a los desastres que ellos hacen, paralelamente siguen negando la realidad. Tienen delante de sus propias narices el iceberg con el que van a chocar y no lo ven o no lo quieren ver.

No aceptan el aumento de la inflación. No aceptan que se acabó el modelo de dólar caro. No aceptan que hay crisis energética. No aceptan que la inversión brilla por su ausencia. No aceptan que el consumo se está cayendo. No aceptan que tienen serios problemas para pagar la deuda pública. En fin, no aceptan la realidad.

El matrimonio está igual que Hitler, movilizando ejércitos y divisiones inexistentes que les inventa Moreno, mientras los rusos están a 200 metros de la puerta del búnker.

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¿Quiere saber que pasa en Argentina?


Lea  el libro "La Rebelión de Atlas" de Ayn Rand.







Si cree en la moral y los valores...

Si piensa que es imposible que una autora norteamericana haya imaginado hacia mitad del siglo anterior una ficción que prácticamente es la caricatura de lo que Argentina está viviendo hoy...

Si quiere leer una hermosa historia de amor...

Si quiere leer un impactante tratado de filosofía...

Si piensa que todavía puede salvarse la dignidad de los verdaderos hombres de bien...

Si ama la vida, la libertad, y el derecho a ser feliz...

Si se niega a ser esclavo de los mediocres y los ladrones...



Entonces tiene que leer "La Rebelión de Atlas" de Ayn Rand y recomendarlo a todas las personas de bien.

Lilián Koper

Cualquier semejanza con la realidad...

Cuando vean que para producir necesitan obtener la aprobación de quienes no producen nada; cuando vean que el dinero fluye a quienes comercian no en bienes sino en favores; cuando vean que los hombres se hacen más ricos a través de la estafa que del trabajo, y sus leyes no lo protegen de ellos, pero los protegen a ellos de ustedes; cuando vean que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en un sacrificio personal; sabrán que su sociedad está condenada.
Ayn Rand

Pensando el post kirchnerismo

El fracaso del modelo económico y de un estilo de hacer política abre la posibilidad del advenimiento de una verdadera democracia republicana y un gobierno limitado.

Tanto el ex ministro de Economía Roberto Lavagna como algunos sectores de la izquierda están preocupados porque consideran que el estrepitoso fracaso al que nos está conduciendo el modelo kirchnerista provocaría un retorno de la derecha al gobierno y a la política económica.

Vaya uno a saber qué entienden por derecha, pero es fácil advertir que –en esa mezcla de conceptos en que suelen incurrir– identifican a la derecha con la palabra neoliberalismo, invento reciente para no decir directamente liberalismo.

Quienes así piensan consideran que la crisis del kirchnerismo es consecuencia, únicamente, del comportamiento agresivo y de la permanente confrontación del matrimonio. Olvidan o desconocen que, en realidad, el modelo económico propuesto por los Kirchner estaba inexorablemente condenado al fracaso, más tarde o más temprano. Lo que sí puede decirse es que, si bien el modelo era inconsistente en sí mismo, tanto el matrimonio como su disciplinado soldado Guillermo Moreno han conseguido acelerar y profundizar una crisis que era inevitable al agregarle a la inconsistencia del modelo ingredientes propios de la Inquisición.

¿Qué temen Lavagna y la izquierda que pueda venir luego de la caída del modelo? ¿El respeto por las instituciones republicanas y al derecho de propiedad que atraen inversiones y generan crecimiento? Porque no debe olvidarse que la gran conquista de Occidente fue el movimiento liberal que logró limitar el poder de los monarcas para que estos dejaran de abusarse de su posición para esquilmar a los contribuyentes, sometiéndolos a sus caprichos.

El movimiento liberal no sólo consiguió eliminar las arbitrariedades de los gobiernos autocráticos sino que, además, fue el principal abanderado de los derechos humanos al limitar el uso de la fuerza de los monarcas contra sus súbditos, al tiempo que fue el gran defensor de la libertad de expresión y otras libertades civiles y políticas.

De manera que si hoy se teme al liberalismo, en verdad a lo que se le tiene miedo es a que la Argentina consiga establecer una democracia republicana que, al limitar el poder del Estado, termine con las arbitrariedades y elimine la corrupción, o al menos impida que ésta no sea cobijada por la impunidad.

Viendo la velocidad de crucero a la que marcha el gobierno de los Kirchner rumbo al iceberg, el principal temor que aparece en varios sectores de la dirigencia política es el de perder los privilegios y el modelo de negocio basado en subsidios, protecciones y demás tipo de medidas intervencionistas que generan rentas extraordinarias en determinados sectores productivos a costa de los ingresos de los ciudadanos. En otros términos, el miedo al liberalismo es el miedo a la competencia, a la inversión, a la capacidad de innovación y a la ausencia de mercados cautivos. El miedo a que el Ejecutivo sea controlado por el Legislativo y la Justicia actúe en forma independiente.

Dos modelos claramente contrapuestos se presentan para el post kirchnerismo. Uno es el de la libertad, la mejora de los ingresos en base a las inversiones, la limitación del poder y el respeto a la propiedad. El otro es el de continuar con este sistema decadente que es funcional a las ambiciones de poder de amplios sectores políticos, empresariales y sindicales. Esa ambición de poder se sustenta en mercados cerrados a la competencia para tener subordinados a los empresarios. Les dan el mercado cerrado para que ellos obtengan, con bajas inversiones y escasa competitividad, altas tasas de rentabilidad. A cambio de este beneficio, están dispuestos a sacrificar parte de su rentabilidad para calmar a la población con simples limosnas.

A su vez, el poder ilimitado de los gobernantes les permite no sólo controlar a sectores empresariales, sino que, además, el mantenimiento de la pobreza es funcional a sus objetivos de poder. Cuánta mayor pobreza, mayor es la dependencia de la población para subsistir gracias a las dádivas del gobernante de turno y más votos cautivos se consiguen.

¿Qué pestes tan terribles traería el liberalismo ante el fracaso kirchnerista? Las tan terribles pestes serían que se acabarían los peajes que cobran los burócratas para aprobar un formulario para que la gente pueda trabajar, dado que se eliminarían las arbitrarias regulaciones, fuente inagotable de corrupción. Otra peste que sobrevendría con el liberalismo sería la creación de condiciones institucionales para que llegaran inversiones y se crearan más puestos de trabajo, mejor remunerados y con mejores condiciones laborales. La tercera peste que sobrevendría sería la eliminación del regresivo impuesto inflacionario. La cuarta consistiría en que los argentinos, ante la seguridad jurídica, dejarían de fugar sus capitales hacia los países desarrollados y los repatriarían para financiar nuestro propio crecimiento en vez del de EE.UU. como lo hizo Néstor cuando giró los fondos de Santa Cruz al exterior. La quinta peste sería terminar con la expoliación impositiva de los ciudadanos para mantener a una legión de ñoquis e incapaces que viven a costa de los que trabajan honestamente. La sexta consistiría en que todos los gastos del Estado serían debatidos y controlados por el Congreso de la Nación. La séptima implicaría establecer un verdadero sistema federal impositivo para que las provincias y los municipios no tengan que mendigar en Buenos Aires fondos que les pertenecen. La octava peste pasaría por integrarse al mundo para vender los productos que se producen en la Argentina, incrementando el comercio exterior para aprovechar un mercado de 6.000 millones de consumidores potenciales.

Podría seguir enumerando pestes que vendrían con la llegada del liberalismo. Sin embargo, no vale la pena, porque esas pestes no serían para los argentinos sino para los inescrupulosos políticos que se han aprovechado del poder para esquilmar a la población aumentando sus cuentas bancarias.

A raíz de la crisis del campo, mucho se ha hablado de una lucha por la dignidad y también se ha intentando poner de rodillas a todo aquel que se opusiera a ser denigrado.

El post kirchnerismo le dará a la Argentina una nueva oportunidad para salir de esta larga decadencia en la cual se denigra a los habitantes. Tendremos la oportunidad de establecer una democracia republicana, con gobierno limitado y libertad económica que no sólo terminará con la decadencia, sino que –lo que es más importante– nadie tendrá que ponerse de rodillas frente al mandamás de turno para poder trabajar en paz, por pensar diferente o para recibir alguna limosna. En síntesis, el debate será entre estar todos de pie, con dignidad y libertad, o seguir sometiéndonos a las denigrantes arbitrariedades de funcionarios inescrupulosos.

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Todavía somos un país

vía No me parece de Jose Benegas el 17/07/08

Y dale con la renta extraordinaria

Tratar de impedir que las empresas o los individuos tengan altas rentabilidades no es más que el resultado del resentimiento de aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren que el país se mantenga en la pobreza.

Si hasta ahora hemos escuchado una colección de disparates por parte de los funcionarios públicos, en los últimos días, tal vez por el grado de desesperación del Gobierno ante la empinada caída de su imagen frente a la opinión pública, la cantidad de insensateces se ha transformado en un verdadero tsunami de afirmaciones descabelladas.

La primera y más anecdótica es la del inefable Guillermo Moreno, nuestro secretario de Comercio Interior, cuando afirmó que los únicos datos creíbles y válidos sobre la inflación son los que informa el INDEC. La verdad es que esta afirmación no merece una respuesta porque ese tipo de declaraciones hay que tomarlas con humor. El recordado Fidel Pintos, en su papel de “el Chanta”, ha sido superado por la realidad.

Más hilaridad causó Néstor Kirchner cuando afirmó que ellos jamás habían agredido ni patoteado a nadie. Para el ex presidente no es patotear que sus aliados políticos hayan ido a la Quinta de Olivos a patotear a mujeres indefensas ni que Luis D'Elía haya ido a la Plaza de Mayo a repartir trompadas a quienes se manifestaban pacíficamente contra el gobierno.

Pero dejemos de lado tanto desprecio por la verdad e intentemos ponerle algo de racionalidad a tanto desatino.

¿Qué es lo que se viene esgrimiendo como argumento para mantener la resolución 125? Básicamente lo que ellos llaman la renta extraordinaria. En rigor, el oficialismo confunde precio extraordinario con renta extraordinaria, porque que el precio de la soja haya subido tanto no quiere decir que los costos de producción no hayan aumentado en forma sideral. Pero de todas maneras supongamos que hoy el sector agropecuario tiene una renta más alta en la soja por el incremento del precio. La famosa renta extraordinaria que, según el gobierno, hay que confiscar impositivamente para redistribuirla es el argumento central.

En primer lugar, ¿cuál es el problema de que haya una renta extraordinaria? A modo de referencia es bueno recordar que luego de la crisis del 2002 la renta en la construcción aumentó notablemente. Los negocios que se hacían eran similares a los de los pool de siembra. El desarrollador elegía un terreno, el arquitecto ponía el proyecto y cobraba con metros cubiertos y se armaba una “vaquita” con inversores para financiar la obra para luego vender. Las tasas rentabilidad fueron tan altas que se fueron incorporando nuevos inversores hasta que la mayor oferta hizo bajar la rentabilidad y tendió a igualarse con el resto de los sectores productivos. Era un negocio con una tasa de rentabilidad del 75% en un ciclo de 24 meses.

Lo mismo ocurrió con las famosas compras de electrodomésticos que se promocionaban a 24 cuotas fijas sin intereses. La realidad era que había altísimos intereses dentro del precio al punto que si uno quería comprar al contado no había un descuento significativo. Lo que se vendían no eran televisores, sino cuotas.

Ni en el caso de la construcción ni el de los electrodomésticos ningún funcionario público hizo un escándalo y el mercado se fue acomodando solo.

¿Por qué tanto barullo, entonces, con el tema de la soja? ¿Por qué no dejar que, si hay una renta extraordinaria, la mayor oferta, producto de un incremento de la inversión, haga bajar la renta extraordinaria o bien, la menor inversión en otros sectores, reduzca la oferta, eleve el precio, incremente la rentabilidad y atraiga inversiones? ¿Por qué no funcionó este mecanismo tan natural? Porque fue el gobierno el que, con su lógica económica tan primitiva, entendió que la ganadería, la lechería y el trigo también tenían rentas extraordinarias y adoptó medidas que las destruyeron. Los controles de precios, los cupos y prohibiciones de exportación arruinaron a esos sectores y se volcaron a la soja. Y ahora, empecinados con la resolución 125, van a arruinar el negocio de la soja.

Otro dato relevante es el énfasis con que los diputados y senadores oficialistas decían que había que castigar con toda la fuera posible la renta de los grandes productores, como si estos fueran el mismo demonio. ¿Qué tiene de malo que haya grandes empresas que tengan rentabilidad? Esta actitud refleja la típica postura resentida de aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren un país chico.

Una vez más es necesario insistir en que no hace falta que intervenga ningún burócrata iluminado para orientar la asignación de los recursos productivos. Si un sector tiene más rentabilidad que otros lo que va a ocurrir es que atraerá inversiones (como la construcción y la venta de electrodomésticos) hasta que el incremento de la oferta haga bajar los precios y la renta. Gracias a este mecanismo es como crecen y se desarrollan los países. Crecen a partir de las inversiones que buscan rentas extraordinarias. Lamentablemente el gobierno quiere poca renta y escasas inversiones, con lo cual, crea las condiciones para que la pobreza se perpetúe y Argentina sea cada vez más subdesarrollada.

Otra de las afirmaciones que también fue alucinante fue cuando sostuvieron que las retenciones no eran un impuesto, sino una herramienta de política económica. ¿Desde cuándo la apropiación del ingreso o del patrimonio de las personas por parte del Estado para financiar el gasto público no es un impuesto? En rigor, dada la magnitud del impuesto establecido en la resolución 125 bien podría calificarse este tributo como una expoliación lisa y llana.

La realidad es que todo impuesto, al ser pagado en forma compulsiva, tiene efectos macroeconómicos y puede ser más o menos distorsivo, pero siempre un impuesto distorsiona la economía. Si se aplica el IVA se castiga el consumo. Si se aplica ganancias se atenta contra la inversión. Si se aplica el impuesto al cheque se atenta contra la bancarizacion de la economía y se estimula el mercado negro. Lo que uno puede intentar es buscar los impuestos menos nocivos para el crecimiento económico, pero cualquier impuesto que se elija va a afectar la asignación de recursos o la distribución de los ingresos.

El problema que tenemos en Argentina es que el gobierno pretende que el sistema impositivo cumpla tres funciones simultáneamente: a) generar recursos para financiar el gasto, b) redistribuya ingresos y c) reasigne recursos productivos. En rigor, mi visión es que el gobierno solo quiere cobrar impuestos buscando recaudar más para hacer caja que es lo que le dio poder hasta ahora. Y aún así, ese poder, se ha diluído.

En el caso particular de la resolución 125 se esgrime el argumento de la distribución de ingresos y de la reasignación de los recursos productivos. Y esto se hace para argumentar que es una herramienta de política económica y no impositiva con el objeto de no tener que pasar por el Congreso (cosa que finalmente tuvieron que hacer) para apropiarse de los ingresos de los productores. El aumento de las retenciones no tiene por objetivo ni defender la mesa de los argentinos, ni estimular la producción de carne, lácteos o trigo y mucho menos redistribuir esos recursos para destinarlos a la educación o la salud. El objetivo, claramente, es tratar de recomponer la caja del sector público devastada por tantos subsidios y endeudamiento.

Pero, claro, el gobierno presentó otro argumento porque si hubiese dicho la verdad hubiera reconocido el fracaso de su política económica y la emergencia en la que nos ha sumergido 5 años de primitivismo económico. Detrás tantas declamaciones de contenido “social” no se esconde otra cosa que la necesidad de más caja para tratar de sostener subsidios y e intentar seguir subordinando a gobernadores e intendentes para continuar construyendo poder vía la “compra” de adhesiones.

El modelo exige de creciente gasto público en subsidios porque endógenamente así funciona. Como se ataca sistemáticamente la producción para abaratar artificialmente los bienes y servicios, la única manera de mantener algún grado de abastecimiento en la sociedad es repartiendo subsidios. Y esto lleva a más gasto y más presiones impositivas.

Hoy el gobierno tiene dos rebeliones fiscales simultáneas: a) la del campo y b) la de la gente contra el impuesto inflacionario. Ha conseguido ponerse al grueso de la población en su contra, al punto que no logra armar un acto sino es con el apoyo de los piqueteros comandados por Luis D’Elía y otros que movilizan a la gente como ganado.

El gobierno ha quedado políticamente aislado y tambaleando por su voracidad fiscal. Y, encima, ha congelado repentinamente la economía. Desbordado por la recesión, la inflación y la rebelión del campo ante la confiscación ha conseguido reeditar lo que ocurrió en infinidad de casos en la historia de la humanidad. La gente se cansa de tanta arbitrariedad, mentira y expoliación y, como sucedió en infinidad de oportunidades, el monarca ve que ya no subyuga ni atemoriza a nadie.

El monarca ha perdido el poder por atacar la renta extraordinaria.
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Más que dos plazas, dos países muy diferentes

Por Carlos Pagni
De la Redacción de LA NACION

Néstor Kirchner insistió en que la ciudadanía debe movilizarse para defender la democracia. Tal vez haya que hacerlo en un país cuyo gobierno estimula la acción directa, controla fuerzas de choque, interviene las comunicaciones privadas y administra fondos públicos o designa funcionarios desde oficinas particulares.

Sin embargo, en el PJ, donde sobran los doctores en movilizaciones, atribuyen a Kirchner otras intenciones. Sospechan que quiere para el oficialismo la mitad de la prensa que tendrá el campo con su concentración en el Monumento de los Españoles. Para lograrlo, también hizo colapsar el mercado del transporte. Los duhaldistas que buscaban colectivos para llevar gente hasta Palermo entraron en emergencia anteanoche: en el área metropolitana no quedaban disponibles más de 200.

A pesar de lo rudimentaria, la escena estará llena de significado. Al movilizar a sus huestes, Kirchner dramatizará de manera muy expresiva una de las encrucijadas que se le ofrecen al país en este momento histórico. Las dos ?plazas? acaso representen a dos Argentinas posibles.

La interminable crisis iniciada en marzo liberó un inmenso caudal de información sobre esa revolución en cámara lenta que se viene dando en el sector agropecuario desde hace 15 años. Con la excusa de la rebelión fiscal, quedó expuesto un fenómeno casi desconocido para la opinión pública: el desarrollo espectacular de una actividad económica a partir de la incorporación de biotecnología, la experimentación de otras formas de trabajo de la tierra y la adopción de un nuevo modelo de administración. La polémica por las retenciones divulgó las características del "nuevo campo", un entramado social y productivo que constituye la principal valencia de conexión entre el país y la economía global.

Kirchner decidió enfrentar a quienes expresan ese fenómeno movilizando a una clientela reclutada en los barrios postergados del Gran Buenos Aires. Esa población, de cuyas necesidades se sirve la política desde hace décadas, es la víctima de un curso de acción fallido: el proceso de industrialización asistida en el que ingresó la Argentina hace 70 años, cuando decidió desacoplarse de la economía internacional para explorar una "vía nacional al desarrollo".

El experimento fue la respuesta a la crisis surgida a partir de 1929 en el seno de otra globalización, la que protagonizó el imperio británico, durante la cual la Argentina conoció siete décadas de progreso. El derrumbe de los años 30 la encontró entre las 10 naciones más ricas de la Tierra.

Frente a aquel colapso, la economía se replegó sobre el mercado interno, con una industrialización sustitutiva y Estado-céntrica. La mano de obra migró hacia las grandes ciudades, en una peregrinación que explica el surgimiento del peronismo. El horizonte intelectual de esta mutación fue la oposición entre la industria, con la que ahora se identificaba la modernidad, y el campo, asiento de una oligarquía rentista. Una caricatura criolla del pasaje del orden feudal al orden burgués.

Los Kirchner le hablan al campo desde el corazón de ese modelo, con un discurso cuya debilidad radica en su anacronismo. La pretensión de "defender la mesa de los argentinos" mediante el castigo a las exportaciones agrarias y la destrucción de los contratos del comercio internacional hace juego con la ilusión de que los servicios públicos mejorarán no cuando se eleve la calidad de los controles, sino cuando se sustituya al inversor extranjero por una "burguesía nacional" nacida de la intervención del Estado.

La semana pasada hubo dos ejercicios de esta forma de pensar: la misma administración que aspira a reemplazar en Aerolíneas a un par de empresarios españoles (muy polémicos hasta en su propio país) por un amigo del poder volvió a degradar un organismo como el ENRE, donde se designó director al ex diputado Eduardo Camaño, de ignotos antecedentes energéticos.

* * *

El aislacionismo que se manifiesta en estas decisiones supone una visión de la economía y de las relaciones internacionales para la cual todavía es posible, en un mundo cada vez más integrado, eso que Hugo Chávez denominó, al defender la estatización de Sidor, "el desarrollo endógeno".

Con este bagaje conceptual, es imposible comprender la evolución del campo. Porque el negocio agropecuario exhibe en la Argentina, desde hace 15 años, tres rasgos típicos de la economía globalizada: se basa en la incorporación de conocimiento, se organiza en red y está referido al mercado mundial.

El valor de la soja transgénica, adoptada por la Argentina en 1994, deviene de que ese "yuyo" incorporó los hallazgos que alcanzó la biotecnología en su búsqueda de nuevas proteínas para la satisfacción de un mercado de consumidores de alimentos. El salto en la productividad se completó con un método que permite cultivar la tierra sin removerla: la siembra directa.

También cambió el paradigma administrativo. La producción basada en unidades integradas, como la chacra o la estancia, ahora se sostiene en una red de contratistas. Este modelo de negocio desligó la riqueza de la posesión de la tierra.

El tercer aspecto que explica la revolución agraria en la Argentina es la integración al capitalismo global de grandes poblaciones con un consumo de proteínas retrasado. Mientras Europa consume al año 130 kilos por persona, China consume 22; India, 11, y el mundo, en promedio, 30.

Estos factores impulsaron a la Argentina de los últimos 10 años a expandir un 56% la superficie cultivada, quintuplicar la producción sojera y mejorar el rendimiento en un 80%. Otra vez el país encontró en el agro una inserción exitosa en la nueva globalización. La protagoniza una "burguesía nacional" irreconocible: no depende del Estado.

El capitalismo globalizado, con su nueva generación de desajustes, obliga a la dirigencia de todos los países a un esfuerzo de reeducación. Los Kirchner parecen resistirse. Han encarado la agenda agropecuaria inspirándose en una demonización del sector que servía, como dispositivo simbólico, al proceso de industrialización sustitutiva de hace 70 años. Pero esa experiencia se frustró. Lo revelan los niveles de ineficiencia de muchas industrias y, sobre todo, la degradación de la periferia de las grandes ciudades, donde reinan la pobreza, la desocupación, el crimen, la droga y la corrupción política.

Esa visión arcaica se proyecta sobre la política tributaria. Sin considerar las retenciones que se discutirán pasado mañana en el Senado, el fisco argentino aplica sobre la actividad rural una presión del 23% (como porcentaje del PBI agropecuario), muy superior al 2,76% de Brasil o al 6,90% de Uruguay.

Las retenciones móviles profundizan este cuadro. Son una condición de posibilidad casi inevitable para el proyecto de poder de los Kirchner, que redujo su base electoral a los segmentos más sumergidos de la sociedad: los que viven en el conurbano bonaerense. Son las víctimas de aquel fracaso y serán movilizadas mañana, para enfrentar al campo, en una metáfora perfecta.

Escuchando al maestro

Otro gran triunfo parasitario...

Los siguientes son los soretes que no sólo viven de lo ajeno, sino que son tan Korruptos que se tienen que someter al saqueo.

A favor del proyecto:

Bloque Frente para la Victoria - PJ

María Julia Acosta
Walter Alfredo Agosto
Hilda Clelia Aguirre De Soria
German Enrique Alfaro
Octavio Argüello
Julio Esteban Arriaga
Nora Esther Bedano
Claudia Alicia Bernazza,
Ana Berraute
Rosana Andrea Bertone
Marcela Alejandra Bianchi Silvestre
Lía Fabiola Bianco
Gloria Bidegain
Mariel Calchaquí
Nelio Higinio Calza
Susana Mercedes Canela
Alberto Cantero Gutierrez
Remo Gerardo Carlotto
María Araceli Carmona
Graciela María Caselles
Jorge Alberto Cejas
Nora Noemí César,
Rosa Laudelina Chiquichano
Luis Francisco Jorge Cigogna
Diana Beatriz Conti
José Manuel Córdoba
Stella Maris Córdoba
Jorge Edmundo Coscia
Ariel Dalla Fontana
Viviana Damilano Grivarello
Alfredo Dato
María Graciela de la Rosa
Edgardo Depetris
Juliana di Tullio
José María Díaz Bancalari
Juan Carlos Díaz Roig
Susana Díaz
Miguel Dante Dovena
Patricia Fadel
Luis María Fernández Basualdo
Marcelo Fernández
Margarita Ferra de Bartol
Paulina Fiol
Eduardo Galantini
Eva García de Moreno
María Teresa García
Amanda Genem
Graciela Giannettasio
Juan Carlos Gioja
Ruperto Godoy
Juan Dante González
Juan Carlos Dante Gullo
Graciela Gutiérrez
Alberto Herrera
Griselda Herrera
Luis Iblarregui
Juan Manuel Irrazabal
Miguen Angel Iturrieta
Beatriz Korenfeld
Carlos Kunkel
Jorge Landau
María Laura Leguizamón
María Beatriz Lenz
Stella Maris Leverberg
Edith Llanos
Timoteo Llera
Ernesto López
Rafael López
Gustavo Marconato
Mario Humberto Martiarena
Oscar Massei
María Carolina Moises
Antonio Morante
Manuel Morejon
Carlos Moreno
Claudio Morgado
Mabel Muller
Jorge Obeid
Juan Mario Pais
Alberto Paredes Urquiza
Ariel Pasini
Guillermo Pereyra
Hugo Perie
Julia Argentina Perie
Héctor Porto
Adriana Puiggros
Héctor Recalde
Jesús Rejal
María del Carmen Rico
Evaristo Rodríguez
Beatriz Rojkes de Alperrovich
Carmen Roman
Agustín Rossi
Alejandro Rossi
Cipriana Rossi
Ramón Ruiz
Juan Arturo Salim
Osvaldo Salud
Mario Armando Santander
Rubén Sciutto
Adela Segarra
Juan Carlos Sluga
Carlos Snopek
Raúl Solanas
Gladis Soto
Juan Héctor Sylvestre Begnis
Patricia Vaca Narvaja
Jerónimo Vargas Aignasse
José Antonio Vilariño
Mariano West

Concertación Plural
Héctor Alvaro
Hugo Cuevas
Norberto Erro
Hugo Prieto
Gustavo Serebrinsky
Silvia Vázquez

Frente Cívico y Social de Santiago del Estero
Daniel Brue,
José Herrera
Mirta Pastoriza
Jorge Pérez
Ana Luna de Marcos

Encuentro Social y Popular
Vilma Ibarra
Ariel Basteiro
Victoria Donda
Cecilia Merchán

Diálogo por Buenos Aires
Miguel Bonasso

Encuentro Popular y Social
Vilma Ibarra
Paula Merchan

Movimiento Independiente
Eduardo Lorenzo Borocoto

Dignidad Peronista
Emilio Kakubur

Amar a la humanidad

...y odiar al vecino.

Joaquín Morales Solá termina su descripción de la actitud del gobierno con el caso Betancourt con una observación de Ayn Rand: Quienes se declaran amantes de la humanidad suelen tener problemas a la hora de amar a las personas en particular.

El motivo es que lo que aman es a un ideal (que sólo puede ser sostenido en una abstracción llamada “humanidad”), que ni siquiera ellos se gastan mucho por intentar practicar, de un ser humano sin afán de lucro, es decir sin impulso vital, y desinteresado, solo preocupado por “todos y todas”. Aman todo lo que no son y a costa de una violenta, excluyente y caprichosa identificación con ese ideal, se convencen (se engañan en realidad) de que son eso que es objeto de su admiración. Para sentirse ellos “desinteresados” deben encontrar el interés en los otros y perseguirlo, tratarlo como maldad. Intentan matarlo en sus congéneres porque no pueden, ni quieren, matarlo en ellos mismos. No pueden soportarse a si mismos sin odiar a los otros con el mismo entusiasmo con el que “aman a la humanidad”.

En la lucha por esa identificación la tarea diaria es encontrar a los malos que conviertan a los idealistas por contraste en buenos. La manada de los seguidores esperan a que les señalen a quién odiar, después encontrarán los motivos. “Quienes quieran ganar el cielo, lo perderán” es un gran acierto que describe el narcisismo idealista de esta manga de hijos de puta que parecen imperturbables ante la realidad a la hora de juzgar a los demás. Esa imperturbabilidadad podría ser llamada en otro marco teórico, que no comparto, locura. Los kirchner odian a Uribe porque se opone a la versión de los acontecimientos según la cual ellos están del lado del bien. Y toda la izquierda religiosa argentina odia a Uribe porque los sacerdotes de su tribu lo han señalado y está sobreentendido que fuera de su secta buenos no hay. Ser malo es no estar con ellos. El odio es automático, la atribución de intenciones y todo tipo de defectos no necesita dato alguno. Si alguien quiere entrar en razones con esa izquierda, se equivoca. Si alguien espera ser “aceptado” por esa izquierda tendrá que someterse y tirar cascotes para el lado que ellos indiquen. Varios lo han hecho ya.

No es ideológica la cuestión. La ideología juega como explicación ad hoc de otro juego. Nada tienen que ver estos mamarrachos con sus supuestas creencias sociales y políticas de hace treinta años. Como los caníbales que querían apoderarse de las virtudes de sus víctimas buscan su bondad matando el bien que ven en otros que no están con ellos. Rompen el espejo, como la bruja mala de Blancanieves. Nunca tan cercana una metáfora a los acontecimientos reales.

Todos los dias te recuerdo

¡Gracias Bernardo!

ESCRIBIR sobre el agua Mi nombre es Bernardo Neustadt, 83 años, y 70 de periodista. Pupilo 6 años en el Colegio San Vicente de Paul de los Hermanos Maristas. Sufrí por la lejanía de mis padres. Pero el rigor de mis profesores, hizo de mí lo poco o lo mucho que soy.
Empecé en 1938 en el diario El Mundo - 13 años - y firmé por primera vez una nota en 1961, ese mismo año empecé televisión. Tiempo Nuevo entre 1989 y 1994, tuvo picos de 40 puntos. Sin travestis ni pornografía. Fui prohibido en los gobiernos de Illía, Onganía, Lanusse (3 años), Massera, Alfonsín y María Estela Martínez de Perón, en 1997, Tiempo Nuevo terminó abruptamente en el Canal 11.
Periodismo fue MISIÓN, no PROFESIÓN Argentina vivía de espaldas al mundo: quise alejarla de ese muro. Con los dirigentes FRACASÉ, con la gente no. No era contratado por los canales, ni las radios, alquilaba espacios. Logré, seguramente con causa, el rencor de casi todos los intelectuales de la “izquierda caviar”. También de los periodistas progresistas que trabajan en diarios, revistas y canales capitalistas.
Mi lucha por los teléfonos “para los pobres”, de “autos financiados” para los jóvenes “sin cama caliente”, no como los vendía Franco Macri, cobrándoles anticipados 26000 dólares en un país de inflación crónica.
Mi batalla de 30 años, para terminar la Biblioteca Nacional –está la placa- me da valor para mirarlos a la cara mientras ya tienen vergüenza de nombrar a Lenin, a Marx, o a Stalin que prometieron una felicidad permanente a la Unión Soviética que culminó en la Mafia Rusa. Destructores de imágenes. Expertos en demonización disimulados bajo el perfil de los Derechos Humanos, de los que se apoderaron.
A éstos militantes, de “UN PAÍS PARA POCOS” que nunca supieron crear riqueza, pero que saben distribuirla en sus bolsillos, quiero que se animen a leer este libro.
El país del 2007 en su día a día. Aprendimos a no callarnos nunca más. No es irritativo, sino al más puro estilo del realismo italiano.
Nos robaron la República, la Democracia se transformó en SUPERPODERES. La inseguridad en el tema más SEGURO, crearon una banda de “nuevos ricos” progresistas. A la Clase Media la esquilmaron y a los pobres le vendieron un buzón. Lo mismo un burro que un gran profesor. ¡Discépolo, te quedaste corto!

El Ministerio explica el Robo...

Ejem... Quiero decir: El ministerio justifica las retenciones.
Me mandan este PowerPoint por mail a pesar que conocen mi posicion. No creo que la persona que me lo envíe este interesada en la discusion de fondo. Pero me parecio oportuno compartir para ver la opinion de los que SI creo estan dispuestos a la accion de pensar y debatir.

La contestacion de mi amigo Pacho Ro va copiada abajo. Si quieren contestar o escribirle directo a el pasen por su blog
quetepa.blogspot.com.



Sí, muy lindo el graficado.
Ahora, si analizamos un poquito más, hay cosas un poco raras.
¿Por qué se exporta?
Digamos que si el gobierno puede hacer indiferente al productor vender afuera o adentro; ¿qué pasa que se exporta algo?
Exportan el exceso de producción en comparación con lo que requiere el mercado interno.
O sea que al menos una parte de la producción puede venderse a precios internacionales… Pero no se hace porque el gobierno se apropia de esa diferencia.
Claro que esto es para nosotros, pero igual cabe una reflexión: ¿qué podría suceder si los precios no se intentasen dirigir?
Si los precios son mayores, y cerramos los ojos a las causas principales, entonces hay que apropiarse de riqueza para mantener por un tiempo la situación.
¿Por qué por un tiempo?
Porque mientras aquí se hace esto, productores en lugares del mundo más libres reciben el fruto de su trabajo, incorporan capital a su trabajo con la esperanza de producir más, para ganar más. Eso se llama reinversión.
Esa reinversión hace que en un periodo posterior la producción crezca, lo cual implica un verdadero reparto de riqueza a quienes producen algo más: maquinaria, fertilizante, servicios al agro como ingenieros, investigación, desarrollo y por supuesto, el entorno al productor del agro.
En un período el campo de un lugar libre generó más tecnología y conocimiento, con mayor capacidad de producir alimentos. Y si la demanda sigue en aumento, micro productores entran en escena, como ya sucedió en épocas de necesidad.
Por otra parte, la causa principal de Argentina es el artificio de un dólar alto. Porque, si no hubiese la loca emisión monetaria el dólar podría llegar a ser casi un 50% más bajo, por el exceso de dólares en comparación con el peso.
En otros países que antes teníamos paridad, el dólar vale casi la mitad, por lo que sus alimentos valen menos que lo que valdrían aquí y… ¡Producen más!
En cambio, sin incentivo, mejor dicho, con castigo al exportador, se puede pensar en producir para el mercado interno, lo cual implica una reducción. Eso hará más baratos EN UN PERÍODO los productos, pero luego, la falta de interés para producir más que la demanda interna hará que NO se incorpore capital, ni investigación por ser redundante y no surgirán micro productores.
Seguimos por este camino y veremos que otros países producen más, tienen más conocimientos y tecnologías, mientras aquí se produce para un mercado interno, con la desventaja de que no existirán "compensaciones" pues las exportaciones serán menores.
Por otra parte, el productor local no generará riqueza para su entorno, sino para un gobierno que no sabe incentivar la producción. La distorsión en el mercado motivará a la gente a lugares más poblados, generando más pobreza, y más necesidades que el gobierno progresista intentará compensar quitando de otras rentas extraordinarias, hasta que todos los sectores con "renta extraordinaria" sea exprimido, y allí sí tendremos la igualdad...en la miseria.


¿Qué inventarán para zafar del desprestigio?

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Los Kirchner enfrentan serios problemas económicos y un creciente rechazo de la población a su modo de gobernar.

Durante los 5 años de mandato de Néstor Kirchner, había quedado en evidencia que el entonces presidente no toleraba la más mínima disidencia. Cualquiera que presentara una posición diferente era vilipendiado desde el atril o escrachado por los piqueteros (los mismos escraches que hoy el Jefe de Gabinete define como nazis cuando les toca a ellos). En definitiva, se sabía que Kirchner tenía tendencias autoritarias y el temor invadía a la mayoría de la gente.

Cuando Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones, algunos periodistas se esforzaron por tratar de mostrar que comenzaba una nueva era de diálogo y un cambio de política que nos incorporaría al mundo. El esfuerzo fue en vano porque a poco de asumir pudo advertirse que la esposa del ex presidente tenía las mismas actitudes autoritarias que su marido. Tanto es así que en varias oportunidades resaltó que ella tenía el 46% de los votos, como si disponer de una mayoría circunstancial le permitiera avasallar las instituciones republicanas o disponer de la propiedad y de los ingresos de la gente a su antojo cual monarca autocrático.

¿Cuál es la novedad que tenemos luego de 5 años de kirchnerismo? A mi juicio, hay dos datos relevantes. En primer lugar, ocurrió algo inédito: un sector, el agropecuario, se plantó ante las decisiones del oficialismo y se puso firme en el disenso. El “método Moreno” dejó de funcionar. Esto no entraba en los cálculos del kirchnerismo y la reacción no se hizo esperar. Había que poner de rodillas a aquellos que opinaban diferente, adoptando actitudes que fueron deteriorando cada vez más la imagen del matrimonio.

El segundo hecho que los sorprendió –y que fue el peor de todos, al menos hasta ahora– fue el apoyo que la inmensa mayoría de la población le dio al campo, junto con los cacerolazos que se extendieron a lo largo y ancho del país. Ellos saben que ese gigantesco acto de repudio al matrimonio presidencial no tiene que ver sólo con las retenciones, sino que también refleja los estragos que están haciendo la inflación y el comportamiento soberbio con que se siguen manejando tanto Néstor como Cristina.

La brutal caída en la imagen presidencial que reflejan las últimas encuestas los debe tener muy preocupados. Sin embargo, lo que más les debe preocupar es el aumento de la imagen negativa. ¿Por qué? Porque un político puede tener baja imagen positiva y, al mismo tiempo, baja imagen negativa. En ese caso dispone de margen para crecer o recuperarse. En cambio, cuando la imagen positiva es baja y alta la negativa, el personaje se encuentra en problemas, ya que la elevada imagen negativa constituye un techo para crecer o recuperar el apoyo de la población.

¿Cuál ha sido la reacción de los Kirchner frente a su creciente deterioro político? Sacar a la calle a las fuerzas de choque de los piqueteros amigos del gobierno como Luis D’Elía. Su reacción consistió en responder al descontento popular con la violencia de los piqueteros y demás fuerzas de choque, con lo cual la imagen del gobierno se deteriora aún más.

Cuando D’Elía entró a las trompadas en la Plaza de Mayo en el primer cacerolazo, quedó demostrado el grado de intolerancia con que se maneja el gobierno cuando la gente se manifiesta en su contra. Estos hechos se repitieron frente a la Quinta Presidencial y, cada vez que la gente va a la Plaza de Mayo a manifestar su disconformidad, enseguida aparece D’Elía para decir la Plaza es mía, como si pararse en la Plaza y no dejar pasar a nadie que piense diferente les diera la razón o les otorgara más apoyo popular.

Es evidente que el matrimonio debe sentirse muy afectado por el rechazo que están teniendo. Ellos saben que el acto que hicieron el miércoles de la semana pasada en la Plaza de Mayo no tuvo una concurrencia espontánea. Saben que montaron un apoyo de utilería a favor suyo, mientras que los cacerolazos y el acto de Rosario fueron espontáneos. Todos sabemos que debe ser sumamente denigrante para uno alquilar gente para que lo aplauda, mientras que nadie es pagado por golpear una cacerola. Me imagino que para cualquier persona debe ser deprimente tener que simular el apoyo. Pagar para que a uno lo aplaudan debe ser una experiencia muy desagradable porque, en el fondo, uno sabe que se siente denigrado de tener que recurrir a ese método.

La novedad, entonces, es que los Kirchner se encuentran con algo que no habían tenido que afrontar hasta el momento: un profundo desprestigio ante la sociedad con el correspondiente rechazo. Esta situación inédita los hace reaccionar con más violencia verbal. Por ejemplo, cuando D’Elía llamó a armarse para defender al gobierno de Cristina, Néstor no repudió los dichos de su amigo piquetero, sino que simplemente se limitó a decir que no estaba de acuerdo.

Hoy los Kirchner denuncian los cortes de rutas como antidemocráticos, mientras el puente con Uruguay sigue cerrado sin que el gobierno emita opinión al respecto.

Alberto Fernández denunció como actitudes nazis que los productores vayan a las casas de los legisladores a reclamar por las retenciones, pero no denunciaron como nazis el escrache que los jóvenes K le hicieron al stand de Clarín en la Feria del Libro, ni el escrache que los piqueteros le hicieron a Shell, o el escrache que la Agrupación Hijos, miembros de las Madres de Plaza de Mayo, le hicieron al juez Bisordi o la toma de una comisaría por parte de D´Elía. En definitiva, no pueden tomarse como serias y sinceras las declaraciones del jefe de Gabinete. Solo reflejan el grado de desazón con que están viviendo este momento.

La realidad es que estamos viviendo una nueva etapa en la cual los Kirchner tienen que enfrentar serios problemas económicos y un creciente rechazo de la población a su modo de gobernar. Por lo que se vio hasta ahora, este nuevo escenario los hizo más agresivos e intolerantes porque para ellos es inadmisible que la gente no se subordine a sus caprichos.

Como la situación económica ya ha entrado en un proceso de recesión, para el matrimonio presidencial los tiempos de gloria pertenecen al pasado. Políticamente están muy complicados. Y tampoco podrán recuperar la economía porque la virulencia de sus palabras y comportamientos han terminado de espantar a cualquiera que imaginara poner un peso de inversión en Argentina.

Así como están las cosas, ellos saben que en las elecciones del año que viene tienen asegurada la derrota. Si pierden la mayoría en el Congreso ya no tendrán todo el poder y ellos no están acostumbrados a gobernar de esa forma, con lo cual, el 2011 pareciera ser un horizonte lejano y poco alentador. Sólo resta saber qué inventarán para tratar de evitar que el descontento popular que hoy se manifiesta en cacerolazos se traduzca en una humillante derrota electoral.

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Fundación Atlas 1853 lo invita a ejercer su derecho constitucional de petición a los representantes

Fundación Atlas 1853 lo invita a ejercer su derecho constitucional de petición a los representantes.

Estos son los mails de los 72 Senadores de la Nación.

No importa su partido, provincia o filiación.

De ellos y de los diputados depende la continuidad de las Retenciones móviles.

Están frente a una oportunidad histórica.

Ud tiene derecho a reclamar que frenen el intento del ejecutivo de saquear al campo sin otra pretensión que la voracidad fiscal.

No es cierto ni la intención distributiva, ni “el cuidado de la mesa de los argentinos”(Si eso les preocupara de verdad, la inflación no sería del 35% anual como viene para 2008)

No tema. No caiga en la trampa del gobierno.

Ejercer el derecho a reclamar no es golpismo, es democracia.
Envíele un mail a cada uno de los senadores, hágalos reflexionar, que escuchen su voz tanto como la del poder ejecutivo, que los presionará.

Ud es la DEMOCRACIA. Ejerza su derecho.
Para que sus hijos y nietos no le pregunten, “donde estaba y qué hacía el día que se perdió la libertad”

PD: en breve Fundación Atlas acercará la dirección electrónica de cada uno de los diputados de la Nación para que Ud pueda comunicarse con ellos.

PD 2: para buscar los datos de los se
nadores http://oac.senado.gov.ar/web/senadores/senadores.php

Y de los diputados.. http://www.diputados.gov.ar/


Direcciones de mail de los 72 Senadores de la Nación

roberto.basualdo@senado.gov.ar
fabio.biancalani@senado.gov.ar
mariajose.bongiorno@senado.gov.ar
adriana.bortolozzi@senado.gov.ar
samuel.cabanchik@senado.gov.ar
eric.calcagno@senado.gov.ar
castillo@senado.gov.ar
jcolazo@senado.gov.ar
mcolombo@senado.gov.ar
ana.corradi@senado.gov.ar
elena.corregido@senado.gov.ar
maria.diaz@senado.gov.ar
escudero@senado.gov.ar
escudero@senado.gov.ar
liliana.fellner@senado.gov.ar
fernande@senado.gov.ar
daniel.filmus@senado.gov.ar
selva.forstmann@senado.gov.ar
marcelo.fuentes@senado.gov.ar
silvia.gallego@senado.gov.ar
cesar.gioja@senado.gov.ar
haide.giri@senado.gov.ar
silvia.giusti@senado.gov.ar
ruben.giustiniani@senado.gov.ar
hilda.gonzalez@senado.gov.ar
pedro.guastavino@senado.gov.ar
guinle@senado.gov.ar
ada.iturrez@senado.gov.ar
jenefes@senado.gov.ar
latorre@senado.gov.ar
horacio.lores@senado.gov.ar
ruben.marin@senado.gov.ar
juan.marino@senado.gov.ar
jose.martínez@senado.gov.ar
alfredo.martinez@senado.gov.ar
norberto.massoni@senado.gov.ar
mayans@senado.gov.ar
ada.maza@senado.gov.ar
carlos.menem@senado.gov.ar
miranda@senado.gov.ar
morales@senado.gov.ar
lnegre@senado.gov.ar
roy.nikisch@senado.gov.ar
sdora.osuna@senado.gov.ar
jose.pampuro@senado.gov.ar
nanci.parrilli@senado.gov.ar
perceval@senado.gov.ar
juan.perezalsina@senado.gov.ar
daniel.persico@senado.gov.ar
luis.petcoffnaidenoff@senado.gov.ar
pichetto@senado.gov.ar
teresita.quintela@senado.gov.ar
emilio.rached@senado.gov.ar
reuteman@senado.gov.ar
marina.riofrio@senado.gov.ar
fabian.rios@senado.gov.ar
adolfo.rodriguezsaa@senado.gov.ar
juan.romero@senado.gov.ar
carlos.rossi@senado.gov.ar
ramon.saadi@senado.gov.ar
carlos.salazar@senado.gov.ar
maria.sanchez@senado.gov.ar
ernesto.sanz@senado.gov.ar
eduardo.torres@senado.gov.ar
monica.troadello@senado.gov.ar
roberto.urquia@senado.gov.ar
arturo.vera@senado.gov.ar
pablo.verani@senado.gov.ar
luis.viana@senado.gov.ar
elida.vigo@senado.gov.ar
isabel.viudes@senado.gov.ar

Pregunta por su posicion

Nuestros representantes chubutenses deben explicarnos cual es su posicion. Mandale a los mails de abajo para que te lo digan. Si sos de otra provincia podes buscar el mail de tus representantes en:
http://www.diputados.gov.ar/

rchiquichano@diputados.gov.ar
egarciam@diputados.gov.ar
ngonzalez@diputados.gov.ar
mmorejon@diputados.gov.ar
jpais@diputados.gov.ar



Soy _ _ _ _ _ _ _ _ _ de _ _ _ _ _ _ _ _ _ . Le escribo para que me exprese y fundamente cual va a ser su posicion frente al debate que se dará por la resolucion sobre retenciones moviles que el poder ejecutivo ha enviado para su tratamiento en el recinto.

Espero su respuesta. Muchas Gracias.

Los sistemas autocráticos no dialogan, imponen

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

El conflicto con el campo sacó a la luz la necesidad de discutir no sólo una determinada política económico sino, además, las bases republicanas del país.

Antes de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de disparates que tenía que terminar de esta manera.

Es que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal por más que algunos empresarios pretendían verlo como un descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y lograr que la economía funcionara con crecientes controles e intervencionismo.

Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.

Néstor Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los empresarios para disimular la inflación mientras el BCRA seguía imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no se produce carne.

No conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para financiar estos subsidios.

Néstor Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae en picada como nunca antes se había visto.

Pero frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente. Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto sino que son una herramienta de política económica y, por lo tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.

Después de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social” es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?

El gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de “informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6% y los alimentos subieron el 0,1%.

Es curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio comercial. Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro. Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.

El discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los desabastecimientos más grandes de la historia argentina.

De aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Lo que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la defensa de una democracia republicana contra un sistema autoritario basado en el abuso del poder delegado por los ciudadanos.

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Las fallas de lectura de D'elia

Hay partes del Art. 21 que este hombre ha omitido leer. Invoca la Constitución como excusa para armarse. Quizás deba leer el articulo completo...

¿Error involuntario o apología del delito?

Art. 21.- Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria y de esta Constitución, conforme a las leyes que al efecto dicte el Congreso y a los decretos del Ejecutivo nacional. Los ciudadanos por naturalización son libres de prestar o no este servicio por el término de diez años contados desde el día en que obtengan su carta de ciudadanía.

¿El congreso no ha dictado ninguna ley no?

Por qué es verso el discurso de Cristina

vía El Lacha de Gustavo Lazzari el 10/06/08

El gobierno ya tiene en el bolsillo todo el dinero para pagar la deuda social.

Recaudación total 2003 = 79.319 millones de pesos
Recaudación total 2004 = 108.301 millones de pesos
Recaudación total 2005 = 132.024 millones de pesos
Recaudación total 2006 = 167.317 millones de pesos
Recaudación total 2007 = 221.970 millones de pesos


Incremento en la recaudación 2007-2003: 312.336 millones de pesos

Recaudación estimada por retenciones móviles: 4.300 millones de pesos
(destinado al Fondo de Redistribución Social)

Cantidad de veces que el gobierno tuvo 4.300 millones de pesos cash en la mano: 72.


Desde el 2003 hasta el 2007 el gobierno tuvo 72 veces el dinero que pretende recaudar por las retenciones móviles y no hizo ahora dice que va a hacer.

El libre mercado es la mejor política social


La elección del mejor método para promover el mayor bienestar posible al mayor número de personas implica debatir los fundamentos últimos que rigen la organización de la sociedad.

El anuncio de Cristina Kirchner de que los fondos recaudados por las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias serán destinados a planes sociales y sanitarios no modifica la cuestión de fondo, es decir, que la presión impositiva ejercida sobre la producción rural es altamente abusiva... El Gobierno no tiene derecho a cobrar semejante tasa impositiva, independientemente de los fines a los que destine los fondos. Por supuesto que los anuncios de la Presidenta estuvieron destinados a legitimar ante la ciudadanía la posición del gobierno y a presentar sus exacciones como una medida altruísta y generosa (generosa con el dinero de los demás, aclaremos).

En este conflicto entre el kirchnerismo y el campo, el gobierno menea constantemente un concepto falso: que las retenciones móviles están justificadas porque el aumento de los precios de los productos agropecuarios en los mercados mundiales otorgan a los productores una tasa de rentabilidad muy elevada. De ese modo, las retenciones móviles son un instrumento "redistributivo". Se trata de un argumento falaz pero impactante. ¿Quién no mira con simpatía la propensión a ayudar a los débiles y necesitados? Sucede, sin embargo, que esa inclinación declamada esconde los verdaderos motivos del gobierno, que anuncia la construcción de "al menos, treinta hospitales" pero, en rigor, sólo busca aumentar su disponibilidad de caja para emplearla como medio de retención del poder político. Los "treinta hospitales" son tan concretos como los 20.000 millones de dólares de inversiones chinas de hace dos años.

El anuncio de la Señora Cristina, en definitiva, es una "puesta en escena" destinada a legitimar ante la sociedad la posición del gobierno. Sucede, sin embargo, que la intención del kirchnerismo es tan notoriamente evidente que su grado de credibilidad es prácticamente nulo. Por lo tanto, más allá del "ruido" generado por el anuncio, el conflicto entre el gobierno y los ruralistas, en lo esencial, no se ha modificado. El kirchnerismo, a partir de este anuncio, desarrollará la argumentación de que los productores agropecuarios son unos sujetos codiciosos e insensibles dedicados a lucrar incesantemente a expensas de los débiles y necesitados, a quienes el gobierno se encarga de defender inclaudicablemente. "Pura cháchara", diría un recordado caudillo peronista.

Sin embargo, la jugada del gobierno le plantea a los productores ruralistas el problema de que los deja en una posición incómoda ante el conjunto de la sociedad. La idea de que se pongan en marcha políticas de redistribución de la riqueza cuenta con un amplio consenso favorable en Argentina. Se trata, por cierto, de ideas vagas, inconsistentes, meras expresiones de deseos que en casi todos los casos llevan a efectos contrarios a los que se quiere producir. Pero esas fantasías están presentes en el imaginario colectivo y, aunque técnicamente sean impracticables, ejercen influencia real y concreta en las inclinaciones populares y, por lo tanto, en los resultados electorales.

La mejor política social es, como siempre, dejar que los mercados operen libremente y sin interferencias en un marco de seguridad jurídica y solidez institucional. De ese modo, las oportunidades de rentabilidad motorizarán las inversiones, generarán fuentes de trabajo y promoverán el consumo que a su vez estimulará nuevas inversiones que irán realimentando todo el proceso económico. Eso es lo que hará que el nivel de vida de la población mejore de acuerdo con las aptitudes y aspiraciones de cada uno. No es necesaria la intervención directa del estado (salvo en algunos casos excepcionales) para promover el bienestar de la población. Por supuesto que a estas ideas se las denuesta bajo el epíteto de "neoliberalismo". No por eso, sin embargo, dejan de ser ideas acertadas, conceptualmente coherentes y de eficacia empíricamente probada.

El kirchnerismo, lamentablemente, está inspirado por ideas completamente opuestas al liberalismo. La concepción ideológica que motoriza al gobierno privilegia el intervencionismo del estado en la distribución de la riqueza por sobre la acción natural del mercado. Esas ideas han fracasado siempre, donde quiera que hayan sido puestas en práctica en cualquiera de sus infinitas variantes. Sin embargo, el gobierno insiste en ellas y encuentra ciertos ecos favorables en la población que, de ese modo, elige apoyar cursos políticos que producen resultados perjudiciales aún para aquellos que les prestaron su adhesión. La acción del kirchnerismo en este contexto tiene un nombre, que es demagogia. La acción del gobierno en relación a las retenciones a las exportaciones agropecuarias es una práctica nítidamente demagógica. La supuesta construcción de escuelas, hospitales y caminos rurales es una burda mentira destinada a engañar al pueblo para que le preste su apoyo a los designios de un gobierno que luego incumplirá todas sus promesas.

El desenlace de este conflicto entre el kirchnerismo y los productores agropecuarios es aún incierto. Ninguna de las dos partes logra prevalecer definitivamente sobre la otra y no se vislumbra que alguna de las dos vaya a lograrlo a corto plazo. El kirchnerismo, al anunciar que empleará los fondos de las retenciones móviles para construir hospitales, escuelas y caminos rurales tiró "munición gruesa" contra los ruralistas pero la posición de estos se mantiene firme porque el argumento básico en el sentido de que la presión impositiva es abusiva, sigue vigente.

El problema de fondo, en definitiva, es el siguiente: ¿cuál es el mejor método para promover el mayor bienestar posible al mayor número posible de personas? Esto involucra nada menos que un debate acerca de los fundamentos últimos que rigen la organización de la sociedad. Se trata, en esencia, de un debate ideológico. Economía de mercado o intervencionismo estatal, esa es la disyuntiva. El kirchnerismo propugna el intervencionismo del estado. El tiempo pondrá en evidencia si éste es un método eficaz. © www.economiaparatodos.com.ar

Crisis: ni imprevisible ni gratuita

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky

Aunque algunos lo nieguen o no lo quieran ver, la propia dinámica del modelo económico instaurado por el kirchnerismo incluía el germen de su autodestrucción.

A partir del conflicto con el campo, varios economistas, analistas políticos y periodistas sostienen que esta crisis es innecesaria o gratuita.

Por otro lado, algunos colegas sostienen que los fundamentos de la economía están bien y que el superávit fiscal y de cuenta corriente del balance de pagos aleja cualquier problema. Agregan, además, que si a estos datos se les suma la excelente situación internacional de los precios de los productos que exportan los argentinos, no habría razones para temer una crisis profunda.

Con todo el respeto intelectual que me merecen estas opiniones, mi visión es que esta crisis no era evitable ni gratuita, sino esperable e inevitable, y que lejos de tener fundamentos buenos en lo económico, estamos metidos en un problema de envergadura.

Veamos primero el tema del superávit fiscal. La foto indica que los ingresos siguen siendo mayores que los egresos a pesar de la fuerte suba de éstos últimos. La película no muestra la misma situación que la foto, pero aún mirando la foto solamente, no debe olvidarse que buena parte de este superávit fiscal (del cual no coincido que realmente exista como se sostiene) está basado en impuestos altamente distorsivos. Los derechos de exportación, aún sin la reforma de marzo, constituyen una parte importante de los ingresos fiscales. Por otro lado, si uno mira la película, lo que se hizo en el 2002 fue dolarizar parte de los ingresos impositivos con los derechos de exportación mientras el grueso de los gastos estaban en pesos. En ese contexto la cosa funcionaba de maravillas para el gobierno. Pero la creciente inflación para sostener alto el tipo de cambio erosionó el tipo de cambio real y este tributo ya no rinde lo que rendía antes. Por eso el impuestazo al campo. Digamos que la misma dinámica del modelo tenía el germen de la autodestrucción. Si para sostener alto el tipo de cambio tengo que cobrar el impuesto inflacionario, en algún momento el tipo de cambio real se va a deteriorar y la inflación a descontrolar.

Otro de los motivos del mencionado superávit fiscal tiene que ver con el impuesto a las ganancias. Al no permitirse el ajuste por inflación, el Estado está cobrando impuestos sobre utilidades inexistentes.

En tercer lugar, el impuesto al cheque es impresentable por dónde se lo mire porque para pagar impuestos hay que pagar el impuesto al cheque. ¡Una verdadera locura! La carga tributaria en Argentina ha llegado a niveles insospechados, y si se la ajusta por la calidad del gasto público que ofrece el Estado por los impuestos que cobra, entonces tiende a infinito. En rigor resulta difícil sostener que los números fiscales están bien siendo que el Estado cobra impuestos altísimos y no otorga casi nada a cambio de los mismos en bienes públicos como seguridad, educación, defensa, etc. Cobrar impuestos para disciplinar a gobernadores e intendentes o subsidiar precios artificiales de tarifas públicas y combustibles no es lo que yo denominaría una situación fiscal sólida. En primer lugar porque al abaratar artificialmente las tarifas de los servicios públicos, la demanda crece y la necesidad de subsidiarla aumenta, esto es, requiere de más subsidios al punto que vienen duplicándose cada año. La dinámica del esquema requiere de gasto creciente e impuestos crecientes. Insisto, no me parece sólido este esquema. En segundo lugar porque genera fuertes ineficiencias en el sistema económico afectando la productividad y la tasa de crecimiento. Curiosamente hoy el gobierno usa la misma receta que solía recomendar el FMI cuando se firmaba un stand by. La sugerencia era achicar el déficit y para ello, en vez de pedir un ajuste del gasto, el FMI se conformaba con aumentos de tarifas e impuestos. Para el FMI y los Kirchner es indiferente ajustar por el lado de los gastos o de los ingresos. Curiosa coincidencia.

En lo que hace a la cuenta corriente del balance de pago, el dato clave es el saldo de balance comercial que, por los números del primer cuatrimestre, muestra un saldo decreciente por fuerte aumento de las importaciones. Una causa es el deterioro del tipo de cambio real y la otra por las crecientes importaciones de combustibles para cubrir la crisis energética. Por el lado de las exportaciones han jugado a favor más los precios internacionales que las cantidades. De todas maneras, hace rato que se demostró que el mercantilismo, teoría que ve como buenas las exportaciones y malas las importaciones, es una filosofía basada en la creencia que el intercambio comercial creciente es negativo para las naciones. El modelo mercantilista aplicado por el kirchnerismo, bajo la nueva denominación de modelo de sustitución de importaciones, no solo es viejo sino que es ineficiente. ¿Por qué? Porque al reducir el volumen de comercio, disminuye las necesidades de inversión y, por lo tanto, limita fuertemente las posibilidades de crecimiento. Lo único que se ha conseguido desde de la devaluación hasta ahora es que se reactivara la economía vía la utilización de la capacidad instalada pero con el costo de una inflación creciente. ¿Cómo puede verse como solido a un sector externo que no se integra al mundo y que no admite ingresos de capitales porque tiraría para abajo el tipo de cambio? Si hasta Loustau dijo que si ingresaran todas las divisas de las exportaciones de soja sería un problema para el tipo de cambio competitivo, ¿cómo puede verse como sólido un sector externo que solo cierra con fuga de capitales?

Pero volviendo a la inflación, es otro de los puntos a considerar cuando se habla de que los fundamentals están bien. Con una inflación que ronda el 30% anual y expectativas inflacionarias del orden del 36% anual, se hace difícil afirmar que todo está bajo control. Si a esto se le agrega la fuerte distorsión de precios relativos (combustibles, energía, transporte públicos, etc.) es fácil imaginar el costo político que implica corregir la acumulación de distorsiones en este contexto inflacionario. La caída del ingreso real puede llegar a ser brutal, con la consiguiente recesión.

Es cierto que el conflicto con el campo ha escalado hasta niveles insospechados. Ahora bien, ¿era impensable una situación así? Considerando que el matrimonio presidencial no está capacitado para gobernar y que dedica su tiempo a revolver el pasado, a pelearse con cuanto cristiano hay por la tierra y a subordinar todo a debates de tribuna política, sin una pizca de propuestas de estadistas, no debe sorprender que la crisis del campo haya llegado hasta donde llegó. Es la lógica consecuencia de una forma de hacer política. Denunciar, inventar enemigos y conspiraciones, creer que los votos dan derecho a actuar como un autócrata y amenazar son esquemas que funcionan durante un tiempo hasta que alguien dice basta. ¿Por qué sorprenderse de que los Kirchner hayan llegado hasta dónde llegaron con el campo si no aceptan la más mínima disidencia o punto de vista diferente? Si a Scioli lo maltrataron por hablar de las tarifas de los servicios públicos. A Alarcón la echaron por oponerse a la política ganadera. A Shell dejaron que los piqueteros adictos al gobierno le tomaran una estación de servicios por aumentar el precio de los combustibles. Lavagna fue al Coloquio de Idea para que le pidieran la renuncia. Si por todos estos casos menores ya se mostraba un comportamiento intolerante y autoritario, ¿cómo no iba a pasar lo que pasó con el campo? Por eso, esta crisis con el campo no es gratuita, es la consecuencia lógica de un gobierno intolerante que no acepta que otro tenga una opinión diferente.

En síntesis, mi punto de vista es que lejos de tener fundamentos económicos sólidos, estamos arriba de un tembladeral. No debe confundirse consistencia con la existencia de recursos transitorios para financiar las inconsistencias. Tener recursos para financiarlas no significa tener una economía sólida. Solo significa postergar la resolución de los problemas y agrandarlos generando un conflicto futuro mayor.

En lo político, el gobierno ha establecido el clima de temor. Los empresarios tienen miedo de hablar, los gobernadores e intendentes tienen miedo de hablar. Muchos medios tenían miedo de hablar. La estrategia es, si hablás te vas a encontrar con los piqueteros en la puerta de tu casa, la AFIP te va a hacer una visita o te voy a denunciar públicamente desde el atril. El problema es que de golpe apareció un sector que dijo: voy a hablar y no me vas a amedrentar. Es ahí donde se produce la crisis. ¿Gratuita? No. Previsible porque algún día iba a pasar frente a tanta intolerancia y agresiones gratuitas.

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¿Qué pasa en la Argentina?

Pasa lo que dice el libro "La rebelión de Atlas"
 
De Ayn Rand

¿Donde estabas el dia que se perdio la libertad?